JAVIER DYSART
JAVIER DYSART

. Pero estaba equivocado. La irrupción pedante y altanera de Pedro Sánchez en la cabecera del PSOE ha vuelto a destapar el frasco de las ocurrencias simplistas. Algo así como si el señor Sánchez estaría descubriendo una nueva y original fórmula de gestionar los tiempos de la política.
Son numerosas las geniales patochadas que con rotunda firmeza ha ido desgranando el señor Sánchez desde que asumió el liderazgo que ejerce. Tan alucinantes y desmesuradas han sido algunas de las inspiradas propuestas que ha tenido que rectificarse al poco tiempo de emitirlas. Don Pedro Sánchez llegó a situar el independentismo y la violencia machista al mismo nivel con la consideración de “desterremos palabras como crisis, violencia de género o independentismo”. En otra de sus fogosas intervenciones anunció que sobra el Ministerio de Defensa, o también que quería funerales de Estado “para todas las víctimas de la violencia de género”. En otra de sus intervenciones manifestó querer a “Cataluña como nación”. Si bien toda esta serie de manifestaciones espontáneas pueden considerarse oratorias de tribuna en contienda política, la ocurrencia más brillante por desproporcionada, cerril, ruin, sectaria, de menosprecio, de cutre rigor intelectual, de inmaduro pensamiento y totalmente impropia de un demócrata, ha sido la decisión esperpéntica de condenar al Partido Popular al más riguroso de los aislamientos. Algo así como si los líderes, militantes y simpatizantes de ese partido fueran unos apestados. La ignominiosa ocurrencia fue además agravada con el repugnante matiz de poner en el mismo nivel a los populares con los proetarras de Bildu. El secretario socialista, Pedro Sánchez, está en su perfecto derecho de hablar, entenderse, suscribir o acordar asuntos con quienes considere oportuno. Pero lo que no es normal, ni ético, ni educado es que una persona que se proclama demócrata, demanda respeto, y defiende el diálogo entre las personas, proponga medidas sectarias, radicales y carentes de ética para intentar aislar y anular a unos adversarios políticos, nunca enemigos, que cuentan con el aval, el voto y la confianza de millones de ciudadanos. Tengo la sospecha plena de que tal irracional propuesta de aislamiento y de desprecio le puede acarrear al dubitativo secretario socialista, Pedro Sánchez, contratiempos indeseados en su futuro político.