Independientes, sus implicaciones

Bienvenidas, por la implicación democrática que significan y por fracturar el monopolio de la política en los partidos, las candidaturas independientes. Sin embargo, debemos situarlas en su justa dimensión para fortalecer el sistema de partidos, esa es la clave de esta coyuntura.

 

. Sin embargo, debemos situarlas en su justa dimensión para fortalecer el sistema de partidos, esa es la clave de esta coyuntura.
Por un lado, es ingenuo pensar que la solución a nuestros problemas es que los ciudadanos nos gobiernen y que los políticos profesionales desaparezcan. Una solución que me recuerda aquel simplismo de que: “sacar al PRI de Los Pinos” traería mejores gobiernos, mejor economía y menos corrupción a nuestro país de forma instantánea. De modo que, ser político no debe ser bueno o malo en sí mismo; lo malo es ser un político corrupto, mediocre y oportunista, como los que abundan.

Los ahora llamados candidatos “independientes” son, primero, ciudadanos que no tienen el respaldo de una institución política formal, pero que, en la mayoría de los casos, se trata de individuos con una trayectoria comprobada en diferentes etapas de su vida pública que ahora han probado que pueden competir, a pesar de los partidos políticos.

Por ejemplo, de los seis candidatos independientes que ganaron en 2015, Pedro Kumamoto (quien ganó una diputación local en Jalisco) es el único que no tiene afiliación con partidos o gobiernos. El resto la ha tenido. El Bronco fue político del PRI por más de tres décadas y en ese periodo fue presidente municipal, diputado local y diputado federal; Manuel Clouthier fue diputado federal por el PAN hace algunos años (ahora como independiente repite en el mismo cargo); el alcalde electo de Morelia, Alfonso Martínez Alcázar, fue dirigente del PAN en Michoacán y legislador local; el edil electo de García, César Valdés Martínez, trabajó en administraciones municipales de PRI y PAN, pero según sus propias palabras, jamás se afilió; y José Alberto Méndez Pérez, quien ganó el municipio de Comonfort en Guanajuato, luego de renunciar a su militancia panista, partido que lo llevó años antes a la presidencia de ese mismo municipio.

Que Kumamoto no tenga vínculos formales con partidos no le quita su naturaleza política y no lo excluye del estatus de ciudadano. Seguramente ha hecho política desde grupos universitarios y redes sociales y puede comunicarse mejor con un segmento creciente del electorado: altos ingresos, educado y en edades entre los 25 y 40 años. Esto es lo atractivo, interesante y revelador.

Por otro lado, ningún candidato independiente ha probado cómo gobernar. Es importante no inflar las expectativas con respecto a los resultados de la gestión de quienes son electos a través de estas candidaturas. Primero, porque enfrentan al statu quo en contra del sistema político completo. El gobernador electo de Nuevo León enfrentará un congreso local dominado por el PAN y el PRI con cero aliados formales. Segundo, porque deberá construir un nuevo modelo de gobernabilidad del que no tenemos antecedente en el país: en coalición, alianza, cooperación, negociación. Habrá que ver lo que suceda en la práctica. Por lo pronto, las expectativas de los ciudadanos pueden caerse de manera estrepitosa al darse cuenta que Jaime Rodríguez tiene que “negociar” y “trabajar” con sus opositores.

Las candidaturas “independientes” no son la salvación del sistema político, pero sí una oportunidad de competencia externa a los partidos. No van a producir de forma automática mejores gobernantes, pero sí pueden alentar que los partidos seleccionen mejores candidatos. No van a terminar la corrupción, pero un gobernante que llega sin las ataduras que con frecuencia se construyen cuando se aspira a obtener la nominación de un partido, puede tener mayor libertad para hacer corte de caja frente al gobierno saliente y simple y llanamente aplicar la Ley y hacer justicia.

Las candidaturas independientes no son para remplazar partidos políticos pero funcionan como complemento y contrapeso al sistema de partidos. Es muy ingenuo suponer que los ciudadanos van a salvarnos de los políticos corruptos y tramposos. Lo que nos salvará de la corrupción, del abuso del poder, de la mediocridad y del mal gobierno es justamente fortalecer el sistema de partidos: mayor rendición de cuentas, mejores reglas de nominación, democratizar al interior, depuración de sus cuadros, fortaleza y claridad ideológica, y responsabilidad frente a los ciudadanos.

Bienvenidas las candidaturas independientes. No obstante, situémoslas en su justa dimensión para fortalecer el sistema de partidos. Esa es la clave.

@leon_alvarez

UNETE



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