Conflictos electorales...

Por varias razones, estamos ante un proceso electoral peculiar. Enumero tres: Primero, porque se trata de una elección sobreregulada y con un órgano “autónomo” de nueva generación, debilitado y partidizado. Segundo, porque la sombra de la violencia y la inseguridad asoman con desestabilizar algunas entidades que tienen tradición beligerante y que, tras los alegatos partidistas, dejan ver problemas políticos muy focalizados derivados de intereses en pugna desde hace décadas; incluso, disputas relacionadas con territorio y trasiego de estupefacientes. Tercero, porque contra toda lógica, el partido en el poder sigue arriba en las encuestas a pesar de que la economía y las cuentas que hasta ahora entrega a los ciudadanos no son favorables.

 

. Enumero tres: Primero, porque se trata de una elección sobreregulada y con un órgano “autónomo” de nueva generación, debilitado y partidizado. Segundo, porque la sombra de la violencia y la inseguridad asoman con desestabilizar algunas entidades que tienen tradición beligerante y que, tras los alegatos partidistas, dejan ver problemas políticos muy focalizados derivados de intereses en pugna desde hace décadas; incluso, disputas relacionadas con territorio y trasiego de estupefacientes. Tercero, porque contra toda lógica, el partido en el poder sigue arriba en las encuestas a pesar de que la economía y las cuentas que hasta ahora entrega a los ciudadanos no son favorables.
Respecto a la sobrergulación, espere usted, estimado lector, que tras finalizar el proceso electoral, nuevamente, los propios partidos modificarán las reglas de juego. Nadie quedará satisfecho de una reglamentación tan compleja y ante Consejeros cuestionados y parciales. Quizás lo más grave que se ha perdido en este proceso es la legitimidad y pulcritud del órgano electoral. Lejos quedó aquel IFE que fue ejemplo de la organización de comicios para países de Centro y Sudamérica y Europa del este. Entiendo que en una transición democrática haya que hacer ajustes en el camino; pero, en este caso, sí se le pasó la mano a la clase política. Centralizarlo, me parece, ha sido el error más grave de todos los posibles. Estamos a tiempo de rescatar al INE si es que los partidos pretenden ganar algo de la confianza que han perdido de los electores. Requerimos un instituto electoral transparente y capaz de poner orden y hacer frente a la partidocracia. Necesitamos un árbitro que lleve a cabo procesos electorales con menos recursos, menos legalistas y más desafiante ante los intereses del gobierno y de partidos políticos oportunistas que sobreviven al límite de la Ley. Todo esto depende de la clase política que, nunca como hoy, ha estado tan descalificada por los ciudadanos.

En lo que concierne a la violencia desatada en algunas entidades y distritos, destaco tres puntos de conflicto que no ponen en riesgo el proceso electoral en sí, pero sí suponen un desafío enorme para el INE, pero también para el gobierno si no se logran legitimar las elecciones. Hay presencia de grupos paramilitares o autodefensas en los tres y son conflictos que no tienen que ver con el proceso electoral, sino con viejas demandas y pugnas de ciertos grupos de interés de cada zona específica. La corrupción política y el narcotráfico son endémicos. Hasta el momento, se han perpetrado siete asesinatos en candidatos y alcaldes de algunos de sus municipios.

El primer foco rojo está en Oaxaca. La Sección 22 del magisterio de aquella entidad ha puesto en jaque a la autoridad estatal y hasta federal. Lo que los maestros disidentes de Oaxaca piden es imposible: derogar la reforma educativa; reestablecer las plazas automáticas para egresados de las normales rurales; aumento salarial del 100%; que aparezcan con vida los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Todo ello está fuera de toda proporción lógica.

El segundo, nada despreciable, es Guerrero. Los problemas se focalizan en Tlapa, y Chilpancingo. Ambos puntos son la frontera y zona neurálgica de la Sierra Grande de Guerrero en donde 90% de la población es indígena y 70% analfabeta. Es una zona que cuenta con algunos de los municipios con mayor marginación del país. Tiene importantes yacimientos mineros y ahí se cultiva amapola y mariguana. Es una zona altamente conflictiva y volátil desde siempre. El desafío del gobierno en los tres niveles es inmenso: educación, salud, agua potable, drenaje, economía…

El tercero, es Michoacán.  A pesar de que se nombró hasta un Comisionado para atender los problemas de aquella zona y se depuso al gobernador (Fausto Vallejo) y algunos de sus principales colaboradores y presidentes municipales por sus vínculos con el narcotráfico, los problemas son ancestrales y tienen que ver, también, con una enorme corrupción política y narcotráfico. Lázaro Cárdenas, Michoacán, es un punto de comercio de llagada y de salida de innumerables productos pero también de estupefacientes que vienen de Sudamérica y son trasladados a la Unión Americana y Asia. Hay una fuerte pugna política entre el PRI, PAN y PRD, por si fuera poco.

Luego vienen los pleitos callejeros (y electorales cien por ciento) en entidades como San Luis Potosí, Distrito Federal (Cuajimalpa, Iztapalapa, Cuauhtémoc), Nuevo León y Sonora. No son problemas nimios; pero, a diferencia de Oaxaca, Guerrero y Michoacán, estos conflictos sí pueden considerarse parte de este proceso electoral. En la mayoría de los casos, los candidatos o jefes políticos locales (gobernadores) han sido acusados y evidenciados por sus actos de corrupción y el uso de recursos públicos para favorecer a determinado candidato. Del mismo modo, las campañas sucias entre los candidatos a Gobernador y Diputados no ha faltado en el escenario. En todos los casos, la diferencia entre candidatos que se reportan en diferentes  encuestas, es mínima, por ello se agudizan los conflictos. El caso de Nuevo León destaca por el candidato independiente “El Bronco”.

Por lo que respecta al tema de las preferencias electorales reportadas por las principales casas encuestadoras a nivel nacional, todas, a favor del PRI, a pesar de que no ha hecho un buen papel en el gobierno, se asoma el fantasma de la sobreestimación a favor del PRI. Las casas encuestadoras traen tras de sí una mala imagen respecto de la elección que se llevó a cabo en 2012 y tal parece que ese fantasma se repite en esta elección intermedia. La evidencia histórica indica que en cualquier elección intermedia, el partido en el poder, inevitablemente, se desgasta y es castigado en las urnas. Máxime si los principales indicadores económicos y de bienestar del país no reportan mejoría. Esto es la realidad actual. Sin embargo, es innegable, también, que en la mayoría de los distritos (a excepción de la gubernaturas en juego), el PRI no tiene cuadros oponentes de buen talante o envergadura y, tras doce años en los que la oposición desperdició su poder y alcance, ahora la gente puede optar por un “malo por conocido que bueno por conocer”. O simplemente opte por el “menos malo” de entre toda la caballada. Esta es una lectura que también puede extraerse de las encuestas casa por casa.

Por varias razones, estamos ante un proceso electoral peculiar. Desafortunadamente, no pintan bien las cosas para el INE al finalizar la contienda y, como si se tratase de rounds de sombra, la contienda más bien es una prueba de fuego para el proceso electoral del 2016 y el 2018. En fin, prepárese para las impugnaciones y los conflictos postelectorales.

@leon_alvarez

UNETE



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