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C's: ¡Y ahora de rodillas, contra la pared!


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09/06/2015


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Siento decir que piqué como un pardillo. Los postulados de aparente sinceridad que ha ido planteando en los últimos meses el responsable de Ciudadanos, Albert Rivera, llegaron en un momento a ofrecerme respeto por la rigurosidad y firmeza con que esgrimía sus argumentos. Pero me equivoqué. Nunca pude pensar que el niño guapo, bueno, sensato, y prudente de la trama política de enredo llegaría a comportarse con la saña y la mala leche que está aplicando.


Hay que ser malvado para someter a personas de su igual a la tortura de la duda con la prepotencia con que lo están haciendo el señor Rivera y sus acólitos. Es de una crueldad mordaz mantener durante días y semanas a una persona pendiente de la decisión final que va a adoptar  para decidir con su voto. Además del sufrimiento de la candidata afectada por la misteriosa indefinición de la decisión última, la firma Ciudadanos agrava aún más el compromiso con chulería y prepotencia, sin esconder la amenaza de duda sobre la dirección del voto.

El señor Rivera aprovecha su posición de partido bisagra y voto decisivo para alardear de transparencia, mostrándose inmaculado, impoluto y sin mancha. Por eso quiere que todos sean igualmente puros y castos, y elimine de sus listas a posibles corruptos. Lógicamente esta misión es prácticamente imposible. Tras las desbordantes mangancias políticas que están aflorando a lo largo y ancho de la esquilmada España, es totalmente imposible que cualquier candidatura, sea de derechas, de izquierdas o de centro, incluya en la misma ha conocidos o desconocidos, ocultos, o disimulados chorizos. Sería mágico destaparles ahora, antes del usurpo.

Pero a pesar de este compromiso y de estas cautelas, ni el propio señor Rivera puede garantizar que de sus propias filas salgan mañana o pasado avispados amigos de lo ajeno. O sea, futuros chorizos en letargo. Nadie se puede librar de esta carroña. Por eso resulta demagoga y desproporcionada la proclama de pureza que exhiben los de ciudadanos, exigiendo a los demás para contar con su soporte lo que nunca ni ellos pueden garantizar.

Sorprende aún más que, a pesar de la sinceridad y de los compromisos de limpieza que han mostrado de forma insistente las necesitadas del voto para gobernar, el señor Rivera y sus acólitos siguen presionando con humillaciones de castigo, faltando únicamente que las exijan que se pongan de rodillas contra la pared. 

Todo un drama.  





Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Política

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