Índice de percepción de la corrupción 2014

De los 34 países que forman la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), México tiene la peor calificación en el Índice de Percepción de la Corrupción 2014.

 

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De entre 175 países donde se mide este Índice, ocupemos el lugar 103. En América Latina, México está por debajo de sus principales socios y competidores económicos: se ubica 82 posiciones debajo de Chile y 34 después de Brasil.

http://www.transparency.org/whatwedo/publication/cpi2014

http://leonardoengd.blogspot.mx/2014/12/indice-de-percepcion-de-la-corrupcion.html

http://leonardoengd.blogspot.mx/2014/12/los-diez-paises-mas-corruptos-2014.html

http://leonardoengd.blogspot.mx/2014/12/los-diez-paises-menos-corruptos-2014.html

http://leonardoengd.blogspot.mx/2014/12/corrupcion-en-latinoamerica-2014.html

Para un país en el que la mentira histórica y política se oculta constitucionalmente, no es ajeno que tras un lenguaje ataviado de libertad, justicia y democracia, se esconda una voluntad dictatorial.

Transformar nuestros países en sociedades realmente modernas y no en meras fachadas para demagogos ha sido la gran lucha histórica de Latinoamérica. Hay que repasar la historia para tratar, en todo caso, de entender el tortuoso camino por el que México ha transitado para erigirse como nación.

Somos el resultado de un país conquistado que después de 300 años de dominación y adopción (a sangre, fuego y religión) de los usos y costumbres españoles, bajo la influencia de las revoluciones francesa y estadunidense del siglo XVII, alzó la mano y la voz para quitarse el yugo de la colonia española: no para liberar a los indígenas; tampoco para erigirnos en una nación que abrazara los preceptos republicanos de franceses y americanos; menos, para construir un país autónomo política y económicamente. Con el movimiento de independencia se consolidó una nueva jerarquía feudal y terrateniente de criollos ilustrados. Después de la guerra de independencia nació el Imperio Mexicano. No es una casualidad que haya sido un “pacto” entre Iturbide y “Guerrero”.

Tras un cuarto de siglo de luchas, pronunciamientos y rebeliones, posteriores a la guerra de independencia, la época de la Reforma (1857) consuma la Independencia de nuestro país y le otorga su verdadera significación. Con la Reforma se concluye en una triple negación: la herencia española, el pasado indígena y el catolicismo. El proyecto histórico de los liberales aspiraba a sustituir la tradición colonial, basada en la doctrina del catolicismo, por una afirmación universal: la libertad de la persona humana.

México nace en la época de la Reforma; no obstante, la Reforma es el proyecto de una minoría que impone su esquema al resto de la población en contra de otra minoría activamente tradicional. Dicho de otro modo: el catolicismo fue impuesto por una minoría de extranjeros tras una conquista militar; el liberalismo, por una minoría nativa, aunque de formación intelectual francesa, después de una guerra civil. No es gratuito, entonces, que la Avenida más importante del país se llame Paseo de la Reforma y que los norteamericanos, sobre todo, hayan alimentado en ese “transe” su apetito por nuestro territorio, por nuestras factorías y con ello, alentado una nueva revolución.

La Revolución, por su parte, nos revela al mexicano que está detrás. A ese campesino que quiere volver al pasado y romper con los nuevos terratenientes, a reestablecer el orden nativo de los dueños originales de la tierra. La novedad de la Revolución es que incorpora al movimiento obrero que luchaba por sus derechos contra los dueños de fábricas que en su mayoría pertenecían a latifundistas (herederos de los criollos ilustrados) y a empresas extranjeras (muchas europeas traídas por Porfirio Díaz). No es gratuito, tampoco, que uno de los estandartes de la revolución fuera “Tierra y Libertad”, y que uno de los pilares constitucionales sea la No Reelección y el artículo 123. Nacen los “carranclanes”.

Posterior a la Revolución nace el régimen que amalgamó todos estos usos y costumbres, redactó, promulgó y estableció la mejor Constitución Política a la que un país pudiera aspirar y adoptó un discurso que hoy se pretende reinstalar (que se suponía superado en la “transición” del año 2000). También es un número reducido de notables, la diferencia es que son herederos de un grupo avecindado en el Estado de México.

No es nada raro, entonces, que de los 34 países que forman la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), México tenga la peor calificación en el Índice de Percepción de la Corrupción 2014, y que, entre los 175 países donde se mide ocupemos el lugar 103. En América Latina, México está por debajo de sus principales socios y competidores económicos: se ubica 82 posiciones debajo de Chile y 34 después de Brasil.

Sin duda, los países (sobre todo latinoamericanos de herencia colonial) han aumentado la adopción de leyes de acceso a la información y se han unido a iniciativas de gobiernos abiertos; sin embargo, los grandes esquemas de corrupción que involucran a individuos del más alto nivel de poder y la falta de sanciones a los corruptos continúan prevaleciendo.

Para un país en el que la mentira histórica y política se oculta constitucionalmente, no es ajeno que tras un lenguaje ataviado de libertad, justicia y democracia, se esconda una voluntad dictatorial.

Leonardo Alvarez

@leon_alvarez

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