. E irán escapando de un mundo
moribundo en busca de nueva vida y esperanzas para construir civilizaciones,
que seguramente, a medida de que el tiempo avance irán olvidando su origen
terrestre, como decía Isaac Asimov en la saga Fundación.
De allí se hace necesario un libro para la memoria y la
enseñanza de los hombres. La Biblia cumple con condiciones de Libro de Historia
de la Civilización, de Aventuras, de Milagros, de Profecías, de pecados y de
heroísmo en la fe y en la obediencia a los preceptos de la Ley eterna grabada
en los corazones y en las tablas de piedra del monte Sinaí.
Necesitaremos un libro dinámico que nos guíe en la Búsquedas
del Ser Absoluto en medio de un universo relativo donde el espacio se curva y
donde la Luz sea vista como la Sombra de Dios y las leyes cósmicas sean vistas
como la voluntad omnipotente del Creador. Y la criatura humana sea vista como
el punto intermedio entre lo infinitamente pequeño y subatómico, y lo
infinitamente grande de los abismos entre las galaxias.
Así veremos a los Hoyos negros como las puertas del infierno
y el comienzo de la desintegración espiritual
del alma de los hombres que se hunden en el abismo opresivo y sinsentido del
escepticismo y la oscuridad del pecado.
Es claro que además de la Biblia la Odisea también nos puede
traer luz y regocijo al alma. Pero su relato no contiene todas las peripecias
de la existencia y sus puertas de salida como las expone la Biblia de modo
magistral, pues el elemento profético multiforme de las Escrituras trasciende
la mera providencia de la Diosa Atenea y
de Zeus sobre la vida de Ulises. También deberemos llevar el Tao Te King y el
Guita. Y el Koran, como un excelente resumen de la Biblia. Pero siempre veremos
que la narración bíblica será más completa que el noble e inspirado libro del
Islam.
Siempre debemos recordar que en los cuatro aminoácidos
esenciales del código del ADN, -que es el sustrato de toda la vida orgánica e
inteligente-, es el despliegue multiforme del Gran Nombre o el Tetragrama de
YHVH. Y que la Santísima Trinidad esté representada o reflejada en todos los
tejidos triples del los seres vivos, y en las tres funciones fundamentales de
los seres vivos: La vida de Relación, de Reproducción y de Nutrición son un
destello de aquella divina realidad que
escapa a los sentidos pero que es percibida por los ojos del místico.
Por eso el salmo 139,16 dice: “Mi embrión vieron tus ojos y
en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas sin
faltar una de ellas”. Dios creó el ADN y en su mente infinita están los códigos
de la existencia de todos seres y su desarrollo en el tiempo y el espacio. Esos
son los arquetipos, las razones eternas de la inteligencia creadora y se
proyectan en nuestro ADN.
Justamente la palabra Yahveh en hebreo significa “El que nos
da el ser”, o “nos hace Ser”. Y su
nombre son solo tres letras hebreas y se repite la segunda. YHV - H. Es decir, una Trinidad que engendra la
Vida Universal y un cuarto elemento, reflejo del Segundo. Una proyección de la
Conciencia Crística Salvífica, la segunda Persona de la Trinidad. Esa
proyección es la conciencia humana, un reflejo de la inteligencia del Creador.
También tendremos que entender que cada lector o lectora de
la Escritura es Israel, es la Iglesia, es cada héroe y cada villano de las
sagradas páginas. Así todos entenderemos, como dicen los Adeptos del Budismo
Zen que todos somos Budha o Cristos en potencia, somos Sansones y Dalilas,
Somos Pedro y somos Judas Iscariote, somos María o Job y somos a veces Caín de
nuestros hermanos. O somos Goliats de la estupidez o Salomones en sabiduría.
Así percibiremos el mensaje personal que sus páginas nos traen.
De esta manera tomaros conciencia de que nuestro ADN tiene un
tremendo potencial de santidad, de genio,
de virtud y de pecado. Que tarde o temprano mostraremos lo que somos en
el escenario de la historia, sea esta terrestre o estelar. Y que tarde o
temprano deberemos enfrentarnos con el Supremo Juez, el Jesús omnipresente en
nuestra conciencia profunda. Y a él, que es nuestra Luz Interior y la Verdad
Misma, no podremos mentirle. Ya sea en la vida o en algún mundo paralelo al que
vayamos a morar tras la muerte. Y su veredicto sobre nuestro destino eterno
será inapelable.
Y aunque caminemos por las estrellas Dios estará con
nosotros, pues el texto del mismo salmo mencionado antes, dice: “Si subiere a
los cielos, allí estás TU”. (Versículo 8). Por eso aquella inmortal saga de la
Guerra de las Galaxias de hace más de cuarenta años atrás nos afirma que “La
Fuerza está contigo”. Y el mismo salmo 139 nos dice: “Detrás y delante me rodeaste
y sobre mi pusiste tu mano”.
Por cualquier rincón del universo o del hiperespacio que
caminemos, la humanidad llevara en su interior a la misteriosa Presencia del
Dios inmanente, El Verbo de Dios, que le dirá, igual que le dijo a la iglesia
naciente que se preparaba para navegar por el inmenso y proceloso océano de la historia: “Mirad, YO
estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos”. Y en otra traducción les dice:
“…hasta el fin del mundo”, cosa que es análoga a los confines del universo.
(Mateo 28,20).