La Decencia al Poder

Cuando Chile, Argentina,  Brasil y México, España, entre tantos otros, enfrentan una ola de escándalos de corrupción, se puede observar como común denominador que el origen de tales fenómenos está en la realidad de instituciones públicas permeables, en algunos casos dramáticamente carcomidas por las malas prácticas. Emergen  como una erupción los casos de asociación ilícita, tráfico de influencias, cohecho, nepotismo, colusión, lavado de activos, enriquecimiento ilícito, tratos con redes de narcotráfico, clientelismo político, búsqueda ilícita de lucro o prebendas, todo siempre afectando el  interés general.

 

. Emergen  como una erupción los casos de asociación ilícita, tráfico de influencias, cohecho, nepotismo, colusión, lavado de activos, enriquecimiento ilícito, tratos con redes de narcotráfico, clientelismo político, búsqueda ilícita de lucro o prebendas, todo siempre afectando el  interés general.
El Estado Nación en el marco de la globalización ha resignado ámbitos de soberanía, aceptando reglas internacionales que limitan su actuación como entidad máxima y rectora de la vida en sociedad. Ese Estado, que en Chile está amarrado al concepto neoliberal de Estado Subsidiario de la Constitución de 1980, es una institución que actúa “en la medida de lo posible”,  que ha ido perdiendo sus principios republicanos. Como evidencia, el tema de los trabajadores del sector público, se observa que los funcionarios públicos antes eran de carrera, servidores del Estado, en cambio, ahora, la mayoría es a contrata y depende de lo que decida el gobierno de turno. Las plantas a contrata en toda la Administración, generan una situación precaria para el funcionario y con ello se ha ido perdiendo esa actitud legalista y crítica de la función pública, con empleados que eran capaces de representar las órdenes que no crean procedentes y tener en esa acción el respaldo de una Contraloría General de la República que debe velar por ese derecho. La situación precaria del empleo ha ido minando esa actitud crítica de la Administración frente a los niveles políticos del gobierno.

Si admitimos que la gran mayoría de las personas actúa en la sociedad respetando normas, con honestidad y esfuerzo, comprometida en sus proyectos de vida, buscando construir espacios seguros para sus familias,  buena educación para los hijos, alimentación sana y libre de transgénicos, transporte digno, actividades de cultura y recreación diversas, estamos diciendo que esas personas han pecado de omisión, al abstenerse de cumplir una gran responsabilidad, la vida cívica, la elección de sus representantes. Esa mayoría, que se confiesa lejana a la política, está regalando ese espacio de toma de decisiones a las minorías que controlan la institucionalidad. Esa mayoría se queja, se lamenta, a veces marcha, pero, al poco andar, vuelve a su ostracismo y su pasividad, con escasa vocación asociativa.

¿Cómo lograr que frente a esta corrupción que se extiende como manga de termitas, esa mayoría de personas de trabajo, reaccione cívicamente? ¿Cómo motivar en ellas una responsabilidad con su país y las futuras generaciones? ¿Cómo sumar voluntades para comprometernos en función del bien común y el interés general, cambiando las reglas de convivencia, caminando hacia una nueva Constitución? ¿Cómo lograr esa convergencia? Por ahora, hay un grito convocante en las redes sociales, voceado por miles de jóvenes y no tan jóvenes, y llama a ¡la Decencia al Poder¡

UNETE



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