. Gracias a
pruebas de neuroimagen y estudios de comportamiento realizados en humanos y
otros animales, se han descrito sus bases neurobiológicas, que constan de dos
grandes sistemas: el sistema emocional y el sistema cognitivo. Son entidades
independientes, que se desarrollan en edades diferentes, utilizan neurotransmisores y redes
neuroanatómicas distintas.
Trabajos recientes de estudios por imágenes cerebrales sobre
la empatía (y sobre la cognición social en general), se refirieron con
frecuencia al sistema de neuronas espejo que supone un modelo donde la
percepción del estado del otro automáticamente activa en el observador las
representaciones de dicho estado y esto genera las respuestas neurovegetativas
y somáticas asociadas. Es decir, que se activarían en el observador los
mecanismos neurológicos responsables de generar una emoción similar.
e ha sugerido que la experiencia empática provocada por la
simple observación de una persona, provoca en el observador la activación de
los mismos circuitos neuronales, y el reciente hallazgo de las neuronas espejo,
podría explicar éste fenómeno.
Las neuronas espejo fueron descubiertas en investigaciones
realizadas con primates. Se observó la activación del mismo grupo de neuronas
cuando hacían una acción que cuando observaban la misma acción realizada por
otro primate. A éste grupo de neuronas se les llamó “Sistema de las neuronas
espejo” (SNE). Anatómicamente, éste grupo de neuronas se ha identificado en la circunvolución
frontal inferior (CFI) y en el lóbulo frontal inferior (LFI). Aunque estos
núcleos puedan estar implicados en varias formas de respuesta empática, existe
una fuerte evidencia la participación de la CFI en el reconocimiento y el
contagio de las emociones.
El dolor ajeno también puede despertar una respuesta
empática en el observador. Las principales regiones cerebrales implicadas son
la corteza cingular anterior (CCA) y la ínsula. Su activación también se ha
relacionado con las sentencias de juicio que hace el observador, basándose en
la expresión facial de la persona que sufre dolor. Esto indica que la empatía
hacia las personas con dolor se asocia a una actividad hemodinámica en el
cerebro que es muy similar a la que ocurre cuando lo experimenta uno mismo en
primera persona.
Esta capacidad empática hacia el dolor de otros sujetos
puede haber sido útil para la evolución, ya que percibir el dolor ajeno puede
evitarlo en uno mismo. Además, puede haber tenido una importante función social
como facilitar la cooperación entre miembros de una misma familia que comparten
una misma constitución genética. Ahora bien, en fisioterapeutas que trabajan a
diario con personas que experimentan dolor, se ha observado una rápida y
temprana regulación emocional de la empatía, inhibiendo el proceso de
percepción del dolor.
La empatía cognitiva se describe como la habilidad para
crear una teoría sobre el estado mental y cognitivo de otra persona, teniendo
en cuenta su perspectiva. Este proceso de comprensión desde la perspectiva de
otra persona, parece que desarrolla la “Teoría de la mente”, que puede ser
definida como la habilidad para ponerse en el lugar de otra persona, e imaginar
sus pensamientos y sentimientos.
Aunque pueden actuar de forma independiente, en condiciones
normales, y en función del contexto social, una respuesta empática evocará los
dos sistemas descritos: una respuesta emocional (empatía emocional), y una
evaluación cognitiva del estado mental y perspectivas de la persona observada
(empatía cognitiva).
El desarrollo de las técnicas de neuroimagen ha hecho que se
produzca un espectacular avance en el conocimiento de las estructuras neurona les
implicadas en diversos procesos psicológicos y comportamientos complejos. En
este sentido, en los últimos años ha habido un notable incremento del número de
estudios focalizados en analizar y comprender el funcionamiento de los
circuitos cerebrales implicados en la empatía. Así, se han llevado acabo
diversas estrategias experimentales para tratar de reproducir en el laboratorio
diversas situaciones que podrían producir empatía de manera similar a como
ocurre en la vida cotidiana. Los principales diseños experimentales se centran
en la presentación de estímulos con contenido emocional –imágenes o
situaciones–, estímulos dolorosos o estímulos somatosensoriales, y en el análisis
de la relación entre empatía y perdón. Estos estudios han puesto de manifiesto
que, entre otras estructuras, las cortezas prefrontal y temporal, la amígdala y
otras estructuras límbicas como la ínsula y la corteza cingulada desempeñan un
papel fundamental en la empatía. Las estructuras cerebrales previamente
señaladas guardarían semejanza con aquellas relacionadas con la agresión y la
violencia, por lo que los circuitos neuronales implicados en la empatía y la
violencia podrían ser parcialmente similares.
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