. Pero los oráculos famosos recogidos como sueños proféticos en la
Biblia, o en las Obras de Cicerón, o en otros documentos antiguos son en
realidad algo diferente a meros sueños personales de deseos insatisfechos.
Se trata de experiencias psíquicas verdaderamente
paranormales. Verdaderas precogniciones o premoniciones. Algunas de esas
predicciones se plasmaban en símbolos, otras en verdaderas películas mentales
noveladas, o como una voz que guiaba al profeta o al sensitivo.
Heródoto registró dos sueños que tuvo el rey medo Antiagues,
el abuelo del rey Ciro el Persa. Hacia el año 580 antes de Cristo. Veia a su
hija Mandana que orinaba una enorme cantidad de liquido, tan grande que cubria
la capital de su reino y la mitad de Asia y los inundaba.
Mandó a llamar a los magos para la interpretación de aquel
primer sueño. Ella seria madre de un imperio. Para que ningún medo lo destronara Antiages dio a su hija en
matrimonio a un persa llamado Cambises.
Al año siguiente el rey volvió a soñar con su hija, ya embarazada, y vio
surgir de su matriz una cepa de viñas que cubría toda Asia. Nuevamente los
magos le interpretaron que el hijo de Cambises sería rey y emperador de Asia.
Entonces el mando a llamar a su hija que se hallaba en Persia
y la vigiló hasta que el bebe nació, se le llamo Ciro, y lo mandó a matar por
manos de Arpagón, pero este no se atrevió a asesinar al niño, el cual se
convirtió en el famoso Ciro el Grande, emperador de los Medos y de los Persas,
y que dio fin al imperio babilónico, y con ello permitió el retorno de los
judíos a su tierra y a su amada Jerusalén.
Así se cumplieron las viejas profecías de Jeremías y de
Daniel, que hablaban del exilio de Israel y de su retorno a la tierra prometida
y la reconstrucción del templo de Salomón.
Así la Biblia registra los sueños de otros reyes antiguos,
del Faraón, sobre las vacas gordas y las flacas, los sueños de Nabucodonosor, y
los de otros videntes como José, Samuel, Daniel, Ezequiel, Juan Evangelista, y
otros lectores de los programas de la mente divina.
La Biblia es un mundo enorme de informaciones sobre sueños y
experiencias paranormales que vale la pena investigar con espíritu amplio. Los
patriarcas eran expertos en la interpretación de sueños y visiones. Eso ya se
nota claramente en el capítulo 37 del Génesis, cuando Jacob interpreta
correctamente los sueños de su hijo José, más de veinte años antes que sucedan
los hechos anunciados por los dos sueños del joven profeta de 17 años.
El patriarca sabía esa hermenéutica de sueños pues el también
los había tenido. Sueños hiperlúcidos o supraconscientes, como es el famoso
sueño de la Escalera de Jacob, donde los ángeles subían y bajaban por una
largísima escala que unía el cielo con
la tierra, y Dios estaba en la cumbre de dicha escalera. Y no solo lo
vió, también le hablo y le hizo promesas que se cumplieron punto por punto en la
vida personal de Jacob y en la de sus descendientes. Basta con leer el capítulo
28 del Génesis para enterarse y comprender mirando la historia de Israel en su
conjunto.
Y eso no es algo tan misterioso o inexplicable para los que
saben. Recuerdo a este respecto las palabras de un experto chileno. Conversaba
yo con don Benjamín Subercaseaux, el científico y escritor, en el comedor de la
Universidad Federico Santa María, y el tema era la parapsicología y los sueños
proféticos.
Y ante mis preguntas me dijo: “Mira Fernando, se trata de la
mente humana, durante el sueño fisiológico, se desconecta del cuerpo y se eleva
a la dimensión del la mente universal, la mente de Dios, y entonces puede mirar
hacia abajo, y ver los acontecimientos entes que sucedan igual que un aviador
que vuela sobre un rio. Debajo del avión a tres mil o cuatro mil metros, va un
botero, por una ruta de agua llena de curvas. El hombre del bote no puede ver
más allá de doscientos metros del rio por delante y por detrás de él. Pero el
piloto del avión puede ver en el mismo instante la desembocadura del rio y su
origen y el punto donde navega el botero”.
Así es el espíritu de los videntes o de los profetas, se
elevan por sobre la dimensión del espacio-tiempo normal, y en la dimensión del
eterno presente del Espíritu Supremo, pueden ver el futuro o el pasado, además
del presente.
Por eso el hundimiento de Titanic fue predicho con exactitud
matemática por un novelista norteamericano 14 años antes que ocurriera. Y
hombres como Julio Verne han podido predecir con facilidad eventos como la
aparición de los submarinos atómicos en 20.000 leguas de viaje submarino, o la
instalación de la estación espacial de Cabo Kennedy en USA, con motivo del
lanzamiento de un cohete a la Luna.