. Cierta vez, comentó que la lectura en la cárcel del
periódico The Christian Science Monitor le permitía conectarse
a lo que pasaba en el mundo. Si bien estuvo sometido a diferentes presiones
siempre reflejaba serenidad y sabiduría a la hora de tomar de decisiones.
Muchas personas ante situaciones adversas contra su salud y crecimiento,
logran salir adelante y llegan a desarrollarse armoniosamente. El término
resiliencia se refiere a la capacidad del individuo para afrontar y superar las adversidades de la
vida. Uno de los pioneros en el estudio de la resiliencia, Boris Cyrulnik,
neurólogo, psiquiatra, psicoanalista y etólogo francés, la define como “el arte
de navegar en los torrentes, la capacidad de ser feliz incluso cuando tienes heridas en el
alma.”
Tal vez todos hemos tenido heridas en el alma, pero, ¿qué es lo que hace que una persona
sea resiliente y que pueda superar tales heridas?
Un cambio radical de actitud en la perspectiva de ver la vida.
La actitud positiva y el buen humor permiten no sólo mantener la esperanza en
los momentos más difíciles, sino que también facilitan una salida positiva.
Estudiosos del tema de la resiliencia dicen que sus factores
claves son el optimismo, la esperanza y el buen humor.
Existen ciertos pilares de base en los que se apoyan las
personas resilientes: autoestima, confianza, creatividad, fe en algo superior,
iniciativa y sabiduría. Estas cualidades relacionan la resiliencia con la
espiritualidad.
Ambos términos están significativamente asociados con la
salud física y mental. La resiliencia permite la adaptación exitosa ante
circunstancias adversas, mientras
que la espiritualidad contribuye al desarrollo personal y motiva la búsqueda de
un propósito de vida.
Pero, qué ocurre con
las personas menos resilientes ante los desafíos? ¿De qué
manera pueden fortalecerse?
Metafóricamente, procurar mirar el árbol y no el bosque
implica no magnificar los aparentes problemas. Siempre hay una solución disponible.
Por ejemplo, cuando la nube pasa, se ve el sol. Pero para ello hay que acallar
todo aquello que obstaculiza encontrar la salida, sobre todo la manera lógica de
pensar.
Según la psiquiatra y neurocientífica Rafaela Santos,
presidenta del Instituto Español de la Resiliencia y de la Fundación Humanae, “un
tercio de la población tiene una capacidad innata para enfrentar lo que le
ocurre con optimismo y apartar todo miedo o estrés de su vida”.
La clave de la resiliencia reside en los afectos, en la
solidaridad y en la confianza que posibilita la elevación espiritual. Eso
permite sentir la influencia del Amor en el corazón de cada uno. Encontrarse
con uno mismo trae fortaleza espiritual y renovación, posibilitando así
expresar alegría, entusiasmo, optimismo. Todo este tipo de emociones repercuten
satisfactoriamente en el estado de ánimo y por consiguiente incrementan el
estado de salud en general.
La propia concepción de salud ha ido evolucionando en las
últimas décadas hacia un enfoque mucho más integral, considerando los
pensamientos y sentimientos del paciente. Establecer una relación de afecto
ayuda a que el paciente se sienta mejor y más esperanzado.
La conexión con lo sublime fortalece el interior. La
consciencia que la Mente divina concede al que se conecta a ella provee la
verdadera fuerza espiritual y capacita a uno a salir fortalecido.
La resiliencia está siempre a tu alcance si la buscas en el
Amor. Esa fuente verdadera de valor está disponible para todos.
María Damiani escribe acerca de la
salud y el bienestar desde una perspectiva espiritual y es Comité de
Publicación de la Ciencia Cristiana en España. Email: spain@compub.org Twitter:
@compubespana