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Evaluación de la Capacitación 3/6 - Aprendizaje


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13/11/2014


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Albert Einstein sostenía que “El aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información”. El tema es entonces como construimos esa experiencia. Este es el mundo de la formación y capacitación aplicada, es decir, aquella que tiene sentido (utilidad) personal y organizacional.


Es esta perspectiva la que obliga a tomarse en serio la evaluación diagnóstica de la capacitación, ya abordado en un post anterior y resulta fundamental estar atento a las conclusiones de la evaluación de dominios y expectativas, expuesta en mi post anterior.

Mientras mayor sentido de utilidad y/o aplicabilidad tenga una acción de capacitación, con mayor intensidad el proceso de aprendizaje que se realice, tendrá un mejor impacto en el set de experiencias que vamos acumulando cada uno de nosotros.

En consecuencia, mientras más riguroso se ha sido en los dos niveles previos de evaluación, más significativo pasa a ser el Nivel C, que llamamos Evaluación del Aprendizaje, nivel que en la estructura de niveles que señala Donald Kirkpatrick, corresponde a su segundo nivel de complejidad, al menos respecto de la evaluación formal.   

Si bien se suele asociar esta evaluación al cierre o conclusión de un proceso formativo, en un sentido estricto, es una acción que acompaña desde el primer momento al relator, facilitador o capacitador. Son fundamentalmente de dos tipos:

  • OBSERVACION INFORMAL
  • Implique la atención que debe mantener el facilitador respecto del lenguaje verbal y, por sobre todo, corporal de los participantes. El nivel de interés por responder a las consultas que se formulen en plenario y el tipo de preguntas que surjan por propia iniciativa de ellos, así como la ausencia de diálogos bilaterales mientras se responde alguna duda o cuando el relator está presentando algún contenido, son aspectos fundamentales para apreciar el nivel de comprensión que se está logrando con el desarrollo de la actividad.

    Tan significativo como lo anterior, es la observación del lenguaje corporal. A mayor distracción en otras acciones, disminución de la mirada hacia lo que presenta el relator, la observación del reloj o la mirada puesta en puntos o lugares fijos, distantes al espacio en que se desarrolla la actividad, son ejemplos claros de desconcentración que, por lo mismo, hacen que los temas que se estén abordando terminen siendo ajenos al futuro conocimiento del participante.

    Distintos estudios reflejan que hay una relación directa entre la capacidad de concentración de una persona y el tiempo en que deben estar quietos enfocados en este aspecto. Por lo mismo, si bien el punto tiene que ver con el nivel de “animación” que despliegue el facilitador, una clase extremadamente larga, inevitablemente afecta negativamente a la instalación de nuevas competencias. Y mientras más pasiva (alumno en calidad de observador y oyente), más breve es el tiempo en que se logra enfoque y concentración suficiente.

    Este aspecto esencial del comportamiento humano lo debe mantener siempre presente el facilitador, no por el necesario desafío de lograr el interés del participante, sino porque, sin esta atención no se logran los objetivos de aprendizaje correspondientes al curso.

  • OBSERVACION FORMAL
  • Corresponde a la concepción tradicional de la evaluación de aprendizaje. A diferencia de lo señalado previamente, en que el foco se coloca en formarse un juicio respecto del proceso interno que está ocurriendo con cada participante, más o menos cercano a los contenidos que se están abordando, en este otro caso el foco es ex – post, una vez que se ha transmitido lo que correspondía traspasar, explicar, mostrar o enseñar.

    Al margen de la actividad final del curso, o espacios programados de medición de aprendizajes, dependiendo de la extensión de la actividad, este aspecto también puede, y debe, ser integrado de manera recurrente durante cada sesión.

    Para ello es fundamental entender que la Evaluación del Aprendizaje no es un complemento o accesorio del proceso enseñanza – aprendizaje, sino que forma parte integral e insoslayable de aquel. Al ver esta medición con la lógica indicada, se pueden construir instrumentos en que, de manera simultánea, se aprecien aprendizajes y se consoliden éstos.

    Consecuentemente, el tipo de instrumento evaluativo que se diseñe, tiene todo que ver con los objetivos del curso y los recursos de competencia que se están desarrollando. Es muy diferente construir instrumentos que orienten a medir niveles de conocimientos adquiridos, que los que se pueden destinar a observar si se ha avanzado en instalar o fortalecer habilidades prácticas. 




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