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Occidente empieza a incomodarse con el "asunto ucraniano"


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13/07/2015


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Al parecer, occidente se empieza a cansar del problema ucraniano, por lo que se desprende de las publicaciones, que al respecto se reproducen, las cuales reniegan de las solicitudes sin límites, de la parte ucraniana.


Recientemente, el New York Times publicó un material, que muestra una visión alternativa de la crisis ucraniana. En efecto, el ex.-oficial de inteligencia del Ministerio de Defensa estadounidense y Presidente del Proyecto para las Democracias en Transición, Bruce Jackson, asevero que un “país tan impredecible y poco confiable como Ucrania, no es digno de confianza.” Jackson cree que Estados Unidos y la Unión Europea, no están satisfechos por la forma como Ucrania, a desgano cumple con las promesas hechas, saboteando las reformas, que se ha comprometido realizar. 

Constituye sin duda objeto de preocupación también para occidente, el problema de la corrupción sin precedentes, que campea en el país. Cabe destacar, que opiniones con similares connotaciones semánticas, relativas a Ucrania, por primera vez aparecen en las páginas de publicaciones de un nivel tan elevado, como el New York Times. Es evidente que semejante posición respecto al problema ucraniano no es común, aunque en el fondo se mantiene la postura pro-ucraniana de las publicaciones en ciernes. Sin embargo, el medio no se equivoca cuando sentencia que los créditos que se asignan a Ucrania, incluyendo los de credibilidad, podrían  agotarse. 

El artículo de Jackson puede ser un indicativo de lo que vislumbra en el exterior, cuando se concluye que es imposible apostar por un Estado, que no está en sintonía con las notas que tocan los compositores políticos estadounidenses. En otras palabras, el objetivo no es ayudar a Ucrania, sino combatir a Rusia. 

Hoy, sin embargo, en “el trono de Kiev”, aun pululan algunos políticos, amantes del dinero fácil, que como limosna proviene de fuera, frente a una realidad interna, caracterizada por un desastroso empobrecimiento del atormentado y ensangrentado país. Al parecer a occidente, se le dificulta comprender, que independientemente se cumpla adecuadamente con exigencias, la mentalidad persistente en Ucrania, es que la ayuda ofrecida siempre será mínima por lo que siempre exigirá, más. De tal conducta, no se excluye ni siquiera, la política exterior. Más aún, si por un milagro, se logra que se proporcione todo lo que se pide, es muy probable que la clase oligárquica ucraniana se aproveche de ello, para replantear, nuevas exigencias, mientras que la población, rasa se deslice sobre la línea de pobreza. Prueba  de ello, lo constituyen las exigencias del triunvirato: Poroshenko-Yatseniuk-Turchinov, al fácticamente plantearle a la Unión Europea, la incorporación de Ucrania en la casa común, sin que ello signifique cumplir con los compromisos económicos o deudas y créditos que el  país mantiene con el FMI, el Banco Mundial y otras instituciones financieras. 

Tal es la situación, que el gobierno se da el lujo de chantajear abiertamente a los acreedores extranjeros, toda vez que el Parlamento aprobó una ley de moratoria mediante la cual el gobierno ucraniano se reserva el derecho a suspender, si es necesario, el pago a los tenedores de deuda internacional, hasta julio de 2016.

La comunidad internacional puede colmarse del argumento de la agresión rusa, al punto que la “deuda bomba”, que mantiene el país, puede conducir a Ucrania a la bancarrota. Para ello, basta citar la revista Forbes, la cual asegura, que la restructuración de la deuda ucraniana, no supone la reducción de la misma, haciendo imposible el pago de los intereses, que se agrava con la caída del PIB en un 50% y la emigración de mano de obra calificada del país. 

En conclusión, es posible que la tolerancia, aclamada a socios europeos llegue a su fin, provocando que la “cuestión ucraniana”, empiece a incomodar a occidente y el país termine a solas con sus problemas.

Por: Euclides E. Tapia C. Profesor Titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá.


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