. O finalmente un Pablo
Cohelo.
Muchos andan buscando las claves secretas del cristianismo en
fuentes externas como los evangelios apócrifos, o en la India, o en el Lamaismo
tibetano, pero no han mirado con la atención debida al mismo libro de
Revelaciones de Juan y a la Biblia como totalidad y como un cuadro con sentido
histórico y meta-histórico. Evangelio es un vocablo griego que significa Buena
o Alegre Noticia.
Los cuatro evangelios son en realidad cuatro puertas al
conocimiento de la persona divina y humana de Jesucristo, pero en sí mismos son
visiones incompletas del misterio del origen y del trabajo cósmico de aquel
maestro Galileo de trágico final y de gloriosa resurrección y exaltación a la
diestra del Padre. Son evangelios de raíz histórica con elementos
sobrenaturales que apuntan a una realidad meta-histórica, descrita con
magistrales palabra en el Apocalipsis.
Por eso es que hacía falta exponer a los cristianos y al
mundo el quinto elemento o la
quintaesencia de esa profunda doctrina enseñada por el Mesiaj de
Nazaret. Esa doctrina quinaria o de unión de los cuatro elementos con el Centro
Quinario Trascendente esta precisamente en el mismo texto del Apocalipsis, en
el capítulo 4.
Allí se nos describe a cuatro seres misteriosos con seis alas
de muchos ojos que tienen rostros de Aguila, Leon, Toro y Ángel u Hombre. Es la
forma clásica de representar a los cuatro elementos espirituales de la
naturaleza, los tatvas indios, de la filosofía cuaternaria de Empédocles y la
quinaria de Platón.
El Aguila corresponde al Aire, Y a Hera. El León corresponde
de al Fuego y a Zeus, el Toro corresponde a la tierra y a Edoneo, y el
Ángel-Hombre al Agua y a Nestis. Esa nomenclatura griega es la de los cuatro
dioses que conforman el universo según Empédocles, quien era pitagórico,
vidente, médico y taumaturgo. Algo parecido al Exorcista y Sanador de Galilea.
Estos seres omniscientes se mueven en torno de un Quinto Ser
Sentado en un Trono. El Onmipotente Señor de los Cielos y de la tierra, de todo
lo visible y de lo invisible. El Padre,. El dueño y Señor de los destinos de
los pueblos y de la Historia. El Único que Es, el Absoluto Ser Eterno.
Ya el profeta Ezequiel en su libro nos menciona esa división
cuaternaria y quinaria del universo al describir la Merkaba o el Carro de Dios
en manifestación, con los mismos cuatro seres ya descritos, desde unos 600 años
antes de que Juan escribiera su famoso libro. Léase Ezequiel cap. 1, el cap. 10
y el 37. En el 37 se menciona el Espíritu de los cuatro puntos cardinales del
cielo que es convocado por el profeta
que obedece la orden de un Quinto Ser que le habla y que manda aparecer la vida
en medio de la muerte.
Y también en el mismo libro de Ezequiel se describe un gran
santuario cuadrado que tiene un centro-altar divino, imagen preparatoria a la descripción
de la Nueva Jerusalén del mismo Apocalipsis. Esa ciudad dorada también es
descrita con otros detalles en el cap. 60 de Isaías. Y Juan precisa y
desarrolla ese cuadro arquetípico de la nueva humanidad, del nuevo hombre en
Cristo, descrita en Apocalipsis 21 y 22.
Las plagas de castigo para los pecadores y los emperadores
del mal son ampliaciones de las 10 plagas de Egipto, el fruto natural de la
ruptura de los hombres a los preceptos de la divina ley. Si la gente hubiese
leído con atención el libro del Exodo no se asustaría tanto. Son los mismos
cuadros de los castigos para el Faraón expandidos a escala mundial.
Y no es para sorprenderse, pues todos somos testigos
históricos de las caídas de los imperios de la tierra por no respetar la vida
natural ni la humana. La muerte, la
peste, el hambre, la guerra, los cuatro jinetes del apocalipsis nos acompañan
siempre, por nuestra propia culpa. Es el karma de producido por los pecados
humanos. Los mismos pecados y sus consecuencias a través de los siglos.
Los ángeles y Cristo trabajan para propagar el Evangelio
Eterno y para castigar a los pecadores, pero la rebelión de los humanos es
general y notoria. Y sin embargo a pesar de la oscuridad y del dolor reinante
va surgiendo un nuevo pueblo de Dios, una nueva Israel. Doce tribus, de las
cuales ya diez estaban extinguidas en la época de Jesús, surgen nuevamente en
el escenario de la historia y del alma universal.
Esos son los 144.000 escogidos y la muchedumbre de seres
humanos de toda lengua, pueblo y nación. Son la Iglesia glorificada e inmortal.
Vestidos de túnicas blancas alaban a Su Creador, el Padre Supremo, y a Jesús el
cordero de Dios que lavó a sus discípulos y seguidores con su sangre en toda la
tierra. La muerte y la maldad, el demonio y sus ángeles han sido derrotados en
la batalla de Armagedón por los hijos de la Luz y por el Fuego de Dios que ha
bajado del cielo cuando todo parecía perdido.
Es sin duda, un mensaje de esperanza, un quinto evangelio,
una síntesis doctrinal, que completa la
revelación de los otros cuatro evangelios. Dios es el Poder Real detrás de la
historia de los pueblos. Los hombres creen que ellos hacen la historia y no ven
el Poder Invisible que los mueve, ya sea el de los ángeles de la luz para bien
o el de los ángeles de la oscuridad para mal.
Y además, este sello de esotéricos significados, contiene una
serie de datos numerológicos de índole kabalístico y pitagóricos, que permiten
un estudio más acabado de la índole de los poderes que obstaculizan al alma
humana y su desarrollo y de la naturaleza de los poderes que pueden ayudar a
los seres humanos a descubrir su esencia angélica, su raíz en el ser de Dios.
Tal es el caso del número 666, que encierra el nombre de Cesar Nerón en hebreo.
Y los 144 codos de la medida del muro de la Nueva Jerusalen, que es medida de
un ángel, y medida del hombre trascendido a un nivel de ser más alto.
Nadie escapa al Juicio de Dios ni a lo que está anotado en la
memoria cósmica, simbolizada en los grandes libros que se abren en la Presencia
del Juez Universal. A pesar de las apariencias contrarias Dios, como Padre,
Verbo eterno y Espíritu Santo gobierna la historia de todos los hombres y de
cada ser humano. No en vano la Nueva Jerusalén, imagen del hombre nuevo, lleva
en su interior el árbol de la Vida y la Energía vigorizante de los ríos de agua
pura del paraíso. Un excelente libro de sabiduría para leer, orar y
reflexionar.