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¿La Tercera Guerra Mundial?


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18/02/2015


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La Guerra Cibernética ha comenzado

Desde Chile, ubicado en el fin del mundo, lo que viene ocurriendo en el medio oriente, en Europa, se observa lejano. Sin embargo, debe quedar claro, y es el propósito de esta nota, comprender que en la guerra cibernética que se está desarrollando la distancia es irrelevante, pues vivimos integrados a lo global y dependemos como sociedad de lo que allí ocurra.

Como país pequeño, soberano de un espacio rico en recursos naturales, la geopolítica manda que debemos cuidar que ese territorio esté equilibradamente poblado, que el centralismo nos debilita. Que nuestra inserción internacional apunta a crecer mediante exportaciones y acuerdos comerciales con diversas regiones del globo y que eso funciona en paz y no en medio de guerras. Asumir que todo nuestro abastecimiento internacional apuesta a un orden en donde los sistemas funcionen sobre plataformas tecnológicas seguras. Los mercados mundiales, las bolsas de valores, de productos o de servicios, están interconectadas a través de la Internet, funcionando en forma continua las 24 horas del día y, a través de ellas, fluye el comercio mundial y el movimiento de capitales a nivel mundial. Pensar, por último, que la logística del transporte de mercancías y de personas se sustenta en procesos que sean seguros, que funcionen en tiempo real con una conectividad confiable. Si bajamos al nivel del individuo y de las familias, veremos que cada día dependemos más de los sistemas electrónicos, de nuestros celulares, que son computadoras que nos permiten estar siempre comunicados, para comprar, ir al banco, realizar transacciones y participar en las redes sociales, que se han convertido en el ámbito natural de nuestra actividad laboral, familiar o afectiva.

¿Qué ocurriría si en medio de la guerra cibernética un enemigo remoto entrase en los sistemas para desactivar los sistemas de comando de nuestra infraestructura, de los centros generadores, de los equipos de conexión, tomándose los timones que organizan el tráfico vial, la semaforización de las ciudades, las torres de control de los aeropuertos, la seguridad de la banca electrónica?



Esta amenaza es real. En los días recientes hackers, ciberdelincuentes, vulneraron la seguridad de los sistemas y sustrajeron fondos de las cuentas corrientes robando a distancia más de 900 millones de euros a 100 bancos de todo el mundo. Una situación que pone en jaque mate a las entidades financieras actuales. Según trascendió de Karspersky, compañía rusa de seguridad en Internet, los hackers conocidos como Carbanak, proceden de Rusia, Ucrania, China y diversos países europeos.



Y estos nuevos criminales con sus redes, se enfrentan a las policías que han debido crear unidades contra el cyber crimen, lo cual abarca el combate a la pedofilia por Internet, seguir los movimientos de capitales y el lavado de activos. Pero, al mismo tiempo, los hackers han declarado su propia guerra al Estado Islámico (EI) que ha degollado a cristianos egipcios y transmitido  terroríficos videos por la Internet. En reacción, Anonymus, desde México ha amenazado al EI, a los fundamentalistas islámicos que han ejecutado crímenes masivos; ha retado a los yihadistas manifestando su propia declaración de guerra cibernética. 

Es complejo de entender los alcances y alianzas necesarias que surgen de esta nueva forma de guerra mundial, ya que los mismos expertos nerd de la informática, que pueden ser vistos como cyber crimen cuando atacan un banco, pueden ser los patriotas cuando se trata se alinearse en defensa del sistema de vida occidental amenazado.



Las repercusiones de la guerra que comienza es que puede excusar el intento de gobernantes autoritarios y corruptos que quieren eliminar o controlar la Internet, censurando contenidos, espiando cada comunicación, bajo el pretexto de detectar amenazas y neutralizarlas a tiempo. Esto deja sobre la civilización actual de occidente una espada de Damocles, toda vez que las redes sociales son intrínsecamente libres y críticas y sirven de contrapeso de la civilidad frente al poder fáctico de las corporaciones que dominan la economía y la política mundial. Luchar contra la barbarie del Estado Islámico no significa resignar los principios de libertad de la Internet, aunque algunos de sus fundadores están alertando que esta era de libertad y la gratuidad en la conectividad planetaria podría sucumbir si se impone la hipótesis belicista por encima de la cooperación planetaria de la civilidad.



En la guerra cibernética que se vive, el Presidente Obama está apremiado por las demandas de la ciudadanía, que reclama mano dura contra el Estado Islámico y la necesidad de caminar como superpotencia sobre un campo minado, fundamentalmente por la debilidad estructural que está viviendo la economía norteamericana frente al gigante asiático chino, el cual lentamente va marcando su peso específico imperial en el planeta. Lo propio ocurre en las relaciones con Rusia y el conflicto de Ucrania, donde Europa quiere negociar sin los Estados Unidos. En los análisis internacionales, una lectura del Estado Islámico lo explica como consecuencia de lo que el propio Estados Unidos hizo al potenciar estos movimientos fanáticos y desestabilizadores de enemigos puntuales de la superpotencia, lo cual se le ha devuelto como un bumerán en su contra. 

El Estado Islámico está conformado por fanáticos más ultra religiosos que Al Qaeda, grupo de base saudí que también formó y armó EE.UU en sus negocios con la familia Bin Laden. Al retirarse de Irak esos grupos fanáticos se potenciaron con métodos terroríficos ocupando el norte de Irak y parte de Siria, con una estrategia de genocidio a todos los infieles al Islam. Su presencia sangrienta y mediática, con degüellos transmitidos por Internet, se ha nutrido de  milicianos radicales reclutados a través de novedosas vías de propaganda. Se ha comprobado que pueden tener terroristas latentes en Europa y los atentados de Francia, Charlie Hebdó y ahora en Dinamarca, dan cuenta de este estilo de células autosustentables que podrían activarse en cualquier momento. Los yihadistas controlan territorios en el norte Irak y en Siria y sus desplazamientos apuntan a vertebrarse territorialmente en ambos países, alterando absolutamente el mapa político de la región. Se extienden por Siria e Irak, donde controlan Mosul. Su origen se remonta al 2004, son suníes, enemigos ancestrales de los chiitas, pero se ha evaluado alguna suerte de pacto secreto para cruzar territorios chiitas en su guerra santa contra cristianos, judíos y la civilización occidental. Egipto bombardeó al Estado Islámico en represalia por las masacres televisadas. Los yihadistas han secuestrado más civiles cristianos. Los periodistas han sido víctimas preferentes de la barbarie por el mayor impacto mediático que provoca su asesinato. Italia es el último país europeo que está levantando sus embajadas en Siria. 

El caos se precipita y EE.UU no está en condiciones de solventar una nueva incursión, aunque quizá deba hacerlo. Mientras tanto la declaración de guerra cibernética significará el uso de drones asesinos, golpes sorpresivos, los hackeos a los sistemas, los centros de inteligencia, las observaciones satelitales y las fuerzas de élite, que entran y salen sin establecer permanencia territorial. Todo esto pareciera ser el guion de una película, pero es la realidad de una guerra sucia, en la tónica de las guerras preventivas que promovió George Bush hijo, sin prisioneros, casi de exterminio, lo que está ocurriendo ahora.

Mientras tanto, la América Latina se debate en el cortoplacismo, con Chile, Argentina y Brasil afrontando por igual serios escándalos de corrupción, con las ciudades coloridas por carnavales, festivales, fiestas de la vendimia y vacaciones estivales, con una ciudadanía preocupada del fútbol o de sobrevivir a sus deudas en marzo, todo ello ocurriendo en momentos en que el mundo se sacude por el terror globalizado, donde nuestras naciones y territorios podrían ser blancos de la barbarie, como apetecido espacio de sobrevivencia y paz. Hoy la cooperación Sur-Sur es más necesaria que nunca.

Periodismo Independiente, @hnarbona en Twitter.







Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Terrorismo   ·   Democracia   ·   Internet   ·   Genocidio

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