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La hipocresía de los países occidentales y las revoluciones africanas


Inicio > Política Internacional
01/03/2011


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Son muchas las noticias que tratan sobre las revoluciones que están teniendo lugar en Oriente Medio, pero que se limitan a contarnos la evolución de las revueltas, sin analizar sus causas ni consecuencias. Primero fueron los tunecinos los que se levantaron contra el régimen dictatorial de Ben Alí. De su ejemplo aprendieron las poblaciones de Egipto, Argelia, Bahréin y Yemen, y ahora son los libios los que ocupan las portadas de los periódicos. Tal vez nos pasen desapercibidas las sutiles diferencias en la respuesta internacional a estos conflictos. No es nuestra culpa, la es de los medios de comunicación, que a su vez la podrían achacar a quienes los controlan. Reflexionemos nosotros.


 

¿Cómo puede ser que los países democráticos más desarrollados no tengan poder como para apoyar a los pueblos reprimidos frente a sus gobiernos corruptos?. ¿Por qué se limitan a manifestar públicamente lo mucho que les preocupa la situación y a expresar sus deseos porque se resuelvan los conflictos?. ¿O es que en realidad no tienen interés ni intención en socorrerlos? Pero, en cambio, ante la revolución en Libia, sí que vemos a Obama instar activamente a la UE a colaborar por el derrocamiento del régimen de Ghadaffi.

 

Aunque parece que se trata de un asunto complicado, todo se reduce a los intereses económicos de los países occidentales, encabezados por EEUU, en los recursos energéticos de que disponen los países de Oriente Medio.

 

No se trata de algo nuevo, sino que ya estuvimos ante una situación similar cuando EEUU arguyó que en Irak escondían armas de destrucción masiva para iniciar una guerra en la que la mayoría de muertos fueron civiles, y todo para que no se encontrara ningún tipo de armas. Pero el objetivo oculto sí se alcanzó: EEUU ahora controla los recursos petrolíferos iraquíes.

 

Nuestros países desarrollados, supuestamente democráticos (este es otro tema, aunque como siempre subyacen los intereses económicos), no han dejado de poder ayudar a los pueblos reprimidos, sino que no han querido hacerlo. Una prueba de ello es el hecho de que los partidos dictatoriales de Ben Alí y Mubarak han formado parte de la Internacional Socialista junto con partidos de países democráticos como el PSOE, hasta que fueron expulsados con el estallido de las revoluciones. También lo es el hecho de que durante años, casi la mitad de las armas que hemos vendido han tenido como destino países no democráticos. Por cierto, pese a la crisis la venta de armas en España ha aumentado un 44%.

La razón de esta pasividad la encontramos en que en realidad, estos países desarrollados quieren el mantenimiento de estos dictadores. ¿Por qué? Porque les servían para mantener el acceso a sus recursos energéticos. Por eso mismo no han intervenido ayudando al pueblo, sino que han estado apoyando a los gobiernos dictatoriales. Por eso mismo sus reacciones públicas se ciñen a mostrar sus falsas buenas intenciones y no los vemos actuar. También es por esto que tratan de insuflar el miedo ante una posible amenaza islamista: trataron de hacernos creer que si la revolución triunfaba en Túnez, se corría el peligro de que opositores al régimen como los ‘Hermanos Musulmanes’ instauraran un gobierno islamista, cuando en realidad condenan la violencia y defienden la autodeterminación del pueblo ante el establecimiento de un gobierno musulmán. Sin embargo, en el caso de Libia la reacción es la opuesta: Occidente sí está trabajando activamente en el derrocamiento del régimen. Claro, porque la situación de Libia es diferente. Allí no hay un gobierno títere a su servicio, aunque también sea una dictadura. Gadhaffi es dirigente del país libio desde que en 1969 dirigió un golpe para derrocar a la monarquía corrupta que los sometía. Sus actuaciones no han hecho más que irritar a EEUU: destaca la nacionalización del petróleo, pues hasta entonces extraían del suelo libio más de 2 millones de barriles diarios. Ante esto y otros movimientos, EEUU impulsó un bloqueo económico a Libia que consistía en devastadoras sanciones en colaboración con la ONU para hundir su economía, y vinculó a Gadhaffi con el terrorismo: se decía que estuvo implicado en los atentados de los aeropuertos de Viena y Roma en 1985, que apoyó al terrorista palestino Abu Nidal, y que también tuvo que ver en el atentado (1986) contra el vuelo UTA 772, entre Brazaville y París, que dejó 170 muertos. La gota que colmó el vaso fue el atentado dirigido contra la Discoteca La Belle de Berlín en 1986, frecuentada por norteamericanos. Estados Unidos bombardeó Trípoli y Benghazi en 1986 once días después con 34 aviones norteamericanos llevándose por delante la vida de 60 personas, incluyendo la hija de Gadhafi. Los mandó el presidente republicano Ronald Reagan, alegando que el objetivo era eliminar al dirigente supuestamente terrorista.

Gadhaffi, en 2003, ante el temor de que iniciaran una guerra contra Libia igual que en Iraq, decidió hacer concesiones petrolíferas a los países occidentales. Los principales beneficiarios han sido países europeos, quedando de lado EEUU. Es por esta falta de hegemonía del control sobre el país que EEUU quiere acabar con el régimen libio, y así nos lo muestra Obama con su interés en ‘ayudar al pueblo libio’ al proponer medidas a los países europeos e instarles a actuar. Del mismo modo, los países europeos están trabajando en un acuerdo para imponer sanciones a Libia a modo de presión.

 

Con todo, estos hechos no exculpan a Gadhaffi, que no deja de ser un dictador que reprime al pueblo libio (no duda en usar la violencia) y le priva de sus derechos básicos.

 

La situación en Libia es pues alarmante, ya que a la revolución del pueblo se suman los ataques internos de la CIA para hacer cundir el pánico y orientar la opinión pública hacia la necesidad de una toma de medidas, y según advierten algunos (como Fidel Castro), para allanar el terreno para justificar la invasión que prepara la OTAN. De una manera u otra, EEUU intervendrá en la constitución de un nuevo gobierno para la ‘transición democrática’, que no será más otro gobierno títere sobre el que ejercer su control. Esto mismo ha ocurrido en Bahréin, como cuenta ‘El País’: “La represión de Bahréin cesó inmediatamente después de que Obama telefoneara el viernes por la noche al rey Hamad bin Isa el Jalifa. El consejero de Seguridad Nacional, Thomas Donilon, llamó un día después al príncipe heredero, Salman bin Hamad el Jalifa, para preparar una transición ordenada hacia la democracia. El jefe de las Fuerzas Armadas norteamericanas, almirante Mike Mullen, empezó ayer una visita a los países del Golfo, todos ellos estrechos socios militares, para analizar la situación”. En Túnez ya están alertados de este peligro: “Estamos a medio camino entre crear un nuevo sistema y maquillar el antiguo régimen”, explica el abogado Ridha Reddaoui, que considera que “el pueblo debe permanecer muy vigilante”.

 

Los intereses económicos son así la causa de las guerras actuales, así como de las desigualdades sociales y el deterioro del medio ambiente, pero eso es otra historia. Simplemente apuntar que hoy en día la principal amenaza de nuestra sociedad es el poder del dinero.



Etiquetas:   Política

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3 comentarios  Deja tu comentario


Ignacio García Fenoll, Ingeniería Industrial Coincido casi punto por punto con tu análisis. La resolución de la ONU que permite la zona de exclusión aérea llega tarde. Pero además, ocurre que aunque la realpolitik va a dar con sus huesos en la cárcel del olvido momentáneo, algunos líderes de la cosa van a olvidarse de ella con intenciones electoralistas. Los ciudadanos ya no pensamos que el fin justifique los medios.

No obstante, es evidente que a partir de ahora vamos a tener que hacer esfuerzos ingentes por abastecernos de fuentes de energía sin la anuencia de los dictadores. Es necesario buscar una solución, pronto, sin tener que recurrir a pasarle la mano por el lomo a estos animales capaces de masacrar a sus pueblos.


Eva Romaní Cubells, Otra Gracias por tu aportación (:


Andrés Rivera, Ingeniería Industrial Muy preciso y acertado tu análisis.

Y te acompaño con un ejemplo más.
La invasión a Afganistán (país 5º en ranking de corrupción y pobreza, según TransparenciaInternacional.org.es) parecía sólo motivada por dar caza a un grupo de terrorista. Sin embargo a mitad del 2010 el New York Time informaba del descubrimiento de un gigantesco yacimiento mineral (oro, cobre, cobalto, hierro y metales estratégicos para el desarrollo tecnológico), que según describe un informe interno del pentágono: “Afganistán sería la Arabia Saudí del litio”

Esta será una década muy interesante, y la comunicación, como arma, será la mayor protagonista.




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