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Chile: el riesgo de una Estanflación ad portas


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08/07/2015


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Turbulencias e incertidumbre


Los indicadores económicos recientes, la crisis de credibilidad de las élites políticas por la corrupción y malas prácticas, más las turbulencias en Grecia y ahora China, componen un cocktail que apunta a la tormenta perfecta. Cuando asumió el segundo gobierno de Michelle Bachelet se diagnosticó la "desaceleración de la economía", pero la realidad ha demostrado que se ha caminado al estancamiento y, lo más grave, acompañado de una tendencia inflacionaria como consecuencia de la depreciación del peso y el consiguiente encarecimiento de las importaciones que requiere el funcionamiento del país.

En este contexto, la falta de conducción con visión de Estado se hace sentir, toda vez que se desarrollan discusiones desgastantes en múltiples frentes, sin que alguien tome el timón en forma seria y dirija las energías sociales, políticas y económicas hacia un puerto seguro, resguardando al país de los impactos predecibles de la crisis nacional e internacional. La pregunta es si el sistema tal como está será capaz de afrontar la temida estanflación. Si Chile ha mantenido una economía abierta, con una inserción que apunta al comercio exterior, donde el PIB depende del crecimiento de nuestras exportaciones, y nos encontramos frente a una caída de precios de las materias primas, principalmente del cobre y el hierro, la consecuente caída de la actividad minera y la paralización de muchos proyectos que se han paralizado por esta realidad de los mercados internacionales, se advierte un escenario de alto riesgo que a grandes trazos significa que la economía se va secando y el consumo cae, crece la cesantía y el Estado, aunque trate de hacerlo, tiene barreras jurídicas para accionar en la crisis, lo que significaría realizar una urgente y efectiva inversión pública reactivadora.

La falta de marco jurídico, la crisis de liderazgo, la falta de manejo en gestión pública y la tranca ideológica que llevan las élites por haber sido formadas en el dogma neoliberal, genera una prospectiva oscura para nuestro país. El cambio conceptual respecto al Estado no puede esperarse de élites que , como se ha comprobado, están mayoritariamente cooptadas por los intereses económicos nacionales y transnacionales. Si parte importante del Estado está corroída por el cohecho y la colusión de política con negocios privados, será muy difícil que las soluciones sean pragmáticas y con una visión económica desarrollista de corte keynesiano, austeridad pública, pero con una locomotora pública que deje el asistencialismo populista para asumir roles económicos estratégicos. Se trata de acción pragmática, que tire el crecimiento con obras de infraestructura que sólo el Estado podría emprender, como serían las plantas desaladoras, recuperación de ferrocarriles, articulación de corredores bioceánicos. Este tipo de obras públicas podrían, si fuesen abordadas con una concepción distinta a la de Estado Subsidiario, paliar la paralización económica insuflando un nuevo aire a la economía. Otra estrategia paralela, sería canalizar ahorro interno a los sectores medios, con una mirada que apunte a la autarquía alimentaria y generación de empleos, a reducir la dependencia de los mercados externos, generando una acción más mesurada en los niveles de consumo, articulando una economía con menos libertinaje y mejor coordinación desde las políticas públicas.

 El sistema neoliberal buscará estrujar a la población activa y pasiva, generando una reducción de ingresos que afectará al consumo y con ello la viga maestra del propio modelo imperante. Si la gente no tiene dinero para consumir y los precios se disparan por el aumento del dólar, las empresas reaccionarán reduciendo personal, se reducirá más el consumo y aumentará la presión social. Sin ser apocalípticos ni mucho menos, simplemente con sentido común, se puede afirmar que Chile necesita un gran recambio político que, sin populismo y con visión de Estado, nos permita navegar la crisis mundial que se avecina, con mejores condiciones de sobrevivencia como Estado soberano.

Periodismo Independiente, 08/07/2015



Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Política   ·   Chile

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