La muerte como mercancía

 

 

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   En los últimos tiempos, ese espacio que intentaba ser ocultado de lo público, lo privado también puede ser abierto, y los límites entre ambos pueden configurarse en una porosidad donde, ya nadie sabe que corresponde a cada una de las esferas.

  Durante mucho tiempo la muerte era una experiencia colectiva, el devenir del capitalismo la fue convirtiendo en un acto privado, el último acto del individuo enfrentándose con su propio espejo, la muerte deja el espacio de lo colectivo para ser un espacio privado y oculto.

  El desarrollo de los medios de comunicación han logrado convertir nuevamente determinadas maneras de muertes, no solo en actos públicos sino en una mercancía simbólica que permite mantener altos índices de audiencia, no las muertes cotidianas, aun aquellas que pueden romper lo que se denominaría el acontecer de lo diario, ya que ocurren en los espacios donde esos hechos se dan por supuesto que deben ocurrir.

  La muerte está atravesada por las clases sociales, algunas vidas merecen ser recordadas otras solamente parecen que ahí estarán, es la dignidad de la vida como espacio de ser recordado, o que algunas vidas siguen siendo dignas de ser lloradas, otras solo serán un numero, como mucho, alguna estadística…. Algunas vidas son solo parte de un porcentaje, anonimatos del estar en el mundo.

   La muerte, como experiencia atraviesa a la totalidad de las sociedades, pero ahora la muertes dignas de ser  contadas merecen contadas atraviesan las pantallas y nos invaden, nos queda la posibilidad de apagar el televisor, pero aun nos rodearon… hasta que la muerte deje ser un valor de cambio simbólico, y entrara al camino de la memoria de quienes ejercen el acto de la rememoración, no frente al micrófono o la cámara de un canal de televisión.

  Pero igualmente, el tiempo encontrara una nueva forma de que la muerte como mercancía pueda ocupar los horarios centrales de los noticieros, y no es una forma de acompañar la soledad de los moribundos que somos los seres humanos arrojados a este mundo.          

UNETE



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