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La esperanza no es utópica


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20/12/2014


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Cuántas veces hemos escuchado la frase: “Ten Esperanza “Todo va a cambiar para mejor” y cuantas se nos ve ensombrecida por resultados adversos a nuestros deseos, cuantos golpes certeros recibimos en el centro mismo de nuestra fe y cuantas veces se nos ve frustrado nuestros anhelos por los caprichos ajenos … indudablemente miles millones de veces. Sin embargo en nuestro interior sabemos lo necesario que es mantener viva nuestra esperanza.


La esperanza, es sin duda, es un estado de ánimo optimista que toma asidero en la expectativa de resultados favorables relacionados a eventos o circunstancias de la propia vida o el mundo en su conjunto. La esperanza se produce cuando deseamos y creemos que podemos lograr algo que queremos. Es una actitud positiva que puede tener beneficios en sí misma. Si eres una persona que habitualmente tiene poca esperanza, tal vez es el momento de hacer algo para aumentarla.

Las personas que tienen esperanza suelen obtener mejores resultados en todo lo que hacen. La esperanza nos empuja a actuar, nos ayuda a tomar decisiones y nos mantiene motivados y en marcha.

Las personas con más esperanza sienten menos estrés ante los obstáculos, se ven más capaces de superarlos y se plantean más metas y objetivos por alcanzar. Esto hace que sus vidas se enriquezcan y sean más completas. La falta de esperanza empobrece la vida de las personas, porque intentan realizar menos cosas y tienen menos experiencias, llevando vidas más vacías.

La primera dimensión de la esperanza es el optimismo. No hay esperanza sin optimismo

El segundo elemento de la esperanza es la convicción de que el advenimiento del futuro depende del actuar humano. Si se vuelve la espalda a esta convicción, la esperanza sólo se puede montar interpretando aquello que se espera como un final que llegará, que será real, en virtud de un dinamismo exterior a la intervención del hombre. Esa esperanza, falsificada por estar hueca de la intervención humana es característica de lo que se llama utopía. El hombre utópico habla así: los tiempos son malos, y no hay nada que podamos cambiar; sin embargo, sin mi intervención, sin contar conmigo, los males que nos aquejan desaparecerán y se instaurará una situación óptima final. Como es claro, de esta manera se repite el optimismo pesimista de Leibniz, pero trasponiéndolo: no estamos en el mejor mundo posible, pero lo estaremos. Ahora bien, esa mejoría centrada en el futuro sucederá de un modo automático, mecánico, o según el acontecer fatal de fuerzas extrahumanas.

La esperanza utópica está falsificada no sólo porque la utopía no acontecerá nunca, sino porque no será posible reconocer ese futuro como propio, ya que acontecerá como consecuencia de dinamismos exteriores a la aportación del ser humano. La utopía dibuja un futuro mejor, pero como una situación extrahumana, es decir, exterior al hombre por ser debida a un proceso determinista en el que la libertad está ausente.

Como imperativo, la esperanza propone un futuro intrínseco para el hombre. El futuro es mejor con una condición: que el ser humano se haga mejor; en otro caso, sólo hay sitio para la utopía. En la utopía se oculta un pesimismo o un reduccionismo antropológico: si el hombre no hace nada, permanecerá invariado en un mundo magnífico, como algunos de los convidados a la boda en la parábola evangélica. Esa boda es la situación óptima, pero hay convidados que quieren entrar sin traje nupcial, es decir, sin haber cambiado, sin haber mejorado. Y esos, son echados fuera.

 

Aquí aparece otra dimensión de la esperanza: el hombre esperanzado, y no aficionado a la utopía, sabe que el futuro comporta una tarea.

Como fortalecemos la esperanza:

Convencerte de que existen cosas buenas reservadas para ti.

Recuerda que el éxito es un camino, no un destino.

El éxito es algo que tienes que creer.

Sin importar la situación en la cuál te encuentres, siempre necesitas tener al menos dos alternativas.

A pesar de que la situación en la cual te encuentres está mayormente fuera de tu control, SIEMPRE existe algo, por pequeño que sea, que está en tu control.

Lee sobre historias de éxito, no necesariamente sobre el éxito, sino sobre la historia. La mayoría de las historias de éxito están basadas en años y décadas de luchas, fracasos y caídas. Esas historias necesitas leer y escuchar. Aprender las luchas de otros te dará esperanza para tu lucha. Comenzarás a convencerte de que “los exitosos” también son humanos y que transitaron la misma vía que tu transitas. Aléjate de las historias de éxito repentino. No te hacen bien, no son sostenibles en el tiempo y sólo traerán desmotivación. Las verdaderas historias de éxito aumentarán tu esperanza.

Necesitas convencerte de que todo lo que nos sucede en la vida tiene un propósito y entenderemos el mismo eventualmente.

Necesitas convencerte que Dios, nuestro Padre, está en control y sólo quiere lo mejor para ti.

Nunca olvides esto: Dios hará lo imposible después que tú hayas hecho todo lo posible.

 



Etiquetas:   Autoayuda   ·   Autoestima

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