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El apellido Hernández, es Fiel por definición


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30/06/2015


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Hernández, ¿de dónde viene el nombre? Los patronímicos más comunes en español se derivan del nombre del padre mediante  desinencias tales como EZ o IZ y se afirma que este afijo significa “hijo de”, pongamos el caso de HERNÁNDEZ - hijo de - HERNANDO. Pero se ha admitido que no queda claro el origen de esta terminación y algunos investigadores han opinado que pertenece a los godos, por lo cual se lo atribuyen de manera general al idioma gótico, sin embargo no lo encontrarán en ninguna lengua germánica. ¿Por qué? Pues, por una sencilla razón: No es alemán. Lo explico a continuación. Hernández, desciende de Hernando que significa: FIEL. 


Miren, Hernández es un acrónimo, como todas las palabras ibéricas partió de primarios lexemas. No es un vocablo que es y nació tal como ahora lo ven. Y han de saber que en lingüística un acrónimo pueden ser siglas que se pronuncian como una palabra pero también son vocablos formados al unir parte de dos o varios términos. Este tipo de acrónimos es el tipo de nombres y actualmente apellidos como “HERNÁNDEZ” y es el modo común de uso de la sintaxis íbera y celtíbera. El significado de un acrónimo es la suma de las partes: H • ERNAN • DO. Naturalmente ahora aun difícilmente pueden comprender una división que sin duda pudiera parecerles inconexa, la verán poco coherente desde el punto de una lógica sintáctica silábica común, pero es que parto de otra base y de auditada proposición. Es la semántica la que puede dilucidar y explicar todo esto. Miren, el carácter “H” era una letra de uso común para los celtíberos. Representaba nuestro sonido actual de la vocal “O”. Tenía un sentido y también fonético. Por el contrario ¿qué sentido tiene en la lengua española escribir una letra H? No tiene ningún sonido. No tiene la menor lógica, una letra inútil. La razón es muy poderosa y es que nuestras palabras ibéricas no la llevaban, fue forzada.  

Hay algo significativo grabado en el Bronce de Luzaga en cuanto a esto que tratamos y está en su octavo acrónimo: Ερνα “Erna”. Así que en celtíbero que es lo mismo que decir “griego antes del griego” o también permitan que diga “castellano antes del castellano” significa literalmente “pertenecer a”. Incluso hoy, ahora mismo, en español “erna” es un afijo (prefijo, sufijo, infijo) que relaciona sustantivos y/o adjetivos con otros sustantivos y/o adjetivos. La relación se establece al unir esa terminación a la raíz. Cómo dije significa ‘perteneciente a” o “relativo a” y lo tienen en un claro ejemplo y filial en palabras tales como: “Pat(erna)” o “Mat(erna)”. ¿Sorprendente, verdad? Sí, les parecerá inaudito pero dejaron sus raíces en nuestras palabras y nunca las supimos ver. Pero no sólo en adjetivos, también en nombres tales como H•ERNAN•DO, ¿Pero entonces por qué decían –Ernan-? Pues porque esa “n” es la desinencia ibera común del aoristo ibérico, sin límite de tiempo, para los sustantivos celtíberos a los que añadirán una partícula enclítica, nosotros también: ERNAN+DO. Es una declinación y ellos tenían perfectamente identificados los casos y su lengua declinaba: IKESAN para “iglesia”, BOLSKAN para “volcán”, TITAN para “inmortal”, etc. En castellano también es una desinencia frecuente e importante: “Hernán”, “volcán”, “titán”, etc., y es que en realidad nosotros heredamos su fonética. Miren, los celtíberos tenían concordancias tales como: μ “m”,  ις “is” o ν “n” y saben qué, es nuestra propia lengua y hoy esas desinencias están en la lengua castellana ¿Dónde? No lo creerán. ¿Quieren verlo? Compruébenlo, por favor. Por poner un simple ejemplo, miren: esta•m+os, está•is, está•n, es realmente asombroso porque se encuentran y entre otras muchas, fosilizadas en las conjugaciones de nuestros verbos españoles en la actualidad. Nosotros usamos preposiciones, pero ello no implica a la vez que todavía declinemos, sí, lo hacemos y muchísimo. Y lo más inquietante es que lo hacemos exactamente igual como nuestros celtíberos. Así pues, un primer “Hernando” y que es gerundio, derivó a un posterior “Hernández” porque no hay que olvidar que ese sufijo finalista de ες “ez” y que lo modifica es absolutamente sustancial en nuestro idioma, significa “desde” “de” “descendiente de”, pero no se engañen, ese no es el motivo último, no. Es que en realidad ese “ez” formaba parte de su acento y hoy para nosotros es nuestro dejo, es decir deje. Pues bien, aun oficialmente no usemos declinaciones la realidad lo desmiente, las empleamos y constantemente. Conservamos esta concordancia paleolítica ες “ez” en apellidos tales como Hernández. Y aun es más, todavía en nuestra lengua española aplicado a los adjetivos significa “cualidad de”. Puse ejemplo de estúpido es la estupidez, si a esto pudiéramos llamarle “cualidad”. 

Lo que ocurre en nuestros apellidos es que un patronímico tal como Hernández, y que es consecuencia de un acrónimo, conjunto de partículas y particularidades ignoradas hasta ahora, y desde el siglo XV tenemos constancia escrita de él tal y como lo conocemos hoy, con letras de patrón latino y que responde a una concepción plenamente de una lengua que evolucionó hacia expresiones “romances”. Pero veamos como evolucionó hasta llegar al nombre que conocemos hoy de HERNÁNDEZ: Pues, Hernández de Hernando, en sus derivaciones y/o este de Hernand, y/o este de Hernan, y/o este de Herna, y/o este de “Erna”. Y que vendría a dilucidarse y a significar; “pertenecer a” y en sus acepciones justamente “Leal” o “Fiel”. Pero verán de su gran importancia porque y ahora volvemos a una desinencia tal como -ες (-ez) y que es la concordancia que significó “de” o “desde” para luego derivar en “verdadero”. Esta se le atribuyó a los “godos” pero no se supo de donde lo heredaron, ahora se evidencia claramente donde tiene su verdadero origen. Aquí queda suficiente acreditado, pues se aplicaba cuando se quería indicar que algo tenía una procedencia. Y miren, se decía del nombre derivado perteneciente al padre que “aplicado al hijo” denotaba en éstos la calidad de tales. Así pues “EZ” literalmente en celtíbero entre otros apelativos y acepciones quiere significar “legítimo” y sorprendentemente podemos leerlo por  primera vez en el texto de “El Bronce de Luzaga” y en su acrónimo veintiuno: Τεκες, es decir “Tekez”. Así que aquí es donde leemos ya y por primera vez la significación “de” o si lo prefieren “hijo de” pero nunca lo supimos y ni siquiera lo pudimos sospechar. Así pues, a nuestros antepasados y que tuvieron su origen procedentes “de” o “hijos de” TEKE (Asia Menor) pudo parecerles una nominación apropiada para una tierra que edificaron y que también dio a luz su progenie. Esa progenie, esos hijos, terminaron por ser nuestros ancestrales abuelos y abuelas y eso pude observarlo en el segundo acrónimo, porque aquel bronce nos daba la clave en un nominativo: Καρυο, es decir “Cario”. Y conocía que la Καρία (La Caría) fue una región antigua griega muy relevante de Asia Menor. De La Caría se llegó a decir que el país era demasiado pobre para mantener una gran población, y que los hijos menores viajaron al extranjero para construirse un nuevo futuro. Ese futuro y ese extranjero como sostengo fuimos nosotros, hoy, los actuales españoles. 

Verán, después de tiempos de los íberos y de los celtíberos nadie conocía ni supo hablar su idioma, no obstante en Abril de 2012 ocurrió un hecho sin precedentes. Descubrí que El Bronce de Luzaga tenía su origen en una lengua pre griega, concretamente en la frigia. Una lengua indoeuropea de Asia Menor. Son ellos mismos, nuestros celtíberos, quienes nos confirman a Heródoto y asombrado doy testimonio de todo ello. Me resulta sumamente emocionante, como es natural. Son ellos y no otros quienes nos dicen ser: ΕΛΑΣ... ΚΑΡΥΟ : ΤΕΚΕΣ. Es decir “Helenos, Cario de Anatolia”, ¡Sorprendente! Pero éramos analfabetos de la escritura ibérica y no lo pudimos siquiera sospechar. Era un debate abierto durante siglos y que los historiadores no pudieron resolver. Lo denominaron el problema insoluble de LAS DOS IBERIAS pero la cuestión quedó resuelta en el instante que pude leer una lámina ibérica: “El bronce de Luzaga”. Entonces pude constatar que sencillamente era cierto, que las dos Iberia estaban relacionadas entre sí y entre esas dos Iberia finalmente se fundó Europa. 

Texto de Enrique Cabrejas 

Crédito imagen: Wikipedia

Para saber más: Cabrejas Iñesta, Enrique (Marzo 2015) HIJOS DE TITANES - EL SECRETO ÍBERO - ISBN: 978-84-9095-585-7. Colección: Investigación. Editorial Círculo Rojo. Almería. DEPÓSITO LEGAL: AL 199-2015.







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