.biografiasyvidas.com/monografia/einstein/">Albert Einstein
sostenía que “El aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información”. El
tema es entonces como construimos esa experiencia. Este es el mundo de la
formación y capacitación aplicada, es decir, aquella que tiene sentido
(utilidad) personal y organizacional.
Es esta perspectiva la que obliga a tomarse en
serio la evaluación
diagnóstica de la capacitación, ya abordado en un post anterior y
resulta fundamental estar atento a las conclusiones de la evaluación de dominios y expectativas,
expuesta en mi post anterior.
Mientras mayor sentido de utilidad y/o
aplicabilidad tenga una acción de capacitación, con mayor intensidad el proceso
de aprendizaje que se realice, tendrá un mejor impacto en el set de
experiencias que vamos acumulando cada uno de nosotros.
En consecuencia, mientras más riguroso se ha sido
en los dos niveles previos de evaluación, más significativo pasa a ser el Nivel
C, que llamamos Evaluación del Aprendizaje, nivel que en la estructura de
niveles que señala Donald Kirkpatrick,
corresponde a su segundo nivel de complejidad, al menos respecto de la
evaluación formal.
Si bien se suele asociar esta evaluación al cierre
o conclusión de un proceso formativo, en un sentido estricto, es una acción que
acompaña desde el primer momento al relator, facilitador o capacitador. Son
fundamentalmente de dos tipos:
OBSERVACION INFORMAL
Implique la atención que debe mantener el
facilitador respecto del lenguaje verbal y, por sobre todo, corporal de los
participantes. El nivel de interés por responder a las consultas que se
formulen en plenario y el tipo de preguntas que surjan por propia iniciativa de
ellos, así como la ausencia de diálogos bilaterales mientras se responde alguna
duda o cuando el relator está presentando algún contenido, son aspectos
fundamentales para apreciar el nivel de comprensión que se está logrando con el
desarrollo de la actividad.
Tan significativo como lo anterior, es la
observación del lenguaje corporal. A mayor distracción en otras acciones,
disminución de la mirada hacia lo que presenta el relator, la observación del
reloj o la mirada puesta en puntos o lugares fijos, distantes al espacio en que
se desarrolla la actividad, son ejemplos claros de desconcentración que, por lo
mismo, hacen que los temas que se estén abordando terminen siendo ajenos al
futuro conocimiento del participante.
Distintos estudios reflejan que hay una relación directa
entre la capacidad de concentración de una persona y el tiempo en que deben
estar quietos enfocados en este aspecto. Por lo mismo, si bien el punto tiene
que ver con el nivel de “animación” que despliegue el facilitador, una clase
extremadamente larga, inevitablemente afecta negativamente a la instalación de
nuevas competencias. Y mientras más pasiva (alumno en calidad de observador y
oyente), más breve es el tiempo en que se logra enfoque y concentración
suficiente.
Este aspecto esencial del comportamiento humano lo
debe mantener siempre presente el facilitador, no por el necesario desafío de
lograr el interés del participante, sino porque, sin esta atención no se logran
los objetivos de aprendizaje correspondientes al curso.
OBSERVACION FORMAL
Corresponde a la concepción tradicional de la
evaluación de aprendizaje. A diferencia de lo señalado previamente, en que el
foco se coloca en formarse un juicio respecto del proceso interno que está
ocurriendo con cada participante, más o menos cercano a los contenidos que se
están abordando, en este otro caso el foco es ex – post, una vez que se ha
transmitido lo que correspondía traspasar, explicar, mostrar o enseñar.
Al margen de la actividad final del curso, o
espacios programados de medición de aprendizajes, dependiendo de la extensión
de la actividad, este aspecto también puede, y debe, ser integrado de manera
recurrente durante cada sesión.
Para ello es fundamental entender que la Evaluación del Aprendizaje no
es un complemento o accesorio del proceso enseñanza – aprendizaje, sino que
forma parte integral e insoslayable de aquel. Al ver esta medición con la
lógica indicada, se pueden construir instrumentos en que, de manera simultánea,
se aprecien aprendizajes y se consoliden éstos.
Consecuentemente, el tipo de instrumento evaluativo
que se diseñe, tiene todo que ver con los objetivos del curso y los recursos de
competencia que se están desarrollando. Es muy diferente construir instrumentos
que orienten a medir niveles de conocimientos adquiridos, que los que se pueden
destinar a observar si se ha avanzado en instalar o fortalecer habilidades
prácticas.