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El Caballo es Veloz


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07/07/2015


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¿El nombre de Caballo tiene un significado? Nunca se ha dicho nada parecido. Pero si ustedes tuvieran que darle una significación al nombre ¿Cómo lo definirían? Tengo la convicción que rápidamente se habrán lanzado a dar una respuesta y lo habrán acertado. Pues sí, caballo tiene un motivo importante. Y me complace poner en su conocimiento que el nombre CABALLO lo que significa es: VELOZ. No se conoció anteriormente pero el 3 de Julio de 2015 lo pude averiguar. Su origen etimológico se encuentra en un ACRÓNIMO IBERICO. 


Se trata de una locución dada por nuestros antepasados y que ha permanecido desde hace miles de años preexistente en el léxico español. Es el resultado de aglutinar dos participaciones en una frase con sus correspondientes sujeto y predicado: La partícula (CA) es una expresión y en una de sus múltiples acepciones apunta al “carácter” de un animal, que literalmente se “lanza al galope”, conjugado con el verbo (BALLO) “Lanzar”. En términos lingüísticos para más detalle se trata de un verbo transitivo, es decir que requiere de uno o más elementos en su composición. Lo especifico incluso en griego para una mejor comprobación: Κα+βάλλω. Quienes sostengan que “caballo” viene del latín no están bien informados. No están al corriente de mis prolíficas investigaciones sobre la lengua ibérica de los iberos y los celtíberos. Me hago cargo de que esta afirmación pudiera dejarles perplejos, no puede ser de otro modo; pues voy a transmitirles una epistemología que ha estado inédita durante miles de años. Y por raro que parezca, lo que les acabo de desvelar no es una conjetura sino a mi entender, plena certeza. Esta novedosa teoría del conocimiento tiene un razonamiento que puedo sustentar empíricamente. 

Bien, para fijar el nombre común caballo, en esta ocasión, no es tan plausible emplear el manido recurso de derivarlo del latín. En el caso que nos ocupa, es Equu o Equus, así que como pueden imaginar no funcionaría ni forzándolo, como se ha hecho en tantas otras entradas, lamentablemente. Es más, para justificarlo preferiblemente lo derivan incluso de otro nombre al que se aduce de latín tardío: Caballus. Y ciertamente caballus y caballo tienen una apariencia muy similar, pero ¿saben por qué razón? Lo explicaré, y de modo que todos lo puedan entender, ambos idiomas se nutren de las mismas raíces pres helenas, y cada idioma tiene su particular modo de expresarlo, y el latín lo hace con su desinencia frecuente de “-us” y el castellano con “-llo”. En absoluto derivan una de la otra ni entre ellas, y si ya era difícil alegarlo desde un latín “vulgar”, imaginen de otro “tardío”, miles de años posteriores a la lengua ibérica. Les pormenorizare algo que parece que no se ha tenido en cuenta a la hora de determinar estas etimologías, digamos que sufrieron un incomprensible lapsus. Y es que parecen haberse olvidado de que la palabra Equu no es un término original del latín sino un término importado y traducido de una antigua raíz pre griega: ἔχω. Sí, Equu viene de Echu. ¿Saben que significa? Es la raíz que significa PORTAR. ¿Parece apropiada para un caballo, verdad? Efectivamente, sí, en latín se definió al caballo por su utilidad: EQUUS. Y en realidad podían haber destacado cualquier otra circunstancia del animal, pero para denominarlo escogieron la cualidad de ser portador. EQUUS es TRANSPORTE. 

Ahora llega lo más asombroso del asunto. La lengua castellana escogió otra raíz distinta para denominar al équido, de hecho tomo dos y las unió en una frase o sintagma verbal, porque era una locución que necesitaba expresarla con un sujeto y un predicado tal y como hacemos en lengua española para construir una oración. Esta es justo CABALLO y por ello no puede derivarse Caballo de Equ, del cual es paradójico se le defina como “caballo de carga” pues aunque bien traído desconocían la razón última: Si dices Equus no es necesario añadir “caballo” ni “carga”, es una cacofonía. Bien, entonces ¿quieren conocer la ignota razón del nombre Caballo? Verán, se encuentra en la misma fuente de la que bebe el idioma latín con la palabra caballus, y eso supondría aceptar que en latín la tomaron prestada del griego o lo hicieron “tardío” traduciéndola de nuestra lengua. La expresión caballo es producto de la partícula, Κα, /CA/ que en esta ocasión apunta al “carácter” y el verbo βάλλω /BALLO/ que significa “lanzar”. Veamos ahora como se estructura internamente, porque con el verbo βάλλω /BALLO/ que en singular podemos verlo prácticamente conjugado en todos los dialectos griegos o en los más importantes al menos; y que además derivado de este, tenemos como nombre un relevante βηλός /VELOS/ y que nuestros antepasados carpetanos (cario) y que eran ELAZ (Helenos de Asia Menor) no lo vocalizaban igual como lo hacen los griegos /VELOS/, sino que en cambio lo pronunciaban /VELOZ/ y, por supuesto, nosotros lo decimos igual, ese peculiar deje “Z” lo heredamos de ellos, y la expresión VELOZ es el apelativo y/o adjetivo que verbalmente ha representado un acrónimo ibérico como es CABALLO. Esto que pudiera verse hoy como algo excepcional, por el contrario era la común sintaxis de nuestros antepasados y, esas frases, inadvertidamente son hoy nuestras palabras españolas. Y para que comprendan la magnitud y hasta qué punto llega la desorientación en el campo de la etimología actual, les desvelaré que este verbo, y que lo usamos para denominar “caballo”, es el mismo que a la vez dio las voces de BALÓN o BALA (asimismo veloces), y es que este verbo es clave en nuestra lengua española y está asociado con todo aquello que se mueve rápidamente.  

Miren, hay una cosa que es muy clara, si nuestros ibéricos hubieran querido expresar que el caballo tiraba de un arado o de una carreta, como así lo expresa el latín, no tendríamos un Caballo sino un Echos. Así pues, concluyendo, mientras los romanos definieron Equus a su animal y en latín, por ser porte, carga, conducción, corretaje; en cambio nuestros ibéricos le llamaron Caballo por otro motivo: Su carácter veloz. Y a lo largo de la historia los caballos han recibido y soportado nombres de todo tipo, pero los más celebrados, probablemente, hayan sido aquellos que han destacado por su celeridad, y en la carrera. Una inusitada coherencia que hoy se nos evidencia asombrosa y plenamente coincidente, al destacar un temperamento tan excitado y presto que sugiere nombres tan acordes como los de: “trueno”, “rayo”, “flecha”, etc., hoy se nos revelan como una predicción desde el inicio de los tiempos en los que a los caballos se les llamó “caballos”. Y aun sin olvidar que, incluso, lejos del glamur que despierta un animal de gran esbeltez como es este y en una evocadora mirada a su elegante avance, sepamos que también pueden mover sus patas hacia atrás, en lo que denominaríamos una patada. Y a eso, tanto nuestros antepasados como nosotros, como pueden imaginar, le llamamos ayer y hoy por un igual; una muy probablemente contundente coz. Todo hay que tenerlo en cuenta.  

Verán, después de tiempos de los íberos y de los celtíberos nadie conocía ni supo hablar su idioma, no obstante en Abril de 2012 ocurrió un hecho sin precedentes. Descubrí que El Bronce de Luzaga escrito en íbero septentrional tenía su origen en una lengua proto griega, concretamente en la frigia en sus modos fundamentalmente lidio-dorio. Una antigua lengua proto indoeuropea de Asia Menor. Los celtíberos grabaron el texto usando un alfabeto epichorikos, quiere decirse en este caso concreto, uno ibérico propio pero los vocablos guardaban perfecto significado con el griego frigio contenido en raíces primordiales del griego Koine. El Koiné recogió distintas maneras dialectales antiguas griegas. Son ellos mismos, nuestros celtíberos, quienes nos confirman a Heródoto y asombrado doy testimonio de ello. Son ellos y no otros quienes nos dicen ser: ΕΛΑΣ... ΚΑΡΥΟ : ΤΕΚΕΣ. Es decir “Helenos, Cario de Anatolia”, ¡Sorprendente! 

Y el latín, es una lengua extraordinaria, es un éxito de tipografía, y no obstante, es nuestra lengua ibérica quien provee etimológicamente al latín, en cambio. Miren, el latín siquiera existía, cuando la lengua íbera y celtíbera llenaba de significado todas las estelas de esta península. En realidad es sencillo, muy sencillo, sin embargo como desde la actual base que se parte en la etimología española anda profundamente descaminada, lo que se derive de ella, lógico, también lo estará. Así tenemos otro término desubicado: CABALLO. Por supuesto, tengo confianza de que “todo” será enmendado y subsanado en el sentido que apunto pero, hoy por hoy, nos encontramos frente a una teoría que se dio por cierta sin la debida comprobación: “La lengua madre del español es el latín.” Miren, se trata de un Axioma. Tropezamos ante un dogma, y las definiciones se ven afectadas y, lo que es peor, se han propagado en un desacierto de dimensiones colosales. Pues, derivando del latín lo indeclinable de forma, es decir términos no variables que son genuinos ibéricos, no se acredita más el origen de la lengua española sino, bien al contrario, se justifica la conjetura de un latín superior que da como consecuencia un subordinado origen del idioma castellano. Cuando en realidad son a la par, ambos, un futuro latín y un futurible castellano por ende español, bebieron de las mismas fuentes “pres griegas”, incluso en numerosas ocasiones de raíces distintas y, mira por donde, justo este es uno de esos casos. ¡Inimaginable! 

Texto de Enrique Cabrejas

Crédito imagen: Wikipedia

Para saber más: Cabrejas Iñesta, Enrique (Marzo 2015) HIJOS DE TITANES - EL SECRETO ÍBERO - ISBN: 978-84-9095-585-7. Colección: Investigación. Editorial Círculo Rojo. Almería. DEPÓSITO LEGAL: AL 199-2015.







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