. Ya a san
Miguel arcángel le cambiaron la capa
roja por una azul. Además de inventar un falso ángel llamado Chamuel. Pero al
pobre Uriel lo han convertido en un simple receptor de peticiones de dinero y
de arreglines de encuentros amorosos.
La ignorancia y la ingenuidad reinan soberanos en esos seres
que buscan alguna pseudo-religión para sus vidas rotas, ya sea emocional o
materialmente. Jamás Uriel ha sido el especialista celestial de esas
cuestiones. Hay un mal entendido respecto de sus sagradas funciones que se debe
aclarar y ordenar.
Uriel es un nombre hebreo de una persona y de un ángel. Como
persona aparece en la Biblia en el Libro I de Crónicas cap. 6,24. Y como
arcángel aparece en la literatura para-bíblica, es decir, en el libro de Henoc
y en los textos de antiguos kabalístas.
Significa Luz o Fuego de Dios. Un aquivalente de Nuriel, o de
Auriel. O de Oriel. Es uno de los siete arcángeles que están en la Presencia
del Trono de Dios. La Biblia da testimonio de la existencia de esos siete
excelsos servidores del Supremo en el Libro de Tobias y en el Apocalipsis, sin
dar todos sus nombres. Solo Miguel, Rafael y Gabriel aparecen en el libro
sagrado.
La biblioteca de Qumran agrega el libro de Henoc y rinde
culto a los siete ángeles conservando sus nombres en mayor número. Lo mismo
hacen los rabinos. Así en la Edad Media aparecen documentos que agregan un
cuarto arcángel para la protección de los judíos piadosos y para tener
presencias angélicas a los cuatro puntos cardinales.
Con la aparición de la Kábalah cristiana en los sabios
renacentistas de orientación rosacruz y masónica se introduce a Uriel y a otros
ángeles en los grupos de estudio y de prácticas mágicas. Se invocan a los
cuatro arcángeles: Gabriel, Rafael, Miguel y Uriel para protegerse de los
demonios que se acercan a los magos desde los cuatro puntos cardinales.
También estos grupos asocian a los puntos cardinales a los
cuatro elementos. Y allí comienza la confusión con Uriel. Tras varios
siglos de estar en otros puntos
cardinales, y a otros elementos, finalmente se le asigna a Uriel el punto
cardinal Norte y al elemento Tierra. Pero no se trata de que él gobierne la
tierra, se trata de CONTROLAR A LOS ELEMENTALES DE LA TIERRA QUE ESTEN
DESORDENADOS, que no es lo mismo que otorgar los favores del mundo material.
Originalmente, en el libro de Henoc, se afirma que Uriel es
el Arcángel que conduce al patriarca lejos de la tierra, a los cielos, en un
vuelo astral, para darle a conocer los misterios de Dios respecto de la
salvación de los justos y del destino de Israel en la historia, como también
los castigos de las naciones rebeldes a la Ley divina. Un rol definitivamente
espiritual y profético. Varias de sus imágenes son utilizadas posteriormente en
el libro del Apocalipsis por san Juan evangelista.
El control que ese arcángel, o cualquier otro arcángel, sobre
el elemento tierra, no significa que otorgue favores materiales y que esté en
sintonía con todos los deseos de la gente. La Kábalah, por ejemplo, para lograr
éxitos en lo sentimental erótico recomienda a Haniel, que significa Gracia de
Dios. O a Rafael, medicina de Dios. Pero nunca recomienda a Uriel, pues su
tarea es más elevada que esos menesteres terrenales.
Tal control sobre el elemento tierra, como se le asigna en la
magia blanca moderna, tiene que ver con la Purificación del alma del hombre de
lo que es terrenal, o con la transmutación en un ser divino. Es lo propio del Fuego y de la
Luz de Dios, purificar y transformar. Iluminar en la senda de la perfección
hacia el Creador. No, desde luego, aumentar los apegos de las almas por los
placeres terrestres.
Claro que de tanto invocarlo con fines equivocados, ocurre
algo terrible, como bien saben los maestros de sabiduría, y no los desubicados e
ignorantes seguidores de la Nueva Era. Se evoca a un demonio que lo suplanta, y
se encadena el alma de esos ingenuos a los infiernos con férreas cadenas de
ignorancia y de pecado.
Si no se cree a mis palabras leer con atención las
tentaciones de Jesucristo en el desierto, y ver quien le ofreció las riquezas
de la tierra al Maestro Galileo. Desde luego no era Uriel.
Claro está que lo mejor que les puede ocurrir a esos devotos
impuros es que o el Arcángel no los escuche, y los proteja de sus propios
deseos desordenados, o bien los toque con su luz y los impulse a volar más allá
de sus rodillas. Y así comenzar el verdadero proceso de salvación y de
transmutación del alma en la luz de Dios, en vez ser un vulgar seguidor de
Mammón.