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¿El retorno del pensamiento mágico?


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24/07/2011

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En mi entrada anterior comentaba una idea que está muy en boga en las literaturas de autoayuda y nuevo management, así como en los discursos de cierto tipo de coaches, terapéutas, gurús y comunicadores profesionales.






Se trata de la afirmación de que la mente del sujeto crea la realidad de ese sujeto, desatando fuerzas personales y cósmicas que producen efectos en la dirección del pensamiento de esa persona; de modo que, si ese pensamiento es optimista y positivo conseguirá lo que pretende, y si es pesimista o negativo, lo único que conseguirá es que las cosas le vayan mal.

En esta afirmación se ignoran los condicionantes estructurales o sociales que son anteriores y/o contextuales al sujeto; y su bienestar o malestar se hace depender del gobierno éste ejerza sobre su mente y de las ideas que produzca.

Ciertamente, por mi parte no se trata de negar algo bastante razonable y confirmado por la ciencia: que  las ideas de las personas, al margen de que sean de un tipo u otro, tienen consecuencias en sus actitudes y conductas, produciendo efectos en su vida, en su entorno y en el mundo en el que viven. Esta no es la cuestión.

El problema surge cuando esa idea se extrema, sacándola de los límites de lo razonable y comprobable, para convertirse en una idea que la sitúa en la esfera del “pensamiento mágico”, pensamiento que está siendo recuperado por diversos agentes culturales de las sociedades desarrolladas y de desarrollo emergente, los cuales vienen operando, desde hace década,s una progresiva adaptación a este contexto de fragmentos ideológicos de tradiciones espirituales asiáticas e indígenas.

El pensamiento mágico se distingue del pensamiento religioso en que el primero cree que puede gobernar las fuerzas misteriosas de la Naturaleza (que incluye también el mundo de los espíritus, los dioses, etc.); mientras que el segundo cree que el mundo está gobernado por fuerzas a las que sólo cabe someterse, adorar y rogar para lograr de ellas lo que se desea, pero sin capacidad de manipularlas o coaccionarlas a tal efecto.

Los ritos del chamán, a diferencia de los del sacerdote, son la mediación con la que interactúa para conocer los misterios ocultos de la Naturaleza (incluido el devenir futuro) y hacer que esta se comporte, hasta cierto punto, según su voluntad. Lo que en la cultura occidental se ha venido a llamar “brujería” son formas en las que se manifiesta o se representa el pensamiento mágico y las prácticas que de él se derivan.

Esta distinción es, por supuesto, analítica, es decir, en la realidad podemos identificar -hoy y a lo largo de la historia- prácticas culturales en las que están presentes en diferente grado tanto el pensamiento mágico como el religioso, en los términos que los he definido. Incluso aparecen conviviendo y combinadas con otras formas de pensamiento, como son el pensamiento mítico y elpensamiento científico.

Así, en el complejo universo hinduista se combinan la creencia en dioses a los que se adora y se ruega, al mismo tiempo que se cree en la Ley del Karma, como una ley natural cósmica en virtud de la cual la intención de nuestros pensamientos actúa mecánicamente sobre las características de nuestras vidas futuras.

También el Budismo, que originalmente no se funda en la adoración a ningún dios, confía en que a través de las enseñanzas del Dharma y la mediación de los Buddhas y de las Sanghas es posible la emancipación del sufrimiento y la liberación final de la rueda de las reencarnaciones (samsâra), la cual tiene naturaleza de ley cósmica.

El Taoísmo religioso, sincretizado a menudo y desde hace mucho tiempo con formas de budismo mahayana, incluye también muchas creencias y prácticas mágicas que se han trasladado más o menos adaptadas, por ejemplo, a lo que aquí conocemos como Feng-shui o Reiki, que no son otra cosa que  prácticas que pretenden tener la capacidad de gobernar, redirigir y/o equilibrar las energías de la Naturaleza.

En el mundo católico europeo (y en España en concreto) se está produciendo actualmente un fenómeno muy curioso y que se manifiesta en la insistencia de ciertos comunicadores, teólogos y jerarcas eclesiásticos en afirmar la primacía de las Leyes Naturales sobre las leyes que los hombres se dan a si mismos por mediación de su voluntad.

Es interesante porque esta afirmación tiende a realizarse a menudo sin hacer referencia a la fuente de las que estas leyes emanan, según las crencias cristianas, esto es, el mismo Dios; y lo hacen así como forma de penetrar mejor en un mundo cultural cada vez más secularizado y de mentalidad científico-técnica, abierto a creer en leyes cósmicas, pero cada vez más cerrado a creer en su origen divino.

El fenómeno curioso es que, en la medida en que el Catolicismo reivindica estas Leyes Naturales sin hacer referencia a que estas emanan -según sus creencias- de Dios, se está alejando de la esfera propiamente religiosa para aproximarse a la del pensamiento mágico.

Desde mi punto de vista, parece que en un mundo cada vez más gobernado por la racionalidad científico-técnica, se está produciendo un retorno de una forma de pensamiento ancestral, estrechamente vinculada al desarrollo de las capacidades humanas para intervenir, con determinados fines, en los sistemas naturales y sociales. Hoy el pensamiento mágico se presenta a menudo como anticipación de leyes naturales que la ciencia está aún por descubrir o comprobar.

Ese pensamiento mágico se está convirtiendo en ideología de masas por mediación de las industrias culturales, y por la aparición de nuevas profesiones orientadas a conseguir mejores adaptaciones de los sujetos a los cambios, profundos, rápidos y constantes, que se están produciendo en las sociedades postindustriales.

De ahí, por ejemplo, ideas cada vez más extendidas, como la de la fluidez del Universo y la importancia de fluir con él, a lo que terapéutas, coachs y gurús denominan “estado de fluidez” (flow); y que nuestros niños y niñas ya empiezan a interiorizar a través de los productos de consumo global de las industrias culturales, principalmente norteamericanas. Por cierto, ¿has vistoKhung-Fu Panda?

La cuestión a discutir, como decía al principio de este artículo, no es que las ideas tengan consecuencias prácticas, sino el reduccionismo vulgar, en algunos casos ingenuo, pero en ningún caso inocente, que supone la afirmación de que es la mente del sujeto la única responsable de la realidad que este crea para sí mismo.

En mi opinión, esta puede ser una manifestación más de la tendencia cultural promovida por el neoliberalismo (y su darwinismo social implícito), según el cual no existen problemas sociales que tengan que resolverse mediante intervenciones estructurales (por ejemplo, a nivel de gobernanza política de los mercados), sino sólo problemas individuales que deben resolverse exclusivamente al nivel de los sujetos afectados, con más o menos ayuda del Estado y de la sociedad civil, según de qué circunstancias y problemas hablemos.

El retorno de cierto tipo de pensamiento mágico, a veces traído de la mano por corrientes de pensamiento aparentemente progresistas, puede estar siendo funcional a los procesos que estamos viviendo de desregulación económica e individualización extrema de las relaciones sociales, no en todos los ámbitos, sino, especialmente, en las esferas de la producción y del consumo.

(Más información en www.javiermalagon.com)







Etiquetas:   Tendencias

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4 comentarios  Deja tu comentario


Francisco Javier Malagón Terrón, Otra En términos psicológicos y antropológicos los pensamientos mágico y el religioso sí son comparables, cuando menos para establecer sus diferencias, como son comparables entre sí estas y otras formas de pensamiento (mítico, filosófico, científico).

Por otra parte, pienso que a ninguna, en sí misma, puede atribuírsele la calificación de "trastorno", ni tampoco se que hay de "cuestionamiento" en los comentarios que he hecho de las religiones que he citado.

La cuestión central que he intentado exponer es la relación que encuentro entre el pensamiento mágico y la idea de que los sujetos crean con su pensamiento la realidad en la que viven, al margen de otras mediaciones externas a su propia mente individual, como la naturaleza, la familia o la sociedad, por ejemplo.

Mi postura, si puede llamarse así, es que esa idea cae dentro de la esfera del pensamiento mágico, que puede ser coherente con los presupuestos neoliberales y funcional a la individualización extrema de las relaciones sociales en el ámbito de la producción y del consumo.

Por lo demás, no he intentado cuestionar ninguna otra cosa, ni siquiera el pensamiento mágico y, por supuesto, ninguna de las religiones a las que he hecho referencia.

Gracias por los comentarios.


Francisca Saavedra, No termino de entender la comparación entre pensamiento mágico y pensamiento religioso. Me parece que ambos no son comparables, dado que el pensamiento mágico es un trastorno en el contenido del pensamiento, en la que se pierde la lógica haciendo atribuciones falsas. El pensamiento religioso, en cambio, no alude a una alteración en el pensamiento, sino que se refiere a que sobre lo que se piensa, el contenido, es de tipo religioso. No es de por sí patológico. Es por esto que me parece una errada generalización poner en términos cuestionables todo tipo de pensamiento religioso. Pensando esto, creo que la columna es confusa y no se entiende la postura del autor.


, Tus dos últimos párrafos reflejan el grado de penetración que la Cuarta Postura está logrando en la mente de los ex-fanáticos de la doctrina social de la iglesia.


, Excelente columna! El tema me atrapa y he publicado aquí tres columnas al respecto: "Qué es el Karma", "El Árbol del Progreso" y "Hay equipo"




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