Edición   |  Quienes somos    Contáctanos    Regístrate    Cómo publicar en Reeditor
Últimas etiquetas:   Cultura   ·   Sociedad   ·   Escritores   ·   Biografía   ·   Periodismo   ·   Lectores   ·   Tecnología   ·   Base de Datos   ·   Estadísticas   ·   Privacidad


¿Es el hombre parte de Dios? la Nueva Era dice que si... .-


Inicio > Cultura
13/07/2015


1176 Visitas



¿Es el Hombre Parte de Dios? La Nueva Era dice que Si.


El Hinduismo, en sus variadas tendencias, nos sugiere que el ser humano es Dios, o una Parte de Dios. Las escuelas esotéricas modernas que enfatizan el método del YO SOY, se esfuerzan en demostrar que el ser humano si es Dios. Y procuran decretar realidades subjetivas que se espera que se hagan realidades objetivas. En algunos casos logran concretar sus deseos y esperanzas, en otros casos no.

El Vedanta insiste en que el ser humano es Atmán, y que no tiene diferencia alguna con el Brahmán, o con el Ser Absoluto. Y por eso los Swamis, hijos espirituales de Sánkara, viven dia y noche repitiendo interiormente su mantram esencial. Aham Brahmasmi. Que traducido significa: Yo soy El. O Bien: Yo soy el Espíritu Uno y Eterno.

Ese es el dogma fundamental de la metafísica monista de Oriente. Occidente, en cambio, se ha concentrado más bien en un proceso espiritual diferente. En la Teosis, es decir, el proceso de llegar a Divinizar el alma, en llegar a Ser Dioses, y ulteriormente llegar a Ser Uno con el Padre.

Era la meta de Pitágoras, de Platón, del cristianismo primitivo, de los misterios egipcios y la meta  de los santos. Hoy la Nueva Era nos dice que llegaremos a ser Dios por Evolución, mostrando con esa afirmación una ignorancia metafísica y teológica salvaje.

Y muchos, sin mayor análisis, y con mucha ingenuidad, andan repitiendo esa cancioncita en diversos grupos de buscadores en todos los ambientes. Y diversos libros de amplia circulación lo refuerzan y, supuestamente lo prueban. Y es porque no han usado en profundidad el instrumento fundamental de la búsqueda espiritual, que es la razón, pero la razón bien informada, pues hasta los mejores computadores fallan si no se le dan los datos adecuados para trabajar.

A santo Tomás de Aquino sus alumnos le plantearon directamente la pregunta, si acaso el pensaba que el hombre era parte de Dios. Su respuesta inmediata fue No. No es parte de Dios. Y explicó por qué no lo era. Sus razones, magistrales, merecen una mirada atenta de los hombres y mujeres que buscan la verdad.

No lo es pues Dios es UNO, no es un Compuesto, no es un ente múltiple. Por eso no podemos ser Parte, pues El no tiene partes. Es el Todo sin división alguna.

Además, el ser humano no es Dios ni parte de Dios pues el Absoluto es Inmutable, es decir, no sujeto a cambios ni a limitación alguna. Y tampoco sufre evolución alguna. Dios está por encima del tiempo, y los procesos de cambio y de evolución son propios de las creaturas, no  del Ser increado.

En cambio el ser humano está sujeto a cambios permanentes, sufre carencias, desviaciones, pecados, elevaciones y caídas. Carece del ser permanente y de la inmutabilidad de Dios. Nace, vive y muere, y sólo por ser la imagen de Dios, tiene la POSIBILIDAD de hacer nacer en él la naturaleza divina por unificación con Dios, por gracia, no por derecho. Esa es la glorificación, o la teósis de los griegos. Así la naturaleza humana es Absorbida por Dios. Y vive en otro orden del ser. Ya no es criatura. Ha pasado del tiempo a la eternidad y posee conciencia divina.

Dios, según Maimónides, Aristóteles y Santo Tomás, no es un cuerpo, ni es el universo. Pues el cuerpo y el universo con causados, no son causa de sí mismos. El hombre no es causa  de su existencia, si lo fuera sería Dios. El ser humano es causado por Otro como Causa Primera y por otros como causas segundas o intermediarias.

Decir que el ser humano es parte de Dios es un error tanto metafísico como teológico. Pero puede aceptarse la frase como un acercamiento gradual a la Verdad, como una pedagogía para conducir al ser humano hacia concepciones más elevadas, por ejemplo a decir que Dios es el Espíritu de mi espíritu, o la Esencia de mi esencia.

Siempre que se entienda que esa Esencia o ese Espíritu es el mismo detrás del espíritu de todos los hombres y de todas las creaturas. Como el Yo trascendente y omnipresente detrás y por encima de todos los yoes individuales. Así el yo individual es como un rayo del sol divino, pero no es el sol. Al decir: “como”, indicamos que usamos un lenguaje analógico o metafórico, que apunta hacia la verdad pero no es la verdad completa. Es la diferencia entre mirar la luna reflejada en una pileta de agua en la noche y no mirar a la luna misma.

En el rigor del pensamiento teológico no podemos decir que Dios está “dentro” de nosotros, pues eso sería circunscribir a Dios como un ser Espacial o sometido al espacio y el espacio es una cualidad del universo material, no del espíritu puro. Lo mismo cuando decimos que Dios es Grande. No puede ser grande ni chico pues no es un ente espacial ni corporal. Solo son analogías pedagógicas para acercar al espíritu humano a la idea de un ser ilimitado o infinito. Y desde luego hacer a los hombres más humildes y conscientes de sus limitaciones.

Dios habita dentro de las personas, pero también afuera de ellas, y también las trasciende. La Biblia y el Bhagavad Gita nos informan sobre eso. Así san Pablo nos ilustra y guía cuando nos dice: “Cristo en vosotros es la esperanza de gloria”. Lo mismo hace San Lucas cuando nos dice que En Dios vivimos, nos movemos y somos. Ver: Colosenses 1,27 y Hechos de los Ap. 17,28.

Como bien dice Paramahansa Yogananda, “Dios es el Ser Interior del hombre, y la Única Vida del Universo entero”. Pero debo agregar que es un Ser y una Vida No sometida a las condiciones ni a los errores ni a los pecados de los seres humanos, pues es inmaculado, un ser puro y acto puro, que traducido en lenguaje moderno significa Conciencia Pura y Energía Pura.

Tampoco es correcto decir, salvo como pedagogía del entendimiento, que tenemos una chispa de Dios dentro de nosotros, no es una chispa, pues Dios es la llama entera, jamás dividida en chispas. Y no solo por no ser un compuesto, sino porque la palabra chispa lleva implícita la idea de la transitoriedad, de la impermanencia. Y Dios es lo contrario, la Permanencia de su Ser y su inmutabilidad son sus cualidades inherentes. Y se puede observar esa Permanencia e inmutabilidad en las leyes naturales de todo el universo. Esas Leyes cósmicas son el Logos de Dios.

Así decía Heráclito. El logos es la matriz de líneas ordenadoras del fluir de las fuerzas del universo, es el Verbo o la Razón Cósmica. Una expresión del Ser Absoluto. Las leyes naturales nos permiten conocer algo de Dios, su presencia como legislador inteligente. Por eso decía San Pablo que podemos conocer a Dios racionalmente por medio de sus Obras. Y espiritualmente lo podemos conocer por medio  de la experiencia mística, como Luz Increada y sin límites. O como la Palabra Eterna, que por venir de más allá del tiempo nos puede revelar el futuro, como ocurre con los profetas.

En realidad sólo sabremos a ciencia cierta si somos Dios el día bienaventurado en que nos veamos a nosotros mismos como la Luz Infinita y no como frágiles creaturas sufrientes, pecadoras y limitadas. A al 99,999 % de las personas les falta mucho, pero mucho, para eso. Solo los Krishnas, los Budas y los Cristos vivientes saben eso. Esa es su Gnosis sobrehumana. Ellos SABEN que son Omnipresentes, y que existen como Uno con Dios desde siempre y para siempre. La evolución no existe ni ha existido nunca para ellos. No son criaturas, Son el Creador mismo. Son el Ultra Yo, la Persona Trascendente y Única que existe tras la pantalla cósmica de lo múltiple.

Por eso Jesús les dice a la muchedumbre que lo escucha: VOSOTROS SOIS DE ABAJO, YO SOY DE ARRIBA, vosotros sois del mundo, yo no soy del mundo. (Evangelio de Juan 8,23). Y otra parte del mismo evangelio nos dice: El Padre y yo somos uno. Eso indica la distancia entre los seres fenoménicos sujetos a evolución y al dolor, y el orden del ser divino. Pasar de un orden de ser al otro no se logra por esfuerzo humano, sino por Gracia. Por eso el mismo evangelio de Juan nos informa en su capítulo primero, versículos 12 y 13: ” … más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos Hijos de Dios, LOS CUALES NO SON ENGENDRADOS DE SANGRE, NI DE VOLUNTAD DE CARNE, NI DE VOLUNTAD DE VARON, SINO DE DIOS. Eso deja fuera la evolución. Pues ella es un esfuerzo en  el orden natural, no en el orden divino de la realidad.

 

 

 



Etiquetas:   Religión   ·   Filosofía
Compartir
Tu nombre:

E-mail amigo:
Enviar
PDF

1 comentario  Deja tu comentario


, !Excelente, profesor!...una verdadera clase magistral de teología, filosofía y religiones comparadas juntas...un gran reto a la mente de todo buscador de la Verdad, necesitado no solo de conocimiento tácito sino de intuición para poner en su justo lugar el nombre de Dios...que ya de hecho es un vago y grosero intento de conceptualizar lo que no admite concepto. Siempres seremos presa de la ignorancia más atroz cuando en la mente del ser humano pretendamos encerrar o definir lo Inefable, lo Numinoso, según Otto, o el El Absoluto.

Solo la experiencia de Dios nos acercaría. El ser humano es la más insistente y clara de todas las hierofanías . Es al mismo tiempo emisor y receptor, imagen y espejo de la manifestación de lo sagrado verificada en sí mismo. El punto álgido de esa hierofanía lo constituye la mística. Gracias a Juan Eckhart y a su idea de que la perfección espiritual no debe buscarse sólo en los monasterios, hoy sabemos que esa revelación de Dios como misterio irresuelto en la vida de todo ser humano, puede atestiguarse; lo cual significa que podemos emular a los Cristos, a los Budas, a los Krishnas, concientes de que ellos sí fueron encarnaciones o avatares de Dios mismo..., Heidegger afirma: “Lo simple encierra el enigma de lo permanente y lo grande”. De improviso se introduce en el ser humano y requiere una larga maduración. Y se puede citar a Lao Tsé, cuando dijo: la afirmación de que lo que hace del recipiente una cosa no es de ningún modo el material de que se compone, es decir, la arcilla, sino el vacío que acoge y recibe. De ahí que Otto concibe lo religioso en el ser humano, como “haber sido arrebatado por lo maravilloso y totalmente misterioso, por la profundidad y la tiniebla de todas las cosas y seres, por los misterios inenarrables en que nos movemos y las profundidades inconmensurables sobre las que somos transportados”.
Es indudable que Otto, aparte de su fuerza expositiva llena de sugestivas ideas, habla de la r








Los más leídos de los últimos 5 días

Comienza
a leer


Un espacio que invita a la actualidad e información
 

Publica tus artículos


Queremos ser tus consejeros y tu casa editorial

Una comunidad de expertos


Rodéate de los mejores y comienza a influir
 

Ayudamos a tu negocio


El lugar y el momento adecuado donde debes estar
Secciones
15900 publicaciones
4135 usuarios
Columnas destacadas
Los más leídos
Mapa web
Categorías
Política
Economía
Sociedad
Cultura
Ciencia
Tecnología
Conócenos
Quiénes somos
Cómo publicar en Reeditor
Contacto
Síguenos


reeditor.com © 2014  ·  Todos los derechos reservados  ·  Términos y condiciones  ·  Políticas de privacidad  ·  Diseño web sitelicon.com  ·  Únete ahora