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Fortaleza del estado y legalidad


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08/03/2015


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Uno de los graves errores del gobierno es que no explica nada en el país y usa a la prensa internacional para promocionar una realidad que dista mucho de la que ellos pintan afuera. Les hace falta encarar más de frente a todos los mexicanos, pero los interlocutores deben cambiar, ya están desgastados. Por ejemplo, ¿Alguien cree en Luis Videgaray?


Cambiar es muy difícil. La inercia de las costumbres, los intereses creados, la presión de las relaciones anquilosadas hace en verdad complicado tomar un rumbo diferente. Y eso ocurre en la vida personal y en la social, en donde el número potencia las dificultades.

Aunque veo al gobierno agobiado y parco a la hora de comunicar sus objetivos (es un error suponer que lo tiene todo controlado, todavía); no obstante, sigo viendo un proceso muy interesante, en el que no sólo hemos quitado ya los obstáculos al crecimiento que arrastramos por décadas (reformas estructurales), sino que estamos discutiendo dos temas verdaderamente de fondo: la fortaleza del Estado y su control por la ley.

El problema radica en que el gobierno está mostrando abiertamente signos de volver a centralizar todo y, con ello, controlar totalmente las decisiones del país. Si el estado captura y controla todo y los resabios autoritarios finalmente se instauran, ese será un grave problema para nuestra democracia. Por otro lado, sigue mostrando poca capacidad de ejecución. Se quedan cortos quienes argumentan que México no es Atlacomulco. El gobierno comete graves errores al desestimar la mala reputación de quienes encabezan sus principales cuadros.

México encontró un callejón sin salida en 1982, pero la decisión de cambiar el rumbo tardó unos años más. Aunque en las comparaciones con un mítico pasado ideal se usa ese año, en realidad poco cambió antes de 1986. Fue entonces cuando empezamos a abrir las fronteras, a actuar con responsabilidad en las finanzas, y a explorar el desconocido territorio de una economía libre del control estatal y corporativo.

Para 1993, habían caído algunos grandes mitos: el ejido, la enemistad con Estados Unidos y la Iglesia católica, pero no la sacralidad del petróleo, la narrativa revolucionaria o el capitalismo de compadrazgo. La reacción a las reformas de esos años fue brusca, y acabamos en una profunda crisis económica que, aunque abrió el camino a la democracia, detuvo el proceso reformador por tres lustros. Por diversas razones, éste pudo retomarse y terminar lo que faltaba de reformar.

Nuevamente, grandes reacciones: de los rentistas empresarios, que se quejan en foros y medios de comunicación; de los rentistas sindicalizados, que se quejan en manifestaciones y vandalismo; de los políticos rentistas, que por un lado intentan saquear lo más que se pueda de una vez, y por otro repartir culpas entre todos.

Fueron muchas y muy profundas reformas, y sumaron muchos y poderosos enemigos. Si le suma usted un poco de estancamiento, un poco más de soberbia, y un mucho de cansancio e incredulidad de la sociedad, es fácil entender la crisis de legitimidad que enfrentamos.

Algunos mexicanos prefieren creer en el crimen organizado, en el regreso al pasado, hasta en trasnochadas ofertas extremas, antes que imaginar que la actual turbulencia es parte del costo de la transformación.

¿O acaso alguien creía que el sindicato de maestros iba a aceptar subordinarse fácilmente? ¿O que su apéndice radical aceptaría perder poder y dinero? ¿O que después de cien años de depender de la corrupción ahora todos serían puros, milagrosamente? ¿O que aceptarían pagar impuestos quienes los han evadido por décadas? ¿O que regiones enteras del país que han vivido siempre fuera de la ley, serían un paraíso de la noche a la mañana?

Lo que debemos evaluar es si las reacciones, y la consiguiente caída en legitimidad, se explican por las transformaciones en curso o si hay algo más que las esté disparando. Además, hay que evaluar qué reacciones exigen respuesta inmediata, cuáles pueden administrarse y cuáles, de plano, posponerse. Eso, creo, hace el gobierno y hacen sus opositores, detractores y enemigos. Por eso usted ve críticas al presidente en televisión, que antes no ocurrían; por eso ve a la CNTE en plena rebelión; por eso filtraciones, golpes, gritos y sombrerazos.

Uno de los graves errores del gobierno es que no explica nada en el país y usa a la prensa internacional para promocionar una realidad que dista mucho de la que ellos pintan afuera. Les hace falta encarar más de frente a todos los mexicanos, pero los interlocutores deben cambiar, ya están desgastados. Por ejemplo, ¿Alguien cree en Luis Videgaray?

http://www.ft.com/intl/cms/s/0/2f8d3c84-bea1-11e4-8d9e-00144feab7de.html#axzz3TXmhmNMu

Por lo pronto, aunque suene repetitivo, el contexto en el que el actual gobierno se está desenvolviendo es muy adverso. En la última década, el crecimiento promedio anual del PIB real por habitante ha sido prácticamente nulo y, en los últimos dos años, el crecimiento acumulado ha sido negativo; 57% de la PEA labora en la informalidad; los salarios medios pagados a aquellos trabajadores registrados ante el
IMSS ha caído desde la crisis del 2009; la incidencia de pobreza no se ha reducido; el nivel y calidad de la educación son patéticos; la distribución del ingreso es de las más inequitativas del mundo.

En lo que va del siglo XXI, la inflación acumulada llegó a 80%; ciertas regiones y/o ciudades del país se encuentran entre las más inseguras del mundo; México ocupa el lugar 103 de 175 países evaluados en el Índice de Percepción de la Corrupción; un muy largo etcétera que nos muestra, si no el fracaso, sí la mediocridad que caracteriza a nuestro país en el proceso de desarrollo económico. Y en este sentido, los actuales funcionarios e interlocutores del grupo que hoy está en el poder, han perdido toda credibilidad.

Aunque veo al gobierno agobiado y parco a la hora de comunicar sus objetivos (es un error suponer que lo tiene todo controlado, todavía); sin embargo, sigo viendo un proceso muy interesante, en el que no sólo hemos quitado ya los obstáculos al crecimiento que arrastramos por décadas (reformas estructurales), sino que estamos discutiendo dos temas verdaderamente de fondo: la fortaleza del Estado y su control por la ley. Es imperativo que en las próximas elecciones el poder se equilibre para que el gobierno no tenga la tentación de controlarlo todo, aunque esa sea su obsesión.

http://www.banxico.org.mx/informacion-para-la-prensa/comunicados/resultados-de-encuestas/expectativas-de-los-especialistas/%7BD795F12E-B364-3607-F859-1A86C869B07E%7D.pdf

http://leonardoengd.blogspot.mx/2015/03/factores-que-obstaculizan-el.html



@leon_alvarez







Etiquetas:   Corrupción   ·   Encuestas   ·   Enrique Peña Nieto   ·   Crecimiento Económico    ·   Estado de Derecho

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