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Desarrollo humano 2014. Infancia, Juventud, Valores Sociales


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16/11/2014


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El Informe sobre Desarrollo Humano 2014 “Sostener el Progreso Humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia” escruta dos conceptos que están interconectados a la vez y son inmensamente importantes para asegurar el progreso del desarrollo humano.


Resalta la necesidad de promover las oportunidades de vida de las personas así como de proteger los logros alcanzados en el desarrollo humano. El informe argumenta que las vulnerabilidades suponen una amenaza para el desarrollo humano y, a menos que se aborden de forma sistemática, el progreso no será equitativo ni sostenible. El informe también proporciona el nuevo Índice de Desarrollo Humano (IDH). - 

En este Informe se argumenta a favor de la necesidad de mejorar de manera sostenible las capacidades de los individuos y las sociedades con el fin de reducir estas vulnerabilidades persistentes, muchas de ellas estructurales y ligadas al ciclo de vida. El progreso debe centrarse en el fomento de la resiliencia del desarrollo humano. Aunque existe un amplio debate acerca del significado de resiliencia, nuestro énfasis se centra en la resiliencia humana, que busca garantizar la solidez de las opciones, actuales y futuras, de las personas y su capacidad para lidiar y adaptarse a acontecimientos adversos.

Desde la publicación del primer Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) global del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 1990, la mayoría de los países ha registrado un desarrollo humano significativo. El Informe de este año muestra que las tendencias globales en general son positivas y que el progreso continúa. No obstante, se están perdiendo vidas y se están socavando medios de subsistencia y desarrollo por motivo de catástrofes y crisis naturales o inducidas por los seres humanos.

Sin embargo, estas fatalidades no son inevitables. Mientras que toda sociedad es vulnerable al riesgo, algunas sufren mucho menos daños y se recuperan más rápidamente que otras cuando la adversidad golpea. Este Informe se pregunta por qué esto es así y por primera vez en un IDHglobal, considera la vulnerabilidad y la resiliencia a través de una lente de desarrollo humano.

En consonancia con el paradigma del desarrollo humano, el presente Informe adopta un enfoque centrado en las personas. Presta especial atención a las disparidades entre y dentro de países. Identifica los grupos “estructuralmente vulnerables” de las personas que son más vulnerables que otras en virtud de su historia o de su tratamiento desigual por el resto de la sociedad.





Infancia

2.200 millones de personas en el mundo viven en condiciones de vulnerabilidad crónica –que 200 millones sufren los efectos de desastres naturales y que los desplazados ya suman 45 millones de personas este año.

En el informe se recuerda que los 1.000 primeros días son estratégicos para el neonato. Que estas diferencias definen el 40% de la desigualdad de oportunidades luego en la vida.

Los niños y las niñas que nacen pobres, viven en condiciones insalubres, reciben poca estimulación mental o protección, y tienen una mala nutrición en sus primeros años de vida son mucho más propensos a presentar retrasos en el crecimiento que los niños más ricos. Estos niños tienden a tener mal rendimiento, repiten cursos y presentan altas tasas de abandono escolar. En el trabajo solo son capaces de realizar trabajos de baja cualificación y ganan los salarios más bajos. Cuando tienen hijos, comienza el ciclo de pobreza heredada –y se repite de generación en generación.

Los primeros años de vida los niños son especialmente importantes. La evidencia de esta importancia continúa apareciendo poco a poco con avances teóricos apoyados por datos empíricos de muchas disciplinas (por ejemplo, neurociencia, ciencias sociales y de comportamiento, economía). 

El premio Nobel Jim Heckman presenta evidencias convincentes acerca de la importancia de los primeros años de los niños y las niñas como críticos para la formación de las habilidades y capacidades; siendo determinantes de los resultados del ciclo de vida, argumenta que la acumulación de capital humano es un proceso dinámico de ciclo de vida y que esa habilidad genera habilidades. 

Sin embargo, las actuales políticas de educación y de capacitación para el trabajo están mal concebidas, tienden a centrarse en las habilidades cognitivas, medidas por los logros en las pruebas de inteligencia, y descuidan la importancia clave que tienen las habilidades sociales, la autodisciplina, la motivación y otras “habilidades blandas” que son determinantes para el éxito en la vida.

El desarrollo humano temprano es, entonces, un igualador poderoso, ya que las inversiones en la primera infancia producen beneficios significativos a largo plazo que reducen  la brecha entre las familias de alto y bajo ingreso. Invertir en los niños desfavorecidos más pequeños “promueve la equidad y la justicia social y al mismo tiempo promueve la productividad en la economía y en la sociedad en general”.

Y sin embargo, las políticas sociales son frecuentemente correctivas y fragmentadas, centrándose en solo un problema a la vez. Heckman señala “con mucha frecuencia, los funcionarios públicos diseñan programas para niños y niñas como si vivieran su vida en compartimentos, como si cada etapa de la vida del niño o niña fuera independiente de la otra, sin relación con lo que pasó antes o lo que está por venir. 

Es tiempo de que los formuladores de políticas miren más allá de los compartimentos, para comenzar reconociendo que la inversión consistente y rentable en los niños, niñas y jóvenes puede pagarse por sí misma”. Claramente, es más equitativo y rentable invertir en programas de desarrollo temprano de los niños y las niñas (ECD por sus siglas en inglés), que puedan aumentar el potencial de los niños y las niñas, en vez de pagar mucho más tarde para tratar de remediar lo que podría haberse evitado. Entonces debemos empezar con un enfoque más amplio en los primeros años de la vida, es decir, “equidad desde el inicio”.

Los esfuerzos en el desarrollo de los niños pequeños debe converger en cuatro tareas de la agenda en desarrollo: reorientación de las políticas sociales hacia los niños pequeños, incorporación de ECD en los modelos de salud pública, medición de resultados y vinculación de ellos en programas y políticas, y comunicación de la importancia del desarrollo  saludable del cerebro entre los 0 y 6 años.

Los niños y las niñas no pueden aplazar su crecimiento hasta que existan instituciones fuertes y las políticas adecuadas.





Juventud

A menudo, la juventud es foco de nuestra atención producto de alguna crisis –ya sea por las tasas de desempleo, su participación en actos violentos, la probabilidad a ser padre o madre prematuros o por las enfermedades o  infecciones de transmisión sexual-. Me gustaría hablar sobre esto. No pretendo contrariar la idea de que la juventud es vulnerable a ciertos riesgos e incluso puede crear riesgos para sí mismos y su contexto local. 

Hay algunos desarrollos físicos, cognitivos y sicosociales que delimitan el periodo del curso de la vida que llamamos adolescencia, que tiene lugar entre los 13 y 19 años. “Juventud” es más una edad social que un periodo de desarrollo. Es ese periodo de transición entre la dependencia de la infancia y las responsabilidades de la adultez. Esta fase social puede ser más larga o corta dependiendo del contexto. 

Dicho esto, las definiciones son necesarias (para las políticas públicas, por ejemplo). La Organización de las Naciones Unidas usa las edades entre los 15 y 24 años como un rango en el cual mucha gente joven es considerada socialmente como “joven”. Estas son pautas. La gente joven puede o no ajustarse a estas definiciones basándose en las transiciones asociadas a cada género y los aspectos  socio-económicos de cada sociedad.

Ser joven –vivir una rápida trasformación  física, sexual, social y emocional. La adolescencia es un tiempo de formación de la identidad-. Es el tiempo donde muchas personas se vuelven activas sexualmente y asumen más responsabilidades. En este periodo, sin duda, la inestabilidad y el cambio aumenta la susceptibilidad de los jóvenes a todo tipo de riesgos. Pero si nuestro análisis se detuviese aquí, tenemos una edad y etapa basada en un punto de vista que conecta la vulnerabilidad a la condición de no ser lo suficientemente maduro.

Esto hace que hace que la juventud sea especialmente vulnerable al VIH/SIDA o la participación en la violencia y el conflicto

Mientras los jóvenes están desarrollando su cuerpo y su compromiso psicosocial con su mundo, también están asistiendo o abandonando las clases, yendo al trabajo y formando sus propias familias.  Una mirada a estas transiciones demuestra que mientras los cuerpos y las mentes pueden experimentar un desarrollo que traza  una  “línea de base” de vulnerabilidad en casi toda la juventud, hay,  a nivel de contexto, una serie de factores interconectados que afectan a las vulnerabilidades de la juventud. 

Entre las más importantes están el empobrecimiento, la desigualdad y la exclusión social.  En todo el  mundo, la juventud está viendo limitadas sus opciones a causa de la inseguridad económica, el cambio tecnológico, los levantamientos políticos, los conflictos y el cambio climático.

La pobreza sigue siendo una de las amenazas más graves a las oportunidades de las y los jóvenes  en países de bajos y medianos ingresos, y también para un número significativo de los que viven en países con altos ingresos.

La evidencia de Young Lives, un estudio longitudinal sobre la pobreza infantil en cuatro países, demuestra que la escasez de alimentos a los 12 años está asociada con una serie de impactos que se manifiestan tan solo tres años después. Estos incluyen un menor rendimiento cognitivo y menor bienestar subjetivo.

Las vulnerabilidades son el resultado de una distribución desigual de los recursos. Por ejemplo, los centros urbanos cercanos casi siempre disponen de una mayor cantidad y diversidad de bienes, servicios y oportunidades que las zonas rurales. 

Una buena parte de la vulnerabilidad surge de la forma en que grupos de personas son tratados por el resto de la sociedad. Las minorías socialmente excluidas son más propensas a sufrir un acceso desigual a los recursos y las oportunidades debido a lo que son o a cómo son percibidos. La interconexión de la exclusión social, la desigualdad y la pobreza tienden a reforzarse mutuamente.

La juventud es vulnerable porque son personas que viven en un mundo desigual donde los valores y las instituciones sociales que favorecen oportunidades de todo tipo no son accesibles para todo el mundo.





Valores Sociales

Tras años de abandono, el tema del empleo ha vuelto al primer plano de la agenda internacional de desarrollo, debido a la crisis financiera y sus consecuencias.

El valor social del empleo ha sido reconocido en este escenario, moviendo el tema al corazón de la perspectiva sobre desarrollo humano.

Existe el peligro de reducir lo “social” a un marco utilitario. Por ejemplo, el Informe sobre Desarrollo Mundial 2013 trata el “valor social” del trabajo como el valor individual de un empleo (presumiblemente el salario) además de sus diversos efectos secundarios, los que pueden ser negativos, como los costos ambientales, o positivos, como la identidad social, el sentido de la justicia o la igualdad de género.  

Esta idea de los efectos secundarios viene de la economía moderna del bienestar –una influencia que los pensadores líderes de la perspectiva sobre desarrollo humano han intentado criticar y superar desde los orígenes de la perspectiva-.

Por el contrario, la idea de “valor social” necesita apoyarse en una comprensión con un matiz más sociológico, como la naturaleza social de las necesidades básicas. Al igual que la felicidad, pero a diferencia de las mediciones objetivas del desarrollo humano, los valores sociales son inherentemente relativos y subjetivos, como el sentido de seguridad y dignidad que las personas obtienen del trabajo. 

Las transformaciones estructurales e institucionales asociadas con el desarrollo añaden aún más complejidades, particularmente en un contexto globalizado donde las percepciones están condicionadas por factores que van más allá del ámbito local.

El desempleo es un buen ejemplo de estas complejidades. Existe consenso de que el desempleo debe ser evitado no solo porque involucra un deterioro de los ingresos y la demanda, sino también de la dignidad y la cohesión social. 

Sin embargo, muchas políticas sociales que están dirigidas  a combatir el desempleo han sido motivo de controversias porque, por ejemplo, a menudo tienen efectos perjudiciales sobre la dignidad de las personas o en el estatus social, al obligarlos a aceptar un empleo de calidad inferior que no coincide con sus habilidades  o bien por ser utilizados para disciplinar el bienestar de los destinatarios.

Teniendo en cuenta estas complejidades, es útil centrarse en las condiciones que podrían permitir valores sociales del empleo suficientes y sostenidos dentro del desarrollo. La redistribución es una condición muy importante dado su papel en la socialización de la riqueza producida por el aumento de la productividad con el fin de apoyar las formas de empleo que se considerarían socialmente valiosas y que reforzarían otros beneficios para el desarrollo humano, como en la educación. 

En la ausencia de esta socialización, la eterna búsqueda para aumentar la productividad de los trabajadores, podría exacerbar ciertos aspectos estructurales de la vulnerabilidad, lo que socava la valoración social de los beneficios objetivos (o absolutos) hechos en el desarrollo humano y económico.

La vulnerabilidad ligada al ciclo de vida, la vulnerabilidad estructural y las vidas inseguras son la fuente fundamental de la miseria persistente y deberán abordarse para proteger el desarrollo humano y hacer que los progresos sean sostenibles

Las respuestas políticas a la vulnerabilidad deberían prevenir las amenazas, promover las capacidades y proteger a las personas, especialmente a las más vulnerables.

Todo el mundo debería tener derecho a la educación, a atención médica y otros servicios básicos. Para poner en práctica el principio de universalidad será necesario que se preste atención y recursos específicos, particularmente a los pobres y otros grupos vulnerables.





Descargar el IDH 2014

Informe completo

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Etiquetas:   Políticas Sociales   ·   Infancia   ·   Valores   ·   Juventud

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