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La incertidumbre del 24M.


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24/05/2015

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Mucha intriga por estas elecciones. Las primeras elecciones desde el nacimiento de nuestra democracia con cambios fuertes, con partidos nuevos, con espíritu de regeneración, de transformación, de dar un paso más. 


Por un lado, confirmación del espíritu izquierdista que impera en una amplia parte de la ciudadanía española. Un espíritu moderado y radical, pero eminentemente admirador de lo público, lo colectivo, lo común. Un espíritu que desea seguir siendo gobernado, que desea seguir teniendo amos, que desea seguir siendo el proletariado que vive de las migajas del Politburó. Y esto es así, no nos engañemos, seamos francos.

De cualquier modo, es sano que haya nuevas formaciones, que existan nuevas asociaciones producto de las opiniones y necesidades ciudadanas. Pero por culpa de la vulgarizada democracia en la que nos hayamos inmersos, lamento profundamente que nuestra mentalidad no de para más, y legitime los postulados de grupos que, si hoy viviésemos en 1789 o 1917, no difererían de los jacobinos franceses o los bolcheviques rusos.

Eso es Podemos, los herederos del leninismo y el estalinismo, los admiradores del castrismo y el chavismo. Podemos, el ala izquierda de una Izquierda Unida que se ha quedado anquilosada, pero que sigue creyendo en el marxismo, el comunismo, que sigue falseando la historia ondeando tricolores y recuperando los fantasmas de los muertos en la Guerra Civil. Pero sólo los asesinados por los nacionales. Yo a eso le llamo sectarismo.

La izquierda, eso son Podemos en su visión más extrema, y eso es Izquierda Unida en otra visión algo más moderada, pero derrotada por la pasión radical de la nueva formación del coleta. Pero izquierda también es el PSOE, la vertiente más cerca del centro, pero clara admiradora del socialismo.

Me alegra saber que han nacido otras opciones con principios admirables, como Ciudadanos o Vox, aunque me duele que con su nacimiento hayan formado una brecha entre una mayoría sociológica liberal y conservadora, la única mayoría española con cierto sentido común, sincera, racional y realista. Ciudadanos, el intento de regeneración de una política sin etiquetas, algo complicado y antinatural para mí gusto el prescindir completamente de las ideologías, y Vox, una formación quizá demasiado conservadora en algunos temas, pero la gran defensora del liberalismo económico, y la gran formación enemiga del gasto público supérfluo, de los derroches y despilfarros de una administración nefasta, de una burocracia, la española, que parece el más puro reflejo de la soviética, por su nivel de ineptitud, enchufismo y corrupción.

Para que luego se tilde a Vox de ultraderecha y reaccionario, cuando los verdaderos reaccionarios son los perrofláuticos izquierdosos que contaminan nuestra sociedad actual, los seguidores del vástago del Che Guevera, los que todavía, en el segundo decenio del siglo XXI, no han conseguido superar el Mayo del 68, o el derrumbe del Muro de Berlín, los que siguen dándole vueltas a la lucha de clases, a un conflicto esencialmente decimonónico entre burgueses y proletarios.

Asimismo me apena que formaciones tan admirables como Ciudadanos y Vox no encuentren su hueco dentro del único partido con peso en España capaz de contener esa suerte de neomarxismo potenciada por la nueva gran formación de Podemos. Me apena que estos dos partidos no encuentren hueco en el seno del Partido Popular, el único partido con peso de corte más o menos liberal, cuando realmente son, a mí parecer, muchas más cosas las que les unen que las que les separan. Me encantaría, pues, que el PP y Ciudadanos se diesen la mano y aparcasen sus diferencias, asociándose así fuertemente contra esa amalgama de partidos de izquierda que no harían más que, si se aliasen, arrollarnos de nuevo al caos más absoluto, digno de las épocas de ZetaPe.

Por ello, mi voto de hoy no es únicamente para el Partido Popular como el gran muro contra el populismo que hoy corroe España, sino para una posible y deseada alianza entre el PP y Ciudadanos, sobre todo en lugares críticos como Madrid, que se bate entre el liberalismo conservador y la extrema izquierda demagógica.

En un momento en el que UPyD ha caído en picado, Izquierda Unida más de lo mismo y el PSOE hace un ridículo intento de volver a afianzarse como alternativa real a la derecha, la única opción fuerte es la alianza entre Ciudadanos y el PP, los únicos modelos de liberalismo con peso que hoy en día nos quedan como esperanza a los que realmente defendemos con fervor absoluto el valor más preciado del ser humano: la libertad individual.

¡Espero que hoy, entre tanta incertidumbre, gane la batalla el sentido común!



Etiquetas:   Elecciones   ·   Política   ·   Derecha   ·   Neoliberalismo

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