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Verdades y Mentiras en torno del Arcágel Uriel.


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02/02/2015


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Es típico de los seguidores de la New Age romper con la honorable y sana tradición judeo-cristiana en materia de ángeles. Ya a san Miguel arcángel le cambiaron  la capa roja por una azul. Además de inventar un falso ángel llamado Chamuel. Pero al pobre Uriel lo han convertido en un simple receptor de peticiones de dinero y de arreglines de encuentros amorosos.


La ignorancia y la ingenuidad reinan soberanos en esos seres que buscan alguna pseudo-religión para sus vidas rotas, ya sea emocional o materialmente. Jamás Uriel ha sido el especialista celestial de esas cuestiones. Hay un mal entendido respecto de sus sagradas funciones que se debe aclarar y ordenar.

Uriel es un nombre hebreo de una persona y de un ángel. Como persona aparece en la Biblia en el Libro I de Crónicas cap. 6,24. Y como arcángel aparece en la literatura para-bíblica, es decir, en el libro de Henoc y en los textos de antiguos kabalístas.

Significa Luz o Fuego de Dios. Un aquivalente de Nuriel, o de Auriel. O de Oriel. Es uno de los siete arcángeles que están en la Presencia del Trono de Dios. La Biblia da testimonio de la existencia de esos siete excelsos servidores del Supremo en el Libro de Tobias y en el Apocalipsis, sin dar todos sus nombres. Solo Miguel, Rafael y Gabriel aparecen en el libro sagrado.

La biblioteca de Qumran agrega el libro de Henoc y rinde culto a los siete ángeles conservando sus nombres en mayor número. Lo mismo hacen los rabinos. Así en la Edad Media aparecen documentos que agregan un cuarto arcángel para la protección de los judíos piadosos y para tener presencias angélicas a los cuatro puntos cardinales. 

Con la aparición de la Kábalah cristiana en los sabios renacentistas de orientación rosacruz y masónica se introduce a Uriel y a otros ángeles en los grupos de estudio y de prácticas mágicas. Se invocan a los cuatro arcángeles: Gabriel, Rafael, Miguel y Uriel para protegerse de los demonios que se acercan a los magos desde los cuatro puntos cardinales.

También estos grupos asocian a los puntos cardinales a los cuatro elementos. Y allí comienza la confusión con Uriel. Tras varios siglos  de estar en otros puntos cardinales, y a otros elementos, finalmente se le asigna a Uriel el punto cardinal Norte y al elemento Tierra. Pero no se trata de que él gobierne la tierra, se trata de CONTROLAR A LOS ELEMENTALES DE LA TIERRA QUE ESTEN DESORDENADOS, que no es lo mismo que otorgar los favores del mundo material.

Originalmente, en el libro de Henoc, se afirma que Uriel es el Arcángel que conduce al patriarca lejos de la tierra, a los cielos, en un vuelo astral, para darle a conocer los misterios de Dios respecto de la salvación de los justos y del destino de Israel en la historia, como también los castigos de las naciones rebeldes a la Ley divina. Un rol definitivamente espiritual y profético. Varias de sus imágenes son utilizadas posteriormente en el libro del Apocalipsis por san Juan evangelista.

El control que ese arcángel, o cualquier otro arcángel, sobre el elemento tierra, no significa que otorgue favores materiales y que esté en sintonía con todos los deseos de la gente. La Kábalah, por ejemplo, para lograr éxitos en lo sentimental erótico recomienda a Haniel, que significa Gracia de Dios. O a Rafael, medicina de Dios. Pero nunca recomienda a Uriel, pues su tarea es más elevada que esos menesteres terrenales.

Tal control sobre el elemento tierra, como se le asigna en la magia blanca moderna, tiene que ver con la Purificación del alma del hombre de lo que es terrenal, o con la transmutación en un  ser divino. Es lo propio del Fuego y de la Luz de Dios, purificar y transformar. Iluminar en la senda de la perfección hacia el Creador. No, desde luego, aumentar los apegos de las almas por los placeres terrestres.

Claro que de tanto invocarlo con fines equivocados, ocurre algo terrible, como bien saben los maestros de sabiduría, y no los desubicados e ignorantes seguidores de la Nueva Era. Se evoca a un demonio que lo suplanta, y se encadena el alma de esos ingenuos a los infiernos con férreas cadenas de ignorancia y de pecado.

Si no se cree a mis palabras leer con atención las tentaciones de Jesucristo en el desierto, y ver quien le ofreció las riquezas de la tierra al Maestro Galileo. Desde luego no era Uriel.

Claro está que lo mejor que les puede ocurrir a esos devotos impuros es que o el Arcángel no los escuche, y los proteja de sus propios deseos desordenados, o bien los toque con su luz y los impulse a volar más allá de sus rodillas. Y así comenzar el verdadero proceso de salvación y de transmutación del alma en la luz de Dios, en vez ser un vulgar seguidor de Mammón.



Etiquetas:   Religión
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