. Cada
día es una nueva falta que les encontraron, o es un nuevo plantón o también,
por qué no, una nueva denuncia en su contra. La imagen de los maestros está por
los suelos. Ese es el primer punto.
Otro punto importante es que se debe hacer distinción
entre los maestros. Por ejemplo, yo soy maestro y a mucho orgullo, pero no
tengo grupo de primaria ni de secundaria. Vamos, yo nunca he juntado valor para
pararme frente a un grupo de adolescentes de preparatoria que están con los
ímpetus desatados y que no respetan a nadie… bueno, a casi nadie. Muchos
maestros de nivel bachillerato toman té de tila antes de entrar al grupo…
Ahora bien, las maestras de jardín de niños, esas muy
guapas, que son las primeras que trata el infante, también son humanas. Crecen
en años, en peso, en achaques y al llegar a los cincuenta o tal vez antes o un
poco después, pero no mucho, son totalmente incapaces de atender al niño de
cuatro o cinco años que llora desaforado, que se tira en el piso porque así se
lo permiten los padres, que se caen y necesitan con urgencia un beso para
recuperar la vida o tragedias así… son nuestras maestras y tienen problemas.
El de primaria, que cuando es de institución oficial
ubicada en buena zona y con director o directora con enlaces en las esferas de
mando, no batalla para conseguir muchas cosas. De hecho, se dan el lujo de participar
en concursos de todo tipo y lo hacen con destreza. Generalmente de ahí es de
donde surgen los niños con premios. Claro, como maestro es un gran orgullo.
Cuando el maestro de primaria es un “maestrito de pueblo”,
con todas y cada una de las debilidades y fortalezas que narra Abraham Rivera
en su tan sentido poema, que espero pueda usted disfrutar del enlace que
aparece abajo, no tiene más ilusión que pagar de su propio peculio los gastos,
esperando algún día ser recompensado. Ahí es cuando la vocación cuenta y mucho.
Los de secundaria, que además de la escuela normal han de
tener especialización en algún área: matemáticas, física, química, ciencias
sociales, inglés o qué se yo, esos son de un nivel más alto y en teoría ganan
mucho más. Sin embargo, la realidad es que su salario se fue quedando rezagado
hasta el momento en que dejó de ser referente para acreditar que ser maestro es
tener un buen modo de ganarse la vida. Incluso, me han pedido que se establezca
que la manera de determinar qué es la clase media y cuáles son los requisitos
para manejarla, es tomando en consideración el salario de un maestro. Si no
fuera porque es un sueño que podría ser realidad, movería a risa, pero de esa
burlona, de la que ofende.
Ya hablamos de los maestros de bachillerato. Quedamos los
de licenciatura y posgrados. Los que nos interesa el país y queremos seguir
participando. Obvio, para poder impartir clase en licenciatura, las
universidades que más o menos se respetan buscan maestros de edad, que tengan
obra publicada y que tengan grados académicos. Las que solas se denigran,
contratan recién egresados para que los salarios sean menores. Eso, cuando los
maestros tienen título. Muchas veces ni a título llegan.
Y sigo. Usted es catedrático universitario, publica un
libro cada año, escribe treinta o cuarenta notas o ensayos de temas de su
materia por año, acude a no sé cuántos congresos y reuniones académicas pero
usted no tiene una carga académica de veinte horas frente a grupo y por lo
tanto, no puede ser elegido como investigador de Conacyt ni de ningún grupo de
apoyo. No. En cambio, usted es amigo de un director de escuela, le asignan la
carga pero es otro el que la imparte y obvio, ahí tiene usted los apoyos por
veinte, treinta o muchos miles de pesos más al mes.
Y no es lo mismo ser catedrático en las universidades que
están en los primeros lugares, que pertenecer a una que le descuenta la
seguridad social pero no lo inscribe ante el seguro. Y los hay.
En términos generales, los maestros, los que se paran
frente a grupo están mal pagados. Ahí aplica el principio mexicano aquél de:
“haces como que me pagas y hago como que trabajo”. Sin embargo, la realidad es
que al maestro, al de preescolar, al de primaria, al de secundaria, a todos, en
el afán de que los directivos justifiquen los sueldos de ensueño que perciben,
les han cargado cada día más la mano, solicitando evidencias, listas de cotejo,
coevaluación y muchas cosas más. Y claro, el maestro, que precisamente por ser
maestro piensa, pues son los obreros más politizados del país, precisamente por
pensar, se dan cuenta que algo anda mal. Por más que les dicen que hay que
hacer un esfuerzo, el maestro ya lo hizo frente a grupo y no es posible pedirle
más.
Ahora se le pide que sea parte de las escuelas de tiempo
completo, que según son la solución a todos los problemas del país en materia
de educación. Y vamos a los hechos: la escuela no tiene aire acondicionado; no
tiene buenos servicios sanitarios; carece de bardas perimetrales; y, por
supuesto, no tiene dinero para pagar la comida de los niños. Las madres de
aquellos que sí tienen dinero van y les llevan de comer. Ahí se está de nuevo
ante la brutal discriminación. El que tiene come y el que no… se espera a
llegar a su casa, donde saldrá a buscar la comida de él y de sus hermanos. Esa
es la realidad de México. La realidad que nuestros funcionarios no conocen.
Claro, cuando se gestó el sindicato, cuando se hicieron
los primeros movimientos, el país era otro, las circunstancias distintas y todo
era diferente. No es lo mismo López Mateos que Peña Nieto, a pesar de venir del
mismo rumbo.
Ahora el sindicato, aquél aguerrido que consiguió los
beneficios para los trabajadores, los ha entregado en bandeja de plata a la
administración para hacer lo que a ésta le plazca. Y ellos necesitan que el
obrero-maestro gane menos. Y además, que sean menos. Ya son muchos. Necesitan
costar menos dinero. Y las conquistas obreras que lograron, como vacaciones,
aguinaldos, jubilaciones y todo eso, lo ideal sería quitárselas… al cabo que ni
se van a dar cuenta.
Los maestros por regla general saben leer y escribir.
Saben decir discursos y saben hablar en público. Por regla general, conocen su
materia y además, conocen otras más. Habrá alguno que ignore la o por lo
redondo, pero la regla general es que sí sabe. El problema ya lo apuntó Albert
Einstein: todos somos ignorantes, lo bueno es que no todos ignoramos lo mismo.
Es decir, no se puede hacer un examen tipo para el maestro de la sierra de
Chihuahua y tratar de que lo conteste también el de Alvarado, Veracruz. Que no
es lo mismo Ocosingo que Tula. Es más, si le preguntamos a más de un
funcionario, no va a conocer dónde quedan esos pueblos.
Lo que se debe buscar en México es la manera de completar
lo que no sabemos, no de destacar lo que ignoramos. Si nos dedicamos a exhibir
a los demás, pronto México no tendrá quien quiera seguir dando clases.
Y los maestros conocen la historia y las leyes. Y saben
que cuando los contrataron les dieron unos lineamientos y el patrón, el
gobierno, estableció directrices para desempeñar el trabajo. Ahora, de manera
unilateral, el gobierno, el patrón, las está cambiando. Está eliminando lo que
tanta sangre y pleitos costó. ¿Qué van a hacer los maestros? Lo que están
haciendo. Están enojados, están dolidos y no entienden razones.
El gobierno debe buscar la manera de hacer que los
“cambios estructurales” que busca, se apliquen de manera en que todos salgan lo
menos afectados posible. No es válido lastimar a un gremio así.
Cuando un enfermo es diagnosticado de cáncer, como el
cuerpo social de los maestros, se deben buscar todo tipo de medidas para salvarlo,
pero nunca, se debe buscar la muerte del enfermo. Y pareciera que es lo que se
busca. Las medidas que se han adoptado, así pareciera.
Yo le apuesto a un país que busque soluciones, no a uno
que genere conflictos. Yo confío en la buena voluntad de los maestros, pues los
conozco, pero habrá que ver las cartas con que juega el patrón, que es el
gobierno.
Me gustaría conocer su opinión.
Vale la pena.
http://gomezporchini.blogspot.mx/2013/01/maestrito-de-pueblo-abraham-rivera.html