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Democracia Imperfecta


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22/01/2015


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Da para ironizar. ¿25 años nos hemos demorado en formular esa aseveración? ¿Cómo entender que después de 17 años de dictadura y transitando por la vía democrática, hayamos mantenido incólumes los pivotes del sistema político y económico?


En medio del caso Penta, una reflexión sobre esta "democracia imperfecta"

En el repliegue de las fuerzas políticas éstas lograron mantener por un cuarto de siglo un sistema electoral distorsionado, donde la minoría aseguraba llevarse siempre la mitad del queso. En los acuerdos secretos de la transición entre la élite saliente y ésa que retornaba renovada de Europa, justo después de la caída de los muros, aclanada, con lucas y pragmáticos, se implantó la desmovilización social, en aras de la gobernabilidad.

Y persistió o aumentó la ola privatizadora. La Concertación hizo vista gorda a la revisión de las apropiaciones a precio vil de las empresas del Estado, las mismas que después fueron la base de esa riqueza concentrada en los grupos que detentan el poder real en Chile. Pero no sólo eso, en los períodos subsiguientes fue la minería del cobre la que se desnacionalizó y hoy la participación del Estado es menor al 30% de nuestras exportaciones. Y seguimos en los 90 entrampados en los secretismos, con el ex-Dictador de Senador Vitalicio, con el aparato público rescatándolo de Londres donde el Juez Garzón lo tenía retenido en el único intento honesto de justicia por las atroces acciones represivas que troncharon la vida de miles de compatriotas.

En esos episodios la justificación era el miedo, el mismo miedo que había usado el aparato represor con sus soplonajes, persecuciones, desapariciones, montajes. En los noventa fue sembrar el miedo: nada se podía tocar, había que ser cautelosos para que no volvieran los militares. Fuimos así sumiéndonos en la inmovilidad social, en el no hacer olas, tratando de avanzar de contramano con la palabra crítica, pero dispersos, sin la fuerza moral que tuvimos en los ochenta, cuando esa élite aún no llegaba a ponerse en la delantera, desplazando a los líderes genuinos de esa época ochentera. Algo que nunca se transparentará porque huele muy feo y son cosas que van bajo la alfombra. Pero ese período extenso de 25 años enriqueció a muchos, porque se convirtieron en asesores de multinacionales, les abrieron puertas para que depredaran tranquilos. Se convirtieron en sus lobbistas preferidos, despejando el camino con sus contactos, sus relaciones familiares o de secta. Ya no hubo utopía alguna sino el simple ejercicio de permanecer. Ese agotamiento significó que por 4 años la derecha propiamente tal- no la otra, que habla con la izquierda pero cobra con la derecha- ocupara el poder.

Y llegó la Nueva Mayoría, con un aire de cambio frente a un país desconfiado, indignado, rupturista de esquemas agotados, con años de movilización espontánea, desde los secundarios del 2006 hasta el año 2011, que vivimos marchando. Y se fueron apilando las demandas, surgió el regionalismo, el progresismo, el asambleísmo anarquista ocupó federaciones, los comunistas negociaban sus cupos dentro de la NM, el poder comenzaba a complicarse. las demandas sociales ya no se apagaban metiendo susto con el golpismo. Ahora había otra impronta, el descontento era desesperación, se llamaba endeudamiento, desprotección en salud, estafa en educación sin destino, saqueo patrimonial a través de las pensiones que comenzaban a estallar en un sistema perverso, que sólo fue bueno para quienes concentraron el dinero a costo cero para especular con él y disponerlo para sus grandes negocios. La corrupción trazó su ruta cruzando desde la dictadura a la democracia.

La gente votó por la NM, pero fue mayor la abstención que los votos efectivos, lo que dice mucho. El díscolo príncipe  Marco Enriquez Ominami llegó a niveles importantes, lo propio Parisi que bordeó el 10%. El choclo se desgranaba y la NM se las jugó para hacerse cargo de las expectativas, quizás con muchos de sus miembros incómodos, por decir lo menos, con estas ideas que abren ventanas y dejan la cocina clásica a descubierto.

Y en esta coyuntura, pese a desaciertos que se han gritado a viva voz, ha habido avances genuinos, como ha sido fortalecer la capacidad fiscalizadora de la Hacienda Pública, terminar con el binominal, echar a andar la reforma a la educación. Pero, en la esencia, se echa de menos ese gran liderazgo que raye la cancha y convoque al cambio medular que todos esperan, el de la Constitución. Que destrabe de una vez por todas las camisas de fuerza para que se pueda emprender desde lo público, con capacidad real para regionalizar con recursos. Cuando ello ocurra, los partidos políticos y sus equipos deberán aprender a manejar el buque del Estado, que no puede ser a pedales ni tener remeros descoordinados, sino agentes públicos que puedan manejar con seguridad e innovación una torpedera ágil y oportuna. Que salve las contingencias y que levante la economía.

El Estado en una concepción keynesiana y republicana puede corregir todos los lastres, si de verdad la clase política tiene la convicción de llevarlos adelante. Y allí queda de nuevo la interrogante. ¿Si bien se avanza, cómo se asegura resultados para romper tendencias negativas? ¿cómo y donde se puede dinamizar obras públicas directas, sin la burocracia que impone ser un Estado Subsidiario y no Protagónico?

Cuestiones que forman parte de estos escenarios, que son de dulce y agraz, que de pronto entusiasman y hasta emocionan, mientras que en otras se viene esta desconfianza y el temor de que nuevamente, los manejos de pasillo, de cocina, de visitas discretas el fin de semana, le tuerzan la nariz a un futuro de dignificación republicana. Motivos para descreer hay y demasiados, y para volver a motivar a la ciudadanía, todavía muy pocos. Yo no quiero morir en una democracia imperfecta.

Una mirada libre a nuestro entorno



Etiquetas:   Política   ·   Sociología   ·   Democracia   ·   Sociedad   ·   Dictadura   ·   Partidos Políticos   ·   Juventud   ·   Soberania

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