Carta abierta a Artur Mas

 

. Mas, presidente de la Generalidad catalana:

 

Empiezo por decirle que, cada vez que he de escribirle, el procesador de textos me pone la ‘culebrita’ verde, como si hubiera cometido una incorrección en forma de falta de concordancia. Ese simple detalle ya me predispone contra usted, porque su apellido ni es adverbio de cantidad ni es conjunción adversativa. Claro que, mirándolo bien, usted no tiene la culpa. Lo ha heredado y punto, aunque, si mal no recuerdo, en los tiempos en que usted no estaba en política era más facha que Blas Piñar y Jean-Marie Le Pen juntos; es más, se hacía llamar Arturo y se cabreaba sobremanera cuando alguien el catalanizaba con ese mal sonante “Artur”, al menos eso decía usted. ¿Se acuerda? Bien es verdad que es capaz de negar cualquier verdad que le perjudique como político corrupto e inductor.

 

Fíjese si estoy predispuesto contra usted que me ha sonado a estupidez eso de considerarse “como algo natural” lo de pitar el himno nacional. ¿Usted lo cree así o miente como es su costumbre? Si miente me parece mal, pero como es político se ve como algo normal, pero si de verdad lo cree así es para darle dos collejas en forma de bofetadas por su falta de educación, su mediocridad, su indigencia intelectual y su falta de personalidad. Créame, señor Mas, si lo cree de verdad, usted no es más ridículo porque no entrena. Y, como decía este verano uno de sus cercanos, es evidente que el vocablo “estupidez” no lleva acento, pero con el tiempo sí se acentúa en el caso de Arturo.

 

Mire, señor Mas, tanto las provincias vascongadas como la región catalana son eso: regiones, comunidades autónomas de una nación. Y esa nación se llama España. Ustedes, en sus estatutos han querido plasmar el concepto Nación y/o Estado, pero son tan comunidad autónoma como mis queridas Cantabria o Castilla y León; lo demás son palabras que para nada sirven. Y la prueba de que no sirven para nada es que no tienen selecciones deportivas propias, ni embajadas reconocidas (lo de Cataluña son oficinas que cuestan mucho dinero, pero que no representan ni siquiera a los catalanes). ¡¡Y si no es así, desmiéntamelo!!

 

Viene todo eso a colación por las sandeces evidentes que usted ha dicho sobre considerar como algo natural  los silbidos al himno nacional. Eso no pasa en ninguna parte. Y como no pasa en ningún sitio, es evidente que Cataluña y Vascongadas ayudan a machacar la marca España y a que España sea el hazmerreír de Europa. Nadie como usted sabe lo que dicen de Cataluña en el Parlamento europeo y en la Unión. Se limitan a llamarlos a ustedes “chinches”, pero anteponen un epíteto equivalente a “putas”.

 

Seguramente usted no se escandalizará por lo de los pitos al himno en el partido entre el Bilbao y el Barcelona. Yo sí me escandalizo, al igual que millones de españoles. Y también estoy de acuerdo en suspender el partido si el hecho indigno y resabiado se produce. Estar en democracia no presupone muchas cosas y menos si son estupideces. La democracia lleva intrínsecamente trabajar por la convivencia y por la paz, en tanto que usted,  su comunidad y la vasca trabajan mal los valores y se limitan a instar a favor de la violencia, en contra de la paz y contra los valores educativos.

 

Con sus palabras, señor Mas, demuestra que no es más que las simples víboras de ETA; aquéllas a las que amamantó el expresidente Zapatero: sin duda, el tonto más manipulado de la democracia y el mayor indigente intelectual que ha tenido el Partido Socialista Español (no he quitado la “O” por casualidad).

 

Señor Mas, usted ha incitado premeditadamente contra el himno. Con sus afirmaciones ha instado a pitar el himno nacional. El comportamiento de las aficiones separatistas no da más de sí. Han perdido la vergüenza y  por eso la ciudadanía española las ha perdido el respeto. Como aficionado al fútbol español –si ustedes no se consideran españoles, deberían promover que el Barcelona y el Bilbao abandonaran la liga española – me avergüenzo de ustedes, de esos equipos y de todos cuantos incitan e instan a la violencia, al destrozo de la convivencia, a la insensatez y a la permanente barrabasada. Y como yo, muchos españoles. De ello doy fe.

 Jesús Salamanca Alonso

UNETE



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