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Universidad: apostar por la meritocracia, evitar la endogamia


Inicio > Educación
09/02/2015

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Por Mónica Mullor

 

Según el informe QS World Ranking 2011-12, España no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo. Otros rankings muestran lo mismo. La baja consideración de nuestros centros de enseñanza superior es un reflejo de nuestro ínfimo nivel de innovación.

España ha elegido la vía populista de apostar por la cantidad y no por la calidad masificando la educación superior y abriendo sus puertas a estudiantes poco preparados, lo que ha conducido a una tasa de abandono universitario del 30%, prácticamente el doble de la europea (16%).

Las deficiencias de la universidad son fruto no solo de la masificación, también de la gestión ineficaz y de la falta de investigación, así como de unas enseñanzas primaria y secundaria mediocres, como queda de manifiesto en los sucesivos informes PISA.

Es vez de afrontar estos problemas creando un bachillerato de excelencia con alternativas de especialización en sectores con buena demanda laboral, se optó por una política a la argentina: universidad para todos. Y así estamos, navegando en un mar de mediocridad institucionalizada que daña gravemente nuestras posibilidades.

Frente a ello, las reformas propuestas por el Gobierno, siendo todo lo necesarias que son, no pasan de ser retoques superficiales. Nuestras universidades padecen males mucho más profundos que no se curan subiendo las tasas u obligando a dar más clases a los docentes que no investigan.

Nuestro problema más serio tiene que ver, como bien sabe el ministro Wert –aunque no sea políticamente oportuno decirlo–, con los intocables: los funcionarios-profesores que monopolizan los puestos docentes y que han creado un amplio sistema de clientelas y servidumbres que fomenta la endogamia universitaria y desalienta la meritocracia. Mientras no nos atrevamos a remover a esa casta y el sistema que genera, no habrá salida para nuestras universidades ni para España.

 

Lo que el Gobierno de Rajoy no se atreve a afrontar lo ha expresado de forma muy clara la investigadora sueca Inger Enkvist: dado el evidente fracaso de las universidades españolas, habría que "sacar a concurso nacional las plazas de profesor universitario para evitar la endogamia". Habría que despejar esas nubes negras que tienen nombres muy conocidos: amiguismo, nepotismo, clientelismo, enchufismo o endogamia";

Combatir una cultura donde los puestos y las becas se adjudican no según el mérito y el esfuerzo sino según los vínculos del solicitante con los que tienen influencia en el departamento o la universidad [de turno] (...) y las plazas van para los favoritos o directamente a los que han sabido colaborar.

Este sistema hace que se frustren muchos talentos jóvenes, que terminan buscando becas o puestos de trabajo en el extranjero ante la falta de oportunidades en la universidad española, refractaria al mérito y al esfuerzo. Así, el porcentaje de los profesores universitarios menores de 35 años se ha reducido de 21 al 15% entre 2007 y 2010.

La calidad y la eficacia educativas han de ser un objetivo clave de un gran cambio que consiga no sólo "que los chicos acaben sus estudios", sino alcanzar algo mucho más importante y necesario: la transformación de nuestro capital humano, elemento crucial para poder abrazar un nuevo modelo productivo, tan necesario, que apueste decididamente por la innovación. Pero esto no se logrará mientras el Gobierno no se atreva a romper con el sistema medieval arriba descrito.

Apostar por la meritocracia y evitar la endogamia es el verdadero desafío del Gobierno de Rajoy en lo relacionado con la universidad. Las medidas anunciadas están bien, pero solo como primer paso hacia las auténticas y tan necesarias reformas.

Fuente: www.libertaddigital.com

 

Comentario:

Este análisis de la enseñanza superior española, nos permite deducir la calidad de tanta universidad española que brinda sus estudios en Chile, ya sea vinculado a una universidad chilena con la cual tiene convenio o bien directamente. Dentro de esta profusa oferta de títulos académicos (Magister y Doctorados), llama la atención la denominación de Máster (como título propio). Efectivamente España otorga máster oficial y que cuentan con todas las rigurosidades de créditos académicos y evaluaciones que exige la mayoría de las universidades serias. Pero paralelamente ofrece y entrega este tipo de Máster (como título propio) y que está sometido a un procedimiento de evaluación y de garantía de calidad, pero internamente en la propia universidad. Su flexibilidad es tal que en muchos casos no exige el grado académico de licenciado, solo un titulo técnico y en otros casos permite el ingreso de personas que solo cuentan con una experiencia laboral. Obviamente no da la posibilidad de acceder a un doctorado, pues no cuentan con las competencias exigidas.

El problema ya está instalado en Chile y desde hace mucho tiempo, contando con una vasta red de profesionales y con sendos diplomas, certificados de magister e inclusive de doctorados de dudosa calidad, tal como lo refiere la autora del citado artículo.

Más aun, el mismo Estado de Chile (Ministerio de Educación), no hace mucho por controlar y evaluar la calidad de estos títulos académicos y que justamente van en contra de la calidad de los contenidos en la educación. Se puede colegir que de alguna forma que el Estado de Chile avala este tipo de formación universitaria, basado en un modelo donde impera el contar con la mayor cantidad de titulados, aun cuando su calidad como profesionales sea de menor calidad.

Otro paralelismo entre el modelo educacional español y chileno es la obtención de becas universitarias (magister y doctorados), por parte de profesionales que no contaban con los meritos del caso. ¿No le recuerda el caso del actual Senador Ricardo Lagos Weber, que en 1990 obtuvo la beca Presidente de la republica para estudios de doctorado en el extranjero y que dejo inconclusos? ¿Cuánto dinero perdió Chile? ¿Mereció obtener esta beca, en detrimento de otros postulantes?

Entonces, podemos deducir que las actuales reformas educacionales y que impulsa actualmente el Gobierno de Chile, con el apoyo de la Nueva Mayoría en el Congreso nacional, son concordantes en una gran medida con el sistema español donde importa más la educación universitaria para todos (cantidad a ultranza), en detrimento de la calidad. Un ejemplo de ello es la actual reforma educacional, donde destruye la meritocracia en la educación media y con ello la destrucción a la larga de liceos emblemáticos como lo es el Instituto Nacional.

 

 

 

 ículo

Etiquetas:   Educación   ·   Políticas Públicas

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