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Un Podemos de derechas contra el nuevo Frente Popular.


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03/06/2015

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¡PREPARÁOS! Colau entra en el juego cual brutal huracán, añadiendo el problema del potenciamiento del secesionismo al tablero, algo que aunque no le atañe a su homóloga madrileña Carmena, el resto de medidas políticas que desea llevar a cabo les iguala en demasía. Un paquete de medidas que se pueden resumir en una sencilla frase: una oda al más tradicional y caduco progresismo políticamente correcto.


Sí, más secesionismo arcaico y sectario, aparte de fuerte freno al turismo, gasto público exacerbado y una pequeña pero gran dosis de sentimentalismo en todos los ámbitos, lo que se podría llamar populismo y demagogia. España vuelve a 1936 con personajes como Colau o Carmena, que son sólo la representación de todos esos nuevos frentes de la progresía que, paradójicamente, terminan siendo la reacción, el atraso, la vuelta a un atrás oscuro y para nada envidiable. Ellos, los que hablan de libertad, democracia y dignidad cuando no hacen más que exigir control y venganza. Ellos, los que postulan el cerrar fronteras y la amplitud de miras y no hacen más que alzar muros artificiales, producto de una de las falacias más que grandes que han inundado nuestro país, que no es otra que la falacia del separatismo. Ellos, el grupo orientativamente llamado -pero a mi modo de ver de forma errada- izquierda política, defensor de los pobres y desamparados, aparente enemigo de las injusticias y las desigualdades, son como los niños pequeños: hablan de solidaridad, igualdad para todos, justicia equitativa, felicidad en tierra, vamos.

Se llenan la boca hablando de derechos, pero olvidando deberes. Parten de una premisa burda y falsa: asocian la idea de España con el franquismo, con la dictadura opresora -en tanto que el franquismo idolatró la idea de España- y por ende, sin mucho razonar -poco saben- rechazan todo lo que suene a español, negándose pues a sí mismos: negando su historia, idioma y cultura, entre otras cosas. Luego asocian España a estado, y echan pestes sobre un estado ''totalitario'' de corruptos y negados, para lo que buscan una solución mejor: MÁS ESTADO (que inteligente, oye). Y como ese horrible y malvado estado, que es España, debe morir, a parte de ENGRANDECERLO, que es la mejor forma de eliminarlo (¡ay, me encantan las ironías!), creemos más estaditos dentro de él (que vaya, ya existen, las inservibles 17 autonomías, nacidas por obra y gracia del peor de los pragmatismos); creemos Catalunya o Euskadi, porque ¡OH! los CIUDADANOS, todos siempre tan cultos ellos, todo tan verdadero y puro, LO PIDEN, LO EXIGEN.

¡PERO QUÉ PANTOMIMA ESTAMOS VIVIENDO! Han hecho que confundamos libertad con control estatal. Han hecho que confundamos España con dictadura, con fascismo. Han hecho que confundamos modernidad con creación de fronteras. Y todo en nombre del benefactor control por parte de un ente de todos los ciudadanos, ''ayudando a los pobres'' cual viejo Robin Hood, Como un padre que no nos deja hacer una carrera, ''por nuestro bien'', ''porque no tiene salidas''. Como un padre que no nos deja salir a los dieciocho años ''porque me preocupas, porque te quiero, y me da miedo que salgas''. En nombre del ''derecho a la autodeterminación'' pretenden malgastar el dinero en un nuevo estado, un nuevo padre más severo y cerrado que manipule todavía más el cerebro de sus hijos, en connivencia con el gran padre de todos, el padre español del que el catalán renegaría en apariencia, pero al que usaría en conveniencia. Todo para continuar disfrazando la sociedad.

Y es que debo de reconocer, o más bien suponer, que las personas que siguen esta línea de pensamiento lo hacen en mayor o menor medida siguiendo sus instintos de mejora de las condiciones humanas, de progreso hacia mejor. Pero las buenas intenciones, para que se materialicen, deben sustentarse en ideas fuertes y planteamientos racionales, alejados de sensiblerías y emotividades extremas. ¿De verdad alguien con dedos de frente piensa en verdad que una parte de España debe tener derecho a decidir separarse del resto, CON LO BIEN QUE VIVEN, HAN VIVIDO SIEMPRE, sobre todo GRACIAS EN PARTE AL DINERO RECIBIDO DE LAS ARCAS DE MADRID? ¿Apelando a un falso SENTIMIENTO DE DEPENDENCIA DEL MALIGNO Y OPRESOR ''ESTADO ESPAÑOL'' que, ahí viene la broma, NO LES DEJA AUTORREALIZARSE? Adornan todo: se basan en sus particularidades lingüísticas y culturales para ESCONDER QUE SE QUIEREN SEPARAR POR LA DEPENDENCIA DE DICHA REGIÓN, LA CATALANA, DE OTRAS REGIONES MÁS POBRES. FALSOS, FALSOS, FALSOS. Eso es lo que son. Y utlizan al pueblo para manipular sus sentimientos y acercarlos a sus fríos y oscuros interes. ¿Derecho de autodeterminación? JÁAA! Me voy a inventar mañana el derecho de autodeterminación de La Coruña, que al fin y al cabo es tan legítimo como cualquier otro. Si es que vamos...

Y a fin de cuentas puedo empatizar con su rechazo completo al franquismo como dictadura: ¿pero al fin y al cabo DEBEN ASOCIARLO TAN FRÍA Y CRUENTAMENTE, TAN INCULTAMENTE CON LA IDEA DE ESPAÑA? ¿Deben por ese perverso estereotipo deplorar sus propios orígenes, su propia identidad, rechazando su más íntima españolidad y deplorando así la bandera, el himno y la propia idea de nación, fomentando así los secesionismo? ¡NO! NO Y NO. Una asociación propia de infantes, de mentes que no han desarrollado del todo su cerebro. Eso es lo que ocurre.

Y entiendo que les aflija, como a cualquier ser humano sensible, la situación de muchas personas en extrema pobreza, la de casos de familias que apenas pueden llegar a fin de mes... Pero antes de erigirse en salvadores de la patria, que nadie se lo pide, (que se metan un poco más en sus propios asuntos, con los que ya les bastaría), deberían comenzar a pensar en las causas de que los españoles estemos así hoy en día, de que precisamente si nos hallamos inmersos en una crisis el problema es el GASTO, aunque les encante GASTAR para sustentar estas familias... porque por mucho que quieran recortar en políticos, si todo lo recortado lo emplean en gasto público... ¡APAGA Y VÁMONOS!

Que no tienen derecho a, con los impuestos de TODOS NOSOTROS, facilitarles la vida a amplios grupos que, por obra y gracia de su providencia, la de la progresía, van a poder vivir del cuento. Tanto los que realmente sufren la crisis por auténtica mala suerte como por los que realmente se la han buscado por haberse creído, en los tiempos del ladrillo, los reyes del mambo. No, queridos, no. Frenar el turismo NO es la solución. No es la solución a la creación de empleo, a la libertad económica. Frenar la economía, frenar la libertad, eso es de soviéticos.

Estoy intentado, cada vez más, huir del tradicional encasillamiento de la sociedad entre derecha e izquierda, Ya lo he ido dejando claro, aunque es complicado escapar de dos tópicos que nos han metido en la cabeza desde que nacemos, tanto libros, como profesores, como políticos, como medios de comunicación. Otro día hablaré sobre las ideas de derecha e izquierda, pero hablando de esto estoy criticando eso, a la ''progresía'', los que defienden el nihilismo existencial sobre la idea de nación, los que apoyan una idea materialista, vacía, hueca y completamente relativista de la identidad humana (hoy puedo ser español, mañana no, y tal -¡absurdo!) en nombre de ''la amplitud de miras'' a la que parecen no saber poner límites, liándose constantemente.

Hoy estoy criticando a los que creen que el progreso se consigue gracias a la mano de una entidad artificial que nos manipula, eso sí, que sirve para hacer justicia y estabilizar desigualdades, pero que luego no hace más que frenar el crecimiento individual de las personas, que no hace más que COARTAR. Hasta critico su nulo respeto a valores religiosos, valores exagerdamente defendidos por un conservadurismo que prefiere que los vele el estado y que salgan del interior del individuo -pueden ver que no soy sectario, aquí caen todas para conservadores y progresistas- valores que, en aras de la época de la supremacía de la razón por encima de todo, el ateísmo es la moda y todo lo espiritual huele a rancio, se mofan de los creyentes, concretamente de los católicos, asociando todo lo que suene católico al universo más negro de la España cañí.

Este progresismo, debería llamarle pseudoprogresismo, intenta ser tan rompedor que acaba olvidando ideas del pasado que, sí se han mantenido firmemente al correr del tiempo, por algo habrá sido. A veces es cierto que debe haber cambios, pero no todo debe mudar completa y radicalmente. No se debe olvidar jamás el ayer. No por presentismo relativista y materialista debemos rechazar y considerar inferior a la religión y a lo espiritual, no por igualar a la mujeres debemos despreciar lo masculino, no admitir diferencias entre ambos sexos o hacer discriminación positiva del hombre. No por progresismo debemos igualar a ricos y pobres, sin entender verdaderamente por qué son ricos, y por qué son pobres. No por querer cambiar todo a mejor debemos sentirnos superiores intelectualmente hacia el que prefiere la virtud de lo ya conocido a lo malo por conocer, y pasos pequeños, racionales y moderados a grandes saltos bruscos. No por pensar siempre en positivo y con supremacía de lo sensible debemos sentir en nosotros mismos el monopolio de la compasión, y el de la verdad.

Parece, pues, que las llamadas izquierdas han decidido unirse cual Frente Popular años 30. Está claro que los verdaderos defensores de la libertad individual, los anarco-capitalistas, liberales, minarquistas, los que no creen en estados, en burocracia, en ideas desgastadas como el separatismo, los que apuestan, de otra forma, por el futuro, y pueden adherirse a aspectos del pasado y a valores que no deberían morir (por mucho que nos pese el arcaísmo de algunos aspectos del conservadurismo) deberíamos, para las elecciones generales, unirnos en un frente de ''derechas'' -desgraciadamente la gente sólo se identifica con la división entre derecha e izquierda- que consiga desbancar a este nuevo grupo que no hace más que emular a su alma mater del pasado siglo, al universo de su idolatrada izquierda pre-guerra civil.

Podemos, SÍ PODEMOS. Pero ''de derechas''.



Etiquetas:   Elecciones   ·   Política   ·   Izquierda   ·   Derecha   ·   España

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