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Pájaro es el nombre ibérico que define un gran vuelo


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16/07/2015


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¿Qué distingue un ave de un pájaro? No es fácil de decir con seguridad, aun probable lo intuyamos. Sin embargo, nuestros antepasados lo definieron con un nombre, y ese término justo es “pájaro”. Ellos, nos indicaron la diferencia exacta, pero desconocíamos su lengua y siquiera lo pudimos sospechar. No obstante, el 14 de Julio de 2015 pude finalmente determinarlo aplicando la metodología que explica los acrónimos ibéricos. El nombre singular masculino en lengua española PÁJARO, es un sintagma verbal y significa: GRAN VOLADOR. Su origen se encuentra en un antiquísimo ACRÓNIMO IBÉRICO. 


Verán, esta locución ha permanecido inadvertida desde hace miles de años preexistente en el léxico español, y es el resultado de aglutinar dos vocablos en una frase con sujeto y predicado: La partícula pre helena e ibérica -PAJ-, que en griego más tarde se verá como παχ o παχύς y que es un nombre y/o adjetivo para definir aquello que entre otras acepciones es “grueso” y el verbo -ARO- que se relaciona con todo aquello que sea “para ir hacia arriba” o “levantar y llevar a distancia”. Lo especifico incluso en griego para una mejor comprobación: παχ+αἴρω. Quienes sostengan que el nombre “pájaro” viene del latín, del italiano o del francés, etc., no están bien informados. No están al corriente de las prolíficas investigaciones sobre la lengua ibérica que llevo a cabo. Y me hago cargo que esta afirmación pudiera dejarles perplejos, no puede ser de otro modo; pues voy a transmitirles un conocimiento que ha estado inédito durante miles de años. Y por raro que parezca, esta novedosa teoría tiene un razonamiento que puedo sustentar empíricamente. 

¿A que nos referimos con acrónimos? Verán, en lingüística moderna un acrónimo, del griego ἄκρος, transliterado como akros “extremo” y ὄνομα trasliterado como “onoma” significa NOMBRE. Pueden ser siglas que se pronuncian como una palabra, pero también son vocablos formados al unir parte de dos o varias palabras. Este tipo de acrónimos es el tipo común de uso de la sintaxis íbera y celtíbera: 

(PAJ-) Es el nombre y/o adjetivo para expresar algo “grueso”. 

(-ARO) Es un verbo para conjugar “volar” (/Ero/ en griego). 

Bien, para fijar el nombre común PÁJARO, en esta ocasión, no es plausible emplear el manido recurso de derivarlo del latín. En el caso que nos ocupa es Avis, así que como pueden suponer no funcionaría ni forzándolo, como se ha hecho en tantas otras entradas, lamentablemente. Es más, para justificarlo preferiblemente lo derivan incluso de otro nombre que dicen ser una forma anterior: passer. Y ciertamente pásser y pájaro tienen una apariencia similar, pero ¿saben por qué razón? Lo explicaré, y de modo que todos puedan entenderlo. Miren, muchos y distintos idiomas se nutren de las mismas raíces pres helenas, y cada idioma tiene su particular modo de expresarlo. En absoluto derivan uno del otro ni tampoco entre ellos. Cada idioma lo resuelve desde su gramática. Además les pormenorizare algo importante y asimismo paradójico que se concluye con mi hallazgo, y es que en realidad, originalmente, no se usó la palabra precisamente para referirse a las aves pequeñas como se tiene actualmente por más cierto, sino todo lo contrario. Y ahora llega lo más asombroso del asunto. La lengua castellana escogió una raíz distinta que el latín para denominar a los pájaros, de hecho tomo dos y las unió en una frase o sintagma verbal, porque era una locución que necesitaba expresarse con un sujeto y un predicado para alojar un verbo, tal y como hacemos en lengua española para construir una oración. Esta es justo PÁJARO y por ello no puede derivarse de Avis. Esto que pudiera verse hoy como algo excepcional, era la común sintaxis de nuestros antepasados y esas frases, inadvertidamente, son hoy nuestras palabras en idioma español. Permitan que lo explique mejor: Pájaro no es una palabra, es una frase que significa GRAN VOLADOR. Su significado fue una incógnita hasta hoy, y mi hallazgo cierra un debate abierto que se ha prolongado durante años: La diferencia entre AVE y PÁJARO ya que queda desvelada aquí y ahora, es un gran logro del cual permitan decir, me siento lógicamente muy orgulloso, pero he de admitir que, a la vez, suscita y abre otro y nuevo interrogante del cual solo ustedes podrán arbitrar y decidirlo finalmente. Porque la pregunta ahora es ¿a que nos referimos con un “gran volador”? 

Verán, el nombre que propusieron nuestros antepasados entraña dos condiciones ineludibles y que, asimismo, responden a la suma de los dos elementos que lo componen. Uno, es el vuelo. Indiscutible lo da el verbo pre heleno ARO (ir hacia arriba en el aire) y eso queda claro. De ahí, luego en griego ἀήρ, ἀέρα, ἀέρι, ἀέρος, ἀέρων. Y dos, que éste no ha de ser de cualquier manera, sino que ha de ser grande, poderoso, rico, gordo, grueso, graso y/o hermoso o precioso por parte de la raíz pre helena PAJ. Eso nos lleva a concluir que cuando decimos PÁJARO, de entrada no estaríamos hablando del vuelo grácil y ligero de un colibrí, sino de aves que vuelan y que son suficientemente corpulentas como para mover el AIRE de un modo considerable. Hablamos de una acción de gran envergadura. Eso es en realidad un “pájaro”, quizá otra cosa distinta sea un “pajarito”. Y el nombre fue dado para identificar una clase de aves, ya que de otro modo simplemente con ARO se hubiera podido indicar el vuelo sin más condiciones de cómo debiera ser o calificarse. Pero ellos, nuestros antepasados; con PAJ nos pusieron una condición previa para definir como o quien lo realizaba, y con cuales cualidades y/o características. Entonces, cabe preguntarse ¿una frágil golondrina es también un pájaro? Mi opinión y no la eludo es que sí es un pájaro, aunque no suelo prodigarme fuera de lo estrictamente gramatical y entiéndalo únicamente como un personal convencimiento, y es que hemos visto a lo largo de la historia de la lingüística que, en numerosas ocasiones, un nombre dado en un inicio para denominar una cosa concreta, ha derivado para expresar un espectro más amplio, e incluso en muchas ocasiones otra distinta. Considerando los grandes vuelos que las golondrinas emprenden en sus migraciones, no me atrevería a discriminar aquellos individuos que como ellas son conocidas como aves paseriformes, que bien pudieran postularse como auténticos pájaros por “sus grandes vuelos”. En ese sentido, hay que mencionar que ARO como verbo en una de sus acepciones más notables, estaría la cualidad de “alzar un vuelo para llevarlo a distancia” y ello reforzaría todavía más la idea de “un ave que es de paso” como perfecta definición de pájaro. Pero dejemos de lado por un instante la percepción de nuestros antepasados, que nos dejaron claro qué condición se requería para ser un pájaro y llevémoslo al encaje incluso de las otras lenguas europeas para un mejor entendimiento, y es que el hecho de verlos “pasar” a lo largo de los años por encima de sus cabezas y de ser auténticos “pasajeros”, se entiende que tomando no una derivada de la fuente, sino con la misma raíz dieron nombre en sus sendos idiomas para llamarlo en sus lenguas respectivas como “passer” o el popular nombre de “passerotto”, justamente “gorrión”, en italiano. No olvidemos, insisto, que una de las principales acepciones del verbo αἴρω /ero/ ARO es levantarse y llevar a distancia. Es demasiado obvio para no ver en ello a una golondrina, un gorrión o un ruiseñor. En ese sentido hay una extensa literatura, en todos los idiomas, que aprovechan ese excepcional planeo para entregar preciosos mensajes expresando sus profundos deseos y emociones desde unos ansiosos emisores para con sus anhelados receptores, que suelen ser familiares o de un suspiro romántico, sus amantísimos amores. Lo cual prueba de que coincidentes en cuanto a la raíz, cada idioma autónomamente decidió expresarlo según sus reglas de gramática. Lo que está claro es que con el término PÁJARO no estaban clasificando a esos “sujetos” por sus hermosos cantos, vistosos colores, resistentes huevos, fornidos nidos, rituales de apareamiento, avidez de sus crías o cualquier otro particular que no se refiera al de un ave que lo destacable es que “se alza en el aire” y hacerlo con cualidad que es intrínseca a un PÁJARO, la de ser un GRAN VOLADOR. 

Texto de Enrique Cabrejas

Crédito imagen: Wikipedia

Para saber más: Cabrejas Iñesta, Enrique (Marzo 2015) HIJOS DE TITANES - EL SECRETO ÍBERO - ISBN: 978-84-9095-585-7. Colección: Investigación. Editorial Círculo Rojo. Almería. DEPÓSITO LEGAL: AL 199-2015.







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