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Los maestros ya no sirven


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13/04/2015

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Desde tiempos muy remotos, en la antigua Mesopotamia, han existido los maestros como personajes indispensables para el funcionamiento de la sociedad, teniendo en un principio el carácter de seres sabios con acceso al conocimiento que les brindaban los dioses.


Junto con la sociedad, el educador ha ido evolucionando en cuanto a su papel docente; pero estos cambios han llegado al punto donde yo, junto con la sociedad me cuestiono la importancia de este sujeto para el bien de la comunidad.  

Hoy en día su papel se fundamenta en atender de manera humanista al alumno, donde debe cuidar el estado físico, mental y emocional del niño sin dejar a un lado el cumplimiento del curriculum para brindarle mejores oportunidades de trabajo al futuro profesionista. Además de cumplir con sus tareas administrativas que le exigen las diferentes instituciones que le rigen y una interminable lista de quehaceres que jamás terminaría de mencionarle por ser un agente que interviene con la familia y la sociedad en general.

No es de extrañarse que entre tantos objetivos, se pierdan algunos de ellos en el camino. El problema inicia, cuando la comunidad, tiene más presente las responsabilidades del maestro sobre las que le confieren a uno como individuo.

Como dice Oscar Armando Ibarra Russi, Rector de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia en su texto La Función del Docente: entre los Compromisos Éticos y la Valoración Social “la sociedad valora al maestro desde los mismos parámetros que él suscita y propone como procesos y estructuras de formación de los sujetos y los reconoce como maestro en tanto representa y expresa los valores socialmente reconocidos en el espacio de su propia práctica educativa”.

Asimismo, en la era de la información podemos ver que el internet y demás tecnología pueden acercarnos a tantos conocimientos que nos preguntamos si el maestro entorpece la formación de la niñez.

Sin embargo, la poca interacción real que ofrecen estos sistemas, no pueden sustituir la guía que brinda un maestro. El docente no sólo aporta conocimientos conceptuales o procedimentales, sino actitudinales y con un carácter afectivo. Además, en estos tiempos, donde la familia no tiene tiempo para convivir con los niños, no podemos atrevernos a restarle comunicación afectiva y social porque por naturaleza, la necesitan.

El maestro que necesitamos hoy en día como menciona el Ministerio de Educación Nacional, Oficina Asesora de Comunicaciones de Colombia, en el artículo “Ser maestro hoy. El sentido de educar y el oficio docente”:

“Es aquel capaz de convertirse en líder, en mediador entre la comunidad y el conocimiento y que por lo tanto debe ser un ejemplo ante sus alumnos y ante la sociedad de buen ciudadano: respetuoso de la ley, de amplias convicciones democráticas y dotado con la actitud, los conocimientos y las herramientas necesarias para superar el esquema centrado en la información y la memoria, que permitan orientarlo hacia nuevos modelos de desarrollo de competencias”.

Y también “debe tener disposición para entender sus estrategias, necesidades, valores y defectos, reflexionar sobre su propia enseñanza y los efectos en los estudiantes, desarrollar una filosofía propia frente a la educación, apreciar la responsabilidad de servir positivamente de modelo para los educandos, aceptar cambios, ambigüedades y desaciertos”.

Nada puede reemplazar al maestro, así que debemos enfocarnos en una capacitación real a estos agentes, que les enseñe a ver lo conceptual, procedimental y actitudinal y logren intervenir forjando de manera integral al futuro de nuestra sociedad y también darles un espacio de confianza, donde el maestro pueda descansar de tanta presión y hacer su trabajo como quiere y debe de ser.

Estoy segura que brindándoles estas dos herramientas a los docentes, su papel mejorará. Aunque como en toda profesión, sigan existiendo quienes se empeñan en no contribuir en nada a la sociedad. 



Etiquetas:   Educación   ·   Profesores   ·   Sociedad

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