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Pueden acarrear votos, simpatías y, en muchos
casos, consiguen desestabilizar a los candidatos para cometer errores
garrafales. El ejemplo exitoso más reciente es el episodio de AMLO en la
campaña presidencial del 2006, año del “cállate
chachalaca”, que propició el inicio de su caída en aquella contienda.
En
este sentido, es el PAN el partido que más se ha encargado de utilizarlas.
Tanto, que ha sido el sello de la casa a lo largo de dos procesos federales
intermedios y dos campañas presidenciales en las que, en suma, como hemos
constatado, perdieron paulatinamente posiciones en el Congreso y el Senado y, a
la postre, la Presidencia de la República.En
los hechos, las campañas negativas per sé
han demostrado que polarizan y pulverizan al elector. Eso lo debe haber valorado
bien Acción Nacional antes de insistir en utilizarlas de nuevo en esta campaña
del 2015. Si consideramos ahora la nueva Ley Electoral (LEGIPE) y el tiempo tan
corto de duración del proceso, todavía con más razón debieron ser sensatos en
equilibrar su discurso en medios de comunicación. Hoy, a mitad de la contienda,
Acción Nacional, de acuerdo a mediciones de Parametría (y en línea con mediciones
de Buendía & Laredo, Mitofsky y Ulises Beltrán), en abril, cayó cuatro
puntos al pasar de 27 a 23% de las preferencias electorales. Esto es un riesgo
y un gran problema para el PAN: a un mes y medio de culminar el proceso
electoral, se ubica en niveles por debajo de su mínimo histórico en campañas
intermedias que es 25% de las preferencias. Deben estar muy preocupados.Como
en todo proceso intermedio donde la militancia es la que defiende los distritos
de cada partido, esta situación por la que atraviesa el PAN, nos indica que su
voto duro está desanimado y no están de acuerdo en cómo Gustavo Madero y
Ricardo Anaya han conducido al Partido y se han acercado a Peña Nieto. Evidentemente
que el proceso interno en donde fue reelecto Madero, resquebrajó al partido y
estas son las consecuencias.Al
final de cuentas, para nuestra incipiente democracia, está en riesgo el
equilibrio en el Congreso y la perdida de espacios legislativos para Acción
Nacional importantísimos para la segunda mitad del sexenio de Enrique Peña
Nieto. Es con ese objetivo a donde debieran apuntar los esfuerzos de un partido
y el único que lo está haciendo con ese afán es el PRI, y su mejor aliado en
este proceso, el PVEM. De mantenerse esta tendencia en las preferencias
electorales, ambos partidos obtendrían la mayoría en la Cámara de Diputados sin
la necesidad de otra alianza; inclusive, podrían remasterizar la famosa
“Roqueseñal”.Falta
la segunda parte de esta mini-campaña electoral. Todavía pueden suceder algunas
situaciones inesperadas; pero, de mantenerse esta tendencia, insisto (no hay
razones en el ambiente para pensar lo contrario), de encontrarnos en una
competencia electoral de tercios (PRI, PAN y PRD, en ese orden), pasaremos a
contiendas de cuartos (PRI, PAN, PRD y PVEM, en ese orden); es decir, el voto
se fragmentaria y se agregaría un partido incómodo pero muy efectivo para el
PRI: el Verde Ecologista entraría como la cuarta fuerza electoral por número de
votos y la quinta en número de curules en el Congreso. Malas noticias para la
democracia mexicana, buenas noticias para el PRI, el PVEM y el grupo político
del Presidente. Pésimas noticias para Acción Nacional porque perdería más
espacios en el Congreso.Leonardo
Alvarez@leon_alvarez