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Los Rodríguez tienen que saber:


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29/06/2015


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¿Qué tienen que saber los Rodríguez? Bien, algo que jamás se supo. Es importante, se trata de las razones por las cuales se les distingue con este apellido. Y de Rodríguez, se ha dicho que quiere decir: “Hijo de Rodrigo”. Consideran es herencia de los godos, por lo cual lo atribuyen de manera general al idioma gótico, no obstante no lo encontrarán en ninguna lengua germánica. ¿No es extraño? Sin duda, y lo explicaré en esta columna, el sufijo EZ fue una declinación de nuestros celtíberos. En realidad, RODRÍGUEZ significa “DEL RETADOR”, al descender de -Rodrigo-, que quiere decir literalmente: “YO HAGO (EL) RETO.” 


Y debiéramos mejor decir: Rodríguez -de- Rodrigo y no “Rodríguez -hijo de- Rodrigo”, ya que convendrán conmigo es más adecuado: estupidez -de- estúpido y no “estupidez -hijo de- estúpido”. Sí, miren, se trata de una declinación celtibérica y que era una lengua flexiva, y les apunto que era una lengua helena y de la época frigia (permitan que añada que los celtíberos no eran celtas.) Pero nuestra lengua dejó de lado las declinaciones con la romanización, y más tarde pasó a ser a la vez también una lengua preposicional. Solo que esta declinación residual es una prueba más de que el celtíbero es nuestra lengua y la madre de la que hoy conocemos como la lengua española. Y justo ese patronímico castellano “ez”, es el fósil lingüístico que lo confirma. Es el responsable de que ustedes se llamen: López, González o Rodríguez... Y cierto es que celtíbero y heleno son términos que no casan bien, estaríamos de acuerdo. Es por ello tan delicada y ardua mi tarea de rehacer y rehabilitar en su justa medida esa insólita relación, y porque la lengua ibérica anterior al periodo romano es irreconocible en la lengua española, pero afortunadamente el año 2012 fue la fecha término. ¡Descifré la escritura ibérica! Impensable. Me hago cargo de que esta afirmación pudiera dejarles perplejos, no puede ser de otro modo; pues voy a transmitirles una epistemología que ha estado inédita durante miles de años. Y por raro que parezca, lo que les acabo de desvelar no es una conjetura sino a mi entender, una certeza. Esta novedosa teoría del conocimiento tiene un razonamiento que puedo sustentar empíricamente. 

Verán, los ACRÓNIMOS IBÉRICOS son las primarias frases de uso por los autóctonos (de facto) en la península ibérica y por asombroso que parezca, hoy constituyen los morfemas, fonemas y lexemas del léxico del actual idioma castellano, por ende español. ¿A que nos referimos con Acrónimos? En lingüística moderna un acrónimo, del griego ἄκρος, transliterado como akros “extremo” y ὄνομα transliterado como “onoma” significa NOMBRE. Pueden ser siglas que se pronuncian como una palabra, sí, pero también son vocablos formados al unir parte de dos o varias palabras. Este tipo de acrónimos es el tipo común de uso de la sintaxis íbera y celtíbera. 

Ρο δρι γο / RO •DRI • GO

El primer vocablo se trata de Ρο “Ro” que significa: reto, lucha, liza, combate.

El segundo vocablo es δρι “dri” que significa: hacer, crear, establecer, engendrar.

El tercer vocablo es γο “go” que significa: Yo, quien, alguien, persona.

Así, el primer vocablo, Ρο “Ro” como ustedes saben es el nombre de la decimoséptima letra del alfabeto griego. Verán, por curioso que parezca, los gramáticos latinos a la letra /r/ la llamaron la letra canina, porque este animal en latín es CANE, CANEM o CANIS y a la “littera canina” la justificaron del siguiente modo: “Debido a que el sonido de la doble r, se asemeja al sonido producido cuando el “perro” está enojado, los gramáticos latinos llamaron a la letra Ρ “r” LA LETRA CANINA.” (Crédito fuente: Wikipedia.) Y es que es necesario también conocer que la locución: LA•DRAR originalmente en ibérico significó “HACER /LA/” que no quiere decir otra cosa que “hablar. Más tarde, a la raíz λα “la”, el griego añadió otro vocablo: λείν “leín”, constituyendo un sintagma y dando así un verbo λαλεῖν “laleín”, para decir igualmente “hablar”. ”. Asociada a “perro” hacía referencia a quien es RETADOR o a la VOZ QUE RETA

Luego, el segundo vocablo, y que se trata de δρι “dri”, es una partícula que compromete al idioma español a reconocerse a sí mismo como particular, único y heredero legítimo del legado de la lengua ibérica de nuestros antepasados los iberos y los celtíberos. Pues, fueron ellos quienes trajeron este término a nuestra península, a nutrir al castellano, y viene de una raíz proto-indo-europea, es decir pre-griega y que se trata de ΔΡΑ “dra”. Así pues, Δρᾶ “dra” es un verbo y que pueden verlo fácilmente en el griego ático, épico, dorio y eolio conjugado y expresado en infinitivo lo que significa es HACER, por tanto pronunciado en el modo como se expresaba el aoristo ibérico, sin límite de tiempo correspondería hoy a nuestro presente del modo indicativo: HAGO. 

Y vean, γο “go” y que es la tercera partícula que compone el acrónimo de “Ro•dri•go” y que a simple vista parece querer significar un -γο- “yo”, en realidad es lo que realmente significa. Porque la lengua ibérica es una lengua helena pero hay que atender a que es anterior al alfabeto griego de Mileto, y las palabras frigias muchas carecían de prefijos propios de las palabras griegas áticas, porque γο /go/ es lo que los griegos escribirían posteriormente añadiendo una “e” para decir lo mismo con: ἐγώ, si efectivamente, hablamos tal como aparece de -Εgo-, porque en realidad se trata del concepto “de uno mismo”, en otras palabras: YO.

Fíjense, por favor, ahora, en el caso del ilustre caballero castellano Ruy Díaz de Vivar y que nos ayudará a entender todo esto mucho mejor. Sí, efectivamente, me refiero al tan renombrado héroe de la edad media conocido como “el Cid” y de sobrenombre “el Campeador”. Fue un “batallador” de la época medieval con el nombre de Rodrigo, pero esa denominación era de uso común y ya venía de la antigüedad, y justo por quienes en la península ibérica fueron antepasados suyos y también los nuestros, y a los que llamamos con el peculiar remoquete de “los celtíberos”. (No era su nombre real) déjenme aclarar primero, que por extraño que parezca, nuestros celtíberos no fueron Celtici (celtas) sino Çeltikçi (gálatas), su nombre fue -GARIKO-. Y ahora será necesario cuestionarse de nuestros antiguos iberos y celtiberos ¿cómo denominaban las cosas? Y resulta que cuando ellos hablaban, sus palabras no eran únicamente palabras, sino que además eran nuestras raíces significadas. Eran lexemas como los de: Ρο • δρι • γο. Verán, Rodrigo y “el Campeador” son exactamente lo mismo, porque realmente Rodrigo es una frase: Ρο δρι γο – literalmente (YO HAGO -el- RETO), por tanto es el nombre que recibe quien es o ha nacido destinado para que su suerte se encuentre ligada a la de un “batallador”, en ese sentido es comprensible que algunos expertos  dieran por supuesto que Rodrigo significase “guerrero” derivándolo del alemán, pero siquiera así sería correcto, porque al margen de que nuestros visigodos no eran alemanes, la lengua española todavía menos. Además en idioma español tenemos fosilizado otro nombre conocido por todos y que justo significa “guerrero”, tampoco ahora lo especificaremos porque debemos retomar y centrarnos en Rodrigo. Miren, en cualquier caso, tenemos un nombre que especifica el nombre Rodrigo, era impensable pero es cierto, casualmente es el de “El Campeador”. Explicaré la razón por la cual Ruy Díaz recibió este remoquete. Y quizá se pregunten con mucho criterio que, puestos a poner alias ¿por qué no “campeón” en lugar de “campeador”? Pero es porque son conceptos distintos, ya que en este caso “campeador” no define al vencedor  sino a quien en la antigua tradición caballeresca que es relativa a “retar” o “desafiar” en un enfrentamiento ha de “SALIIR AL CAMPO DE BATALLA.” Pues justo esto mismo significa el calificativo de “campeador”, y no solo sino el propio nombre de RODRIGO que metafóricamente lo representa. Antiguamente, posiblemente se asociara a otros nombre/adjetivo: “bizarro”, “bravo”, en la actualidad con “valiente”, “intrépido”, “valeroso” o “audaz”. De modo peyorativo lo tacharíamos de alguien que en arrogancia es “QUIEN BUSCA PELEA”. Hoy diríamos que es “un busca razones”, “un pendenciero” o “un litigante”. Pero en aquellos tiempos, un seudónimo para una actitud tan beligerante y de abolengo, no era dedicado a “un bravucón” sino que, por el contrario, era muy considerado y honorífico. 

¿Saben cómo “El Cid” escribía su nombre? Pues, de este modo: EGO RUDERICO. Es decir YO, y detrás su nombre traducido al idioma latín, como era preceptivo en la administración de la época. Sin embargo, hay que recordar que su nombre fue Ruy o háganlo extensivo a Rudi, si mejor lo prefieren; de ahí Ruderico. Pero fíjense que los descendientes de los llamados Ruy no serían los Rodríguez sino serían los Ruiz. Y Rodrigo y que hoy está fosilizado en nuestro léxico como un nombre propio no es Ruy, sino el nominativo ibérico que en su caso es apelativo. En castellano lo expresaríamos: “Yo, el Campeador”. Fíjense por favor, es muy importante, porque a nivel lingüístico sus casos nominativos coinciden morfológicamente con el modo con el cual nosotros escribimos, generalmente, los sustantivos masculinos en lengua española. Es decir, los nominativos ibéricos y nuestros sustantivos castellanos se construyen igual. Si son de género femenino finalizarán con una (-a), y si son de género masculino con la (-o). Es mucha, demasiada coincidencia ¿no les parece?  

Así pues, el origen etimológico del nombre castellano Rodrigo está en la locución “YO HAGO (EL) RETO.” Y los “descendientes” de aquellos antiquísimos retadores hoy son los RODRÍGUEZ. Siglos más tarde, tales duelistas que en alguna temeraria ocasión se batieron en un duelo y que se llamaron Rodrigo o Rodríguez, nunca supieron que llevaron implícito en su nombre o apellido su valerosa condición. Las palabras que se construyeron en el pasado con acrónimos ibéricos, hoy son los fonemas, morfemas y lexemas de la lengua española. ¿No les parece primordial recuperarlas? Hoy, recupero y fijo Rodríguez.

Texto de Enrique Cabrejas

Crédito imagen: Wikipedia 

Para saber más: Cabrejas Iñesta, Enrique (Marzo 2015) HIJOS DE TITANES - EL SECRETO ÍBERO - ISBN: 978-84-9095-585-7. Colección: Investigación. Editorial Círculo Rojo. Almería. DEPÓSITO LEGAL: AL 199-2015.







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