. Allí hallaron unas
placas que contienen los textos ibéricos más extensos encontrados jamás. Se
conservan en el Museo Provincial de Zaragoza. Justo ahora me encontraba delante
de esas enigmáticas escrituras que recibía el nombre de Botorrita I y I-II.
¿Podría descifrarlas?
Tenía la plena confianza de que las podría transcribir. Sabía que lo iba a
lograr. Meses antes había elaborado la Teoría de Acrónimos Ibéricos, descifrado
la escritura ibérica y transcrito otra lámina: “El bronce de Luzaga”. Así que
tenía la experiencia necesaria que ni en el mejor de los sueños pensé alcanzar.
Ahora me consideraba un especialista. Descifrando la escritura ibérica tuve la
oportunidad de tener un nuevo asomo hacia ellos y hallar sus auténticos
orígenes. ¿Pero estos otros enigmáticos bronces? ¿Qué misterios ocultaban? Todo
aquello era tan interesante, tan emocionante y tan inédito que asustaba, pero
me mostraba confiado de que lo podría realizar y concluir. Sabía, que como
ocurrió con el anterior texto tendría que hacerlos público, pero, mientras me
fuera posible, lo disfrutaría como una gran experiencia personal. Y cuantas
ganas tenía por empezar. Ponerme de nuevo a trabajar en esas sobrecogedoras
epigrafías.
Miren, en mi sincera opinión, no hay nada más parecido a la realidad que la
Mitología. Vivimos en un mundo donde todo parece ser lo que es, sin embargo
nada es sino solo lo que parece. Los antiguos helenos lo sabían muy bien. Su
modo común de denominar a las cosas era de ese modo, por su apariencia. Los
iberos lo hacían de la misma manera. Y en ese sentido, la palabra “mito” en sus
inicios no fue lo que hoy en día nos parece. No tuvo el significado que tiene
en la actualidad, sino otro bien distinto. Μιτο que se escribe igual tanto en
griego como en castellano, significó en sus inicios “la palabra”. Pero y los
iberos... ¿qué misterios podrían haber testimoniado? ¿Qué enigmas nos
ocultaban? ¿Nos hablarían acaso de su historia? ¿De su sociedad? ¿De su
cultura? ¿De sus noticias? ¿De sus políticas? ¿De su religión? ¿De qué...? Les
confieso que empezaba a conocerlos un poco mejor, y tenía una ligera sospecha
de lo que me iba a encontrar, aunque obviamente no conocía nada en concreto o
en particular de lo que podría haber en esas placas, pero sí que intuía sobre
qué asunto podrían haberlo hecho y con mucha probabilidad. ¿Podrían darnos esas
láminas las claves? Pronto saldríamos de dudas.
Ahora conocía su idioma, y sus alfabetos epichorikos los tenía tan
interiorizados como cualquiera de las otras nueve lenguas que por aquel
entonces ya hablaba. Soy políglota, y además para aquel entonces tenía abastos
conocimientos de lenguas antiguas. Su lengua era fascinante, y mostraba un
pensamiento más complejo del que jamás se pudo pensar. Otra dificultad, es que
habría que averiguar en qué modo dialectal del griego antiguo, arcaico o
anterior lo hacían otros íberos. Meses atrás hallé que los Carpetanos lo hacían
en el modo frigio, y ahora tendría la oportunidad de ver como lo hacían los que
grabaron estos otros bronces. Así, pudiera ser bien un dialecto del grupo del
Oeste, es decir del Noroeste o dorio. Si acaso fuera Eolio podría ser de las
regiones del Egeo, Asiático Eolio, Tesálico, Beocio. Pudiera ser también del
grupo Jónico, es decir, Ático, Eubeo, Jónico Asiático o bien de las islas
Cíclades o Acadio-chipriota. ¡Qué gran lío! pero tan emocionante a la vez. Sin
embargo por la experiencia anterior, conocía que probablemente terminaría
siendo una lengua anterior a estos mismos dialectos, pero helena y que
posiblemente la conocieran no solo griegos, sino también otros. Veríamos.
Porque sabía que quienes se establecieron en nuestras regiones no solo fueron
griegos sino profusamente Ilirios, Macedonios, Tracios, Getas, Lidios, Licios,
Cario, etc., y que hablaban lenguas que tuvieron su origen en el este, en
Anatolia, la gran cuna de las lenguas. Y alguna de estas, tenía no cinco sino
hasta siete casos para declinar. Espectacular, dado que tendré que lidiar, nada
menos que, con un nominativo, un genitivo, un acusativo, un dativo, un
locativo, un vocativo y hasta con un instrumental. Así que una de las cosas que
me resultaba importante de determinar y que me ayudaría a descubrir de qué
estamos hablando, sería encontrar primero el modo dialectal, y luego ver qué
clase de declinaciones colgaban de la mayor parte de los textos.
Así di un primer vistazo, y vi que al igual que el bronce que transcribí de
nuestros Carpetanos, es decir, de los Karyo “Cario”, ahora los supuestos Belos
de Belaisca Contrebia hablaban la misma lengua, pero, con algunas ligeras
variaciones. El acento también era distinto, pero sin duda se trataba del mismo
idioma. Para entender aquello tenía una pista importante en la Ilíada,
abiertamente para mí fue primordial. Si hacemos caso a lo que nos reveló Homero,
claro. Miren, ahora resultaba fundamental conocer ese detalle y, es que resulta
que nos informó de que los dioses Zeus, Ares y Apolo estaban del lado de los
Troyanos mientras que Hera, Atenea y Poseidón apoyaban a los griegos en la
Guerra de Troya. Según esto, es obvio que los griegos no solo ganaron la guerra
sino que también los dioses de sus oponentes. En origen no fueron dioses suyos,
pero luego constituyeron parte, en grado máximo, del Panteón griego. Y hasta el
punto de que siempre se consideraron como dioses griegos cuando todo indica de
su adopción. Ese determinante indicio fue decisivo, porque si daba con
los dioses que dieron culto quienes escribieron nuestros textos en la
península, podría conocer mejor quienes eran ellos, y también cuál era su
idioma.
Verán, el 7 de Noviembre de 2013 descifré el Bronce de Botorrita I, y días
más tarde, el día 19 de Noviembre de 2013 di por finalizada la transcripción
del segundo bronce de Botorrita I-II. Descubrí que las placas Botorrita son
unas reliquias extraordinarias. En ellas se guarda veneración a los dioses
helenos Titanes de nuestros antepasados. Son los textos sagrados de nuestros
llamados íberos, dentro de otra doctrina y época; serían equivalentes
litúrgicos a las sagradas escrituras del cristianismo. La primera placa es una
ofrenda invocada a la diosa LETO. Nada menos, que a la madre de Apolo y esposa
de Zeus. Es una auténtica Letanía, como nunca la vimos antes y que revela la
razón por la cual, tiempo después, y con la llegada a la península del nuevo
culto, los elogios y las suplicas a Nuestra Señora la Virgen María, recibirían
no otro, sino también el mismo nombre de LETANIAS. Por otro lado, el segundo
bronce se trataba de una LIBACIÓN. Una ofrenda al hijo de la gran diosa La
Señora Leto de Asia Menor, y ese hijo consiguientemente se trataba del dios
Apolo, al cual ellos llamaban APULU. Me di cuenta que hasta en 18 ocasiones,
nada menos, se invocaba su nombre. Confirmando de ese modo y mediante la
metodología que apliqué de la “Teoría de Acrónimos”, que la península ibérica
fue una tierra PANHELÉNICA en la antigüedad, y que el origen, a ciencia cierta,
tanto de los íberos como de los celtíberos se encontraba en Asia Menor, o como
ellos la llamaban entonces: Teke.
Para saber más: Cabrejas Iñesta, Enrique (Marzo 2015) HIJOS DE TITANES - EL SECRETO
ÍBERO - ISBN: 978-84-9095-585-7. Colección:
Investigación. Editorial Círculo Rojo. Almería. DEPÓSITO LEGAL: AL
199-2015.
Texto: Enrique Cabrejas
Crédito imagen: Wikipedia