Internet: Ni paradójica ni problemática

Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

 

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(La paradoja de Internet como derecho fundamental. Ricardo Tavío Gallo, Reeditor 19/07/2011)

 

De vez en cuando, alguien inventa un producto de profundas, y a menudo inesperadas consecuencias en la sociedades humanas. 

 

Ocurrió una vez cuando Ts'ai Lun, un oficial de la Corte Imperial China inventó el papel en el año 105, proveyendo una materia esencial para la conservación y difusión del conocimiento. Ocurrió también mil años más tarde cuando un monje Benedictino (supuestamente Gerbert d'Aurillac, mas tarde Papa Sylvester II por la gracia del Emperador Otto III) creó el reloj mecánico para regular el horario de oraciones, para más tarde regular la esfuerzo humano puesto en la producción industrial. Y cuando el herrero alemán Johannes Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles en Europa. ¿Quién hubiera podido predecir  el impacto de esta invención inicialmente dedicada a publicar la Biblia? ¿Quién hubiera podido adivinar que un día seria usada para socavar la autoridad de la Iglesia? ¿O imaginar que los libros, hasta entonces posesiones de unos pocos y símbolos de riqueza y poder, estarían un día al alcance de las masas?

 

Ninguna de estas previas invenciones pivotales, ni la Internet, contiene intrínsecamente problema alguno ni elementos paradójicos. Ellas son creaciones neutras del genio humano, con la capacidad imparcial de registrar, conservar  y difundir nuestras realizaciones más nobles y nuestras perfidias mas aborrecibles. 

 

Inversores del Paraíso--Con papel e Imprenta

 

Mucho antes de la invención de Internet, a su regreso a Londres desde América en 1820, el general Gregor MacGregor anunció ser propietario y Cacique del Principado Independiente de Poyais, una isla de su imaginación en la Bahía de Honduras.

 

MacGregor se convirtió así en un exitoso timador, persuadiendo a muchos de sus compatriotas ingleses a invertir en el imaginario paraíso tropical de Poyais.  El publicitó su estafa con una guía que detallaba la geografía y los abundantes recursos naturales de su isla (incluyendo "dólares Poyaisenos impresos por él mismo), y argumentando que ya contaba con toda la infraestructura necesaria, pero que  necesitaba inversores y colonizadores, y quería dar la primera oportunidad a los residentes de Londres, Glasgow y Edimburgo.

 

Algunos esperanzados inversores emigraron a Poyais, solamente para descubrir una jungla inhabitable  y ser rescatados al mes siguiente por la Marina de Honduras Británica.

 

Entra la era Web

"Hola, mi nombre es Howard Welsh, hoy he hablado con Dios".  Así presentaban su pirámide bendita, Howard Welsh y su amante socia Lee Hope Thrasher, quienes pudieron extraer 31 millones de dólares ofreciendo a creyentes cristianos inversiones con ganancias libres de impuestos.  Welsh y Thrasher proclamaban ser misioneros inspirados por la Providencia para levantar la iglesia "Viviendo Tu Única Misión".  Ambos fueron eventualmente detenidos y encarcelados por el FBI después de dos años de estar en lista de fugitivos más buscados.  Welsh and Thrasher fueron arrestados en Noviembre de 2004.

Tenemos también el caso del argentino Eugenio Curatola, quien prometía convertir miles en millones, y ahorros en fortunas. Curatola y su gente habrían estafado a por lo menos 200 clientes que reclaman, hasta el momento,  alrededor de 30.000.000 de dólares, aunque hay fuertes indicios de que el resultado de la operación habría sido aún mayor.

Curatola ofrecía jugosas inversiones fuera del país, pero nunca devolvió el dinero a sus clientes.

La suya era una ilusión similar a la de aquellos antiguos charlatanes de feria que juraban haber descubierto la maquinita de hacer dinero. Deposite usted 10.000 dólares en una cuenta bancaria de Bermudas y espere a que le devuelvan ganancias de hasta el 100%.  Las ganancias se acumulaban, pero sólo en la virtualidad de una página de Internet. Entiendo que hasta hoy la causa está pendiente.

Ningún invento aparece con paradojas o problemas, éstas nacen con las intenciones y acciones humanas.

UNETE



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