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TOLEDO lleva el nombre de una diosa “¡Oh! Ledo”


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26/05/2015


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Toledo es “¡Oh! Ledo”, es un enunciado para el titular de esta columna pero, sin duda, créanme que quedarán muy sorprendidos de lo que voy a exponerles a continuación, incluso conmovidos a medida que avancen en la lectura sobre esta ciudad santificada. No se imaginan lo que he de anunciarles, es demasiado asombroso, porque descubrirán una ciudad de Toledo que jamás llegaron ni por asomo a imaginar. Les transmitiré un conocimiento inédito que solo pude alcanzar a través de descifrar la escritura ibérica. Y es que como bien podrán constatar, a partir del presente, nuestras ciudades ibéricas, fueron y son claros Teónimos. 


Fueron nombres dados en la temprana edad de bronce por los iberos y los celtíberos, y aquellas antiguas denominaciones constituyen nuestras actuales toponimias que quedaron bajo amparo y protección, dedicadas al culto de las primordiales deidades de nuestros antepasados. No hubo nada más importante, para ellos, que dar cabida en su fervor religioso, a la adoración plena de sus dioses. 

Miren, Toledo no es una ciudad como las demás, todas son hermosas, pero Toledo tiene algo que no todas poseen, y no es solo por su encanto e interés, sino que se trata de un enclave bendito, extremadamente sagrado, aun esto se desconociera antes. Es un lugar santo y ya antes de la hegemónica cristiandad. Este país y que se declara laico, tiene un vínculo religioso y devoto que va más allá de los tiempos del cristianismo. Y cuando un enclave es bendecido por sus fundadores, lo seguirá siendo siempre, no importa quién llegue y lo habite después. Siempre atraerá como un poderoso imán al resto. Se percibe como tal, desprende todo su magnetismo, magia y misticismo litúrgico, hasta el punto incluso de crear y de ser el lugar de peregrinaje de otros nuevos enigmáticos mitos y leyendas, y eso se contempla perfectamente en Toledo. Y alguien podría pensar que ese punto no fue buscado como el centro de gravedad para sucesivos reinos, que fue por una casualidad y podría pensarse de tal modo, pero me consta que no fue así, y de su determinado afán por ser promediamente el sitio central y santo escogido. El impacto visual que me produjo Toledo, fue tan profundo que comprendí desde el primer momento de qué se trataba. Hay que entender cómo es rodeada por su río Tajo, y al elevarse desde un promontorio rocoso que pretende unirse en una gran y desde antaño alianza con Dios. 

Toledo, la que fue capital del Reino de Castilla, la ciudad española situada en el centro de España, a 70 km al sur de Madrid, Capital de la provincia de Toledo y de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, la historia de la ciudad se remonta a la Edad del Bronce, y tenemos abastas pruebas de que fue un enclave  e importante centro Carpetano hasta su conquista por los romanos en 193 a. C. Por tanto, hemos de viajar a los comienzos de la villa, pues fue donde toda esta maravillosa epopeya se dio inicio, porque sus fundadores, dieron el nombre a la ciudad, y luego sus sucesivos pobladores fueron moldeándolo, pero aquel dado por sus antiguos pobladores, sorprendentemente, fue respetado. TOLEDO fue originalmente en su fundación y mucho antes de llamarse con la llegada de foráneos romanos TULETUM, la bendita ciudad de TOLEDO. Sí, aunque les cause extrañeza lo han oído perfectamente, les estoy justo diciendo que Toledo siempre se llamó Toledo y desde el principio, que nunca varió. No importa cómo le llamaran los romanos. ¿Qué quisieron significar los carpetanos con este nombre? Miren, TOLEDO es un acrónimo, igual como todas las otras ciudades Carpetanas. Es TO • LEDO. ¿Saben que quiere decir esto? Pues nada más y nada menos que un elogio a la diosa LETO o LEDO. ¡Sí, asombroso! llamaron a Toledo con la misma admiración que lo haríamos hoy nosotros al contemplar la ciudad: “OH! LETO” o “La LEDO”. Pero recordarán que les dije que Toledo siempre fue Toledo y que jamás varió, y que ese es su nombre original y desde el comienzo. Eso no lo he explicado. Miren, los romanos llamaron a la ciudad TOLETUM, dado que dijeran lo que dijeran sobre los iberos y los celtiberos, y ellos sabrán sus arcanos motivos, por cuales no nos dijeron públicamente quienes eran, lo cierto es que en privado, conocían que los iberos y los celtíberos eran pueblos helenos, y que la ciudad estaba dedicada a la diosa Leto, de otro modo no la hubieran rebautizado Toletum o Tuletum. El nombre Toledano comenzó y transitó: TOLEDO-TOLETUM, para regresar de nuevo a TOLEDO, porque a pesar de Roma, nunca cambió. Siempre fue vocalizado por los autóctonos como /TOLEDO/ y eso tiene una explicación. No sé si conocerán que a la diosa LETO, y eso está suficientemente acreditado de fuentes clásicas, dialectalmente en idioma Licio se la llamaba LEDA (mujer) -de Zeus-: TOLEDO es el caso nominativo.

Verán, en Abril de 2012, ocurrió un hecho sin precedentes en nuestra historia universal. Descubrí que El Bronce de Luzaga, escrito en íbero septentrional, tenía su origen en una lengua anterior a la griega, concretamente frigia. Una antigua lengua proto-indoeuropea de Asia Menor. Los celtíberos grabaron el texto usando un alfabeto epichorikos, quiere decirse, y en este caso -un alfabeto propio-, y los vocablos guardan perfecto significado con el griego frigio, incluso con el antiguo lidio, licio, jonio y dorio, contenido en las raíces del griego Koiné, que significa “lengua común” o también llamado griego Helenístico. Son ellos mismos, quienes nos confirman al geógrafo Heródoto y yo, asombrado, solo doy testimonio de ello. Me resulta sumamente emocionante, como es natural. Y son ellos y no otros, quienes nos dicen ser: –ΕΛΑΣ... ΚΑΡΥΟ: ΤΕΚΕΣ–. Es decir, “Helenos, Cario de Anatolia”. ¡Sorprendente! Pero es que éramos analfabetos funcionales de la lengua ibérica, y no lo pudimos ni siquiera sospechar. Era un debate abierto durante siglos, y que los historiadores no pudieron resolver. Lo denominaron el problema insoluble de LAS DOS IBERIAS, pero la cuestión quedó resuelta en el instante que pude leer una pequeña lámina ibérica: “El bronce de Luzaga”. Entonces pude constatar que ¡Sí! Que era cierto. Las dos Iberia estaban relacionadas entre sí, y entre esas dos “Iberia” se fundó Europa. El mundo quedó listo para recibir la llegada de los nuevos y modernos conquistadores.  

Miren, habrán escuchado en muchas ocasiones, si no la han exclamado ustedes mismos, la famosa interjección: Carpe Diem, es decir, “disfruta el día”. Está pronunciada en latín, pero su origen está en el griego: καρπός “karpós”, que es de donde procede el nombre de Καρυο “Karuo” y que significa fruto. CARPETANO y CARIO es lo mismo, solo que Estrabón y otros eminentes geógrafos clásicos únicamente pudieron darnos nombres que estaban traducidos, afortunadamente puedo leer las fuentes ibéricas directamente y eso me permite conocer fehacientemente de quienes se trataba en realidad. Y la emblemática ciudad de los carpetanos “Ikesankom”, muestra una genealogía de raíz celtíbera que ustedes conocen más que bien, puesto que ha llegado hasta nuestros días, y a través de los tiempos. Es un nombre próximo a nuestros sentimientos más sagrados: ΙΚΕΣΑΝΚΟΜ, y que en griego posteriormente intercalarían la “ι” de ΙΚΕΣΙΑ. Es el vocablo que da origen a una palabra tan conocida y significativa para nosotros como es la de IGLESIA. Observen el cambio de la “k” por la “g”, al escribirlo en grafía latina. ΙΚΕΣΑΝ en celtíbero significa “LAS SUPLICAS” “LAS ORACIONES”. Un acrónimo escrito y que es otra institución ibera. Cómo se pueden imaginar ΚΟΜ significa “congregación”. Kom+unidad “comunidad”, es un acrónimo de nuestro idioma. Tan sencillo e ignorado como eso: ΙΚΕΣΑΝ • ΚΟΜ literalmente significa “LA ASAMBLEA DE LAS ORACIONES”. Celtíbero y Heleno son palabras que no casan. Es por ello tan delicada y ardua mi tarea de rehacer y rehabilitar en su justa medida todo este enorme desatino, sabiendo que no podré hacerlo completamente, si no es con su apoyo y la ayuda de todos. Así que ahora nos acercaremos a uno de nuestros orígenes para conocerlo algo mejor, pues antes lo ignorábamos. Sin embargo ahora su conocimiento nos lleva directamente al punto de equilibrio de nuestra historia. Verán, los historiadores señalan el origen del nombre Kαρία “La Caría” como un epónimo derivado de un rey cario llamado Κάρ “Car”. Y todo apunta a pensar que los pueblos que constituían La Caría eran los Κάρυο del Cáucaso aunado a los Καρικός, los Misios, los Lydios y Lycios. Es normal que todos quisieran atribuirse la fundación de La Caría pero el caso es que para nosotros, en definitiva formaban un sólo pueblo. Pero incluso Κάρυο dicho en latín: Carpitano, o en castellano Carpetano, Cariota, Cario, todo hace referencia al mismo concepto pero dicho de modos distintos. 

Ahora nos adentraremos en la historia de La Caría y que estaba situada al suroeste de la Turquía moderna con capital en Halicarnaso, la actual Bodrum. Originariamente fue fundada por los helenos. Los Καρ y los Καρικός y eran una parte de los hermanos mayores de nuestros llamados celtíberos y se mencionan en los textos cuneiformes datados de la antigua Asiria y en los imperios hititas. Tras estos textos, el primero que sepamos en mencionar nuevamente a los cario es el conocido poeta griego Homero. Lo hace en el Catálogo de Naves y dice de ellos que vivían en Mileto, en la península de Micala a orillas del río Meandro. Se refiere al río Menderes de la península de Asia Menor y que desagua en el Mar Egeo. Y está en lo cierto, puedo confirmarlo dado que Menderes significa en realidad “gran meandro” y efectivamente está situado cerca de la antigua ciudad jónia de Mileto, tal como él dijo. Fíjense, por favor, visualicen TOLEDO por unos instantes. ¿No les recuerda nada ese meandro? De La Caría se llegó a decir que el país era demasiado pobre para mantener una gran población, y que los hijos menores viajaron al extranjero para construirse un nuevo futuro. Ese futuro y ese extranjero fuimos nosotros, los actuales españoles y los cario, traducidos por carpetanos fundaron un pueblo dedicado a su estimada diosa LETO, una ciudad sagrada, TOLEDO.

Texto: Enrique Cabrejas

Crédito imagen: Wikipedia















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