.” Así explicó el auditor de las finanzas del
gobierno de Nicaragua la razón por la que cree que es imposible acabar
con la corrupción.
Si los funcionarios salen de la
sociedad y la sociedad es corrupta, es inevitable que los gobiernos sean
corruptos, ¿no le parece? Entonces, para que un gobierno esté libre de
corrupción tiene que salir de otro lugar. La Biblia habla de un gobierno
así. De hecho, Jesús mandó a sus discípulos que lo pidieran al orar.
Se trata del Reino de Dios (Mateo 6:9, 10).
El Reino de Dios es un gobierno real que tiene su sede en el cielo y pronto sustituirá a los gobiernos actuales (Salmo 2:8, 9; Revelación [Apocalipsis] 16:14; 19:19-21).
Una de las cosas que hará por nosotros es acabar con la corrupción.
A continuación veremos por qué los gobiernos no han podido eliminarla y
por qué podemos estar seguros de que el Reino de Dios sí lo hará.
1. PODER
EL PROBLEMA: Los
gobiernos se mantienen sobre todo gracias a los impuestos de sus
ciudadanos. Manejan tanto dinero que muchos funcionarios se sienten
tentados a robarlo; otros aceptan sobornos de individuos que esperan a
cambio una reducción de impuestos. El resultado es que el gobierno tiene
que elevar los impuestos de todos para compensar las pérdidas, pero eso
genera más corrupción. El círculo nunca acaba y la gente honrada es la
que termina pagando los platos rotos.
LA SOLUCIÓN: El poder del Reino de Dios proviene de Jehová, el Dios todopoderoso (Revelación 11:15).
Él no necesita cobrar impuestos para llevar a cabo su programa de
gobierno. Puede cubrir de sobra las necesidades de sus súbditos con su
generosidad, su gran fuerza y su poder (Isaías 40:26; Salmo 145:16).
2. UN DIRIGENTE
EL PROBLEMA: Para
poder eliminar la corrupción “hay que empezar de arriba a abajo”,
comenta Susan Rose-Ackerman, citada en el artículo anterior. Cuando un
gobierno ataca la corrupción entre los agentes de policía y de aduanas,
pero la tolera entre los funcionarios de alto rango, pierde la confianza
de sus ciudadanos. Y hasta el más honrado de los hombres tiene sus
defectos, como bien dice la Biblia: “No hay nadie en la tierra tan
perfecto que haga siempre el bien” (Eclesiastés 7:20, Dios habla hoy, 1994).
Jesús rechazó el mayor soborno de la historia
LA SOLUCIÓN: A
diferencia de los seres humanos, el Rey del Reino de Dios, Jesucristo,
jamás se dejará corromper. Ya lo demostró al rechazar el mayor soborno
de la historia. El dirigente de este mundo, Satanás, le había prometido
“todos los reinos del mundo” a cambio de que se inclinara delante de él y
lo adorara, pero Jesús se negó sin pensarlo (Mateo 4:8-10; Juan 14:30).
Era tan recto que cuando lo estaban torturando rechazó una droga que
hubiera aliviado su dolor, pero lo hubiera hecho perder el control de
sus facultades (Mateo 27:34). Jesús ha probado que está perfectamente capacitado para dirigir el Reino ahora que está en el cielo (Filipenses 2:8-11).
3. ESTABILIDAD
EL PROBLEMA: En
muchos países hay elecciones cada cierto tiempo, lo cual permite que los
ciudadanos se deshagan de los funcionarios corruptos... en teoría.
La realidad es que las campañas y las elecciones suelen estar plagadas
de corrupción, hasta en los países llamados desarrollados. Por ejemplo,
los ricos pueden influir en los funcionarios con sus generosas
contribuciones a las campañas.
El juez John Paul Stevens, miembro
del Tribunal Supremo de Estados Unidos, escribió que esa influencia
pone en peligro “no solo la legalidad y la calidad del gobierno, sino
también la confianza de los ciudadanos”. No sorprende que tanta gente
piense que los partidos políticos están llenos de corrupción.
LA SOLUCIÓN: Como el Reino de Dios es un gobierno permanente, desaparecerán las campañas electorales y la corrupción que las plaga (Daniel 7:13, 14).
Además, el Rey de ese Reino no es elegido por votación popular, sino
por Dios, así que no puede ser remplazado. Eso le da la estabilidad que
necesita para tomar decisiones que beneficien a sus súbditos a largo
plazo.
4. LEYESEl Reino de Dios es un gobierno real que tiene su sede en el cielo
EL PROBLEMA: Uno
podría pensar que el remedio para la corrupción es crear más leyes.
No obstante, los expertos han descubierto que mientras más leyes
existen, más oportunidades hay de violarlas. Además es muy caro llevar a
la práctica las leyes anticorrupción y al final se logra muy poco.
LA SOLUCIÓN: Las
leyes del Reino de Dios son muy superiores a las humanas. Por ejemplo,
en vez de dar una larga lista de lo que se puede y lo que no se puede
hacer, Jesús dio una regla sencilla, conocida como la Regla de Oro:
“Todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también ustedes
de igual manera tienen que hacérselas a ellos” (Mateo 7:12).
Pero quizás más interesante aún es que hay leyes que se centran, no en
lo que hace la gente, sino en lo que siente. Jesús mandó: “Tienes que
amar a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). Puesto que Dios es capaz de leer el corazón, puede asegurarse de que esas leyes se cumplan (1 Samuel 16:7).
5. VALORES
EL PROBLEMA: La
corrupción nace de la codicia y el egoísmo, dos características muy
comunes tanto en funcionarios públicos como en ciudadanos. En el
derrumbe del edificio mencionado en el artículo anterior se descubrió
que los constructores sobornaron a funcionarios del gobierno porque
sabían que eso les saldría más barato que usar materiales de calidad y
cumplir las normas vigentes.
Por lo tanto, para que la
corrupción desaparezca hay que educar a la gente y enseñarle a combatir
defectos como la codicia y el egoísmo. Lo que pasa es que los gobiernos actuales no tienen ni la capacidad ni la voluntad de establecer esos programas educativos.
LA SOLUCIÓN: El Reino de Dios sí puede atacar el problema de raíz, pues enseña valores a las personas. Esa educación renueva “la fuerza que impulsa su mente”, es decir, su actitud (Efesios 4:23). Y eso les permite superar la codicia y el egoísmo, estar satisfechas con lo que tienen e interesarse por los demás (Filipenses 2:4; 1 Timoteo 6:6).
6. CIUDADANOS
EL PROBLEMA: Incluso
en el ambiente más sano y con la mejor educación, algunas personas
eligen ser deshonestas. Muchos expertos reconocen que esa es la razón
por la que los hombres no pueden eliminar la corrupción. Lo que pueden
hacer, si acaso, es limitar el daño que causa la gente corrupta.
LA SOLUCIÓN: La
Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción declara que para
combatir la corrupción, los gobiernos han de promover “la integridad, la
honestidad y la responsabilidad”. Aunque las intenciones son buenas, el
Reino de Dios va más allá: no solo promueve esas cualidades, las exige.
La Biblia dice que no hay lugar en el Reino para los codiciosos y los
mentirosos (1 Corintios 6:9-11; Revelación 21:8).
Todos pueden aprender a respetar
las elevadas normas del Reino, como lo demostraron los primeros
cristianos. Por ejemplo, cuando un discípulo llamado Simón intentó
sobornar a los apóstoles, ellos lo rechazaron y le advirtieron:
“Arrepiéntete [...] de esta maldad tuya”. Simón se dio cuenta de que su
deseo era malo y les pidió que oraran por él para que pudiera superarlo (Hechos 8:18-24).
CÓMO CONVERTIRSE EN SÚBDITO DEL REINO
Sea cual sea su nacionalidad, usted puede llegar a ser súbdito del Reino de Dios (Hechos 10:34, 35).
El programa mundial de educación que lleva a cabo el Reino le enseñará
cómo lograrlo. Los testigos de Jehová estarán encantados de mostrarle en
qué consisten sus cursos bíblicos.
Si dispone de unos minutos todas las semanas, conocerá mejor “las
buenas nuevas del reino de Dios”. Entre otras cosas, aprenderá
exactamente cómo eliminará Dios la corrupción (Lucas 4:43). Hable con los Testigos de su zona o visite nuestro sitio, jw.org/es.