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Andrés Manuel López Obrador: la sociedad busca un líder


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29/10/2014


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Andrés Manuel López Obrador es el líder más popular que ha tenido México en los últimos 12 o 13 años. Todos lo conocemos y todos le reconocemos gran liderazgo y habilidad política. Eso sí, no ha podido ser Presidente de México, es su gran pendiente. Lleva dos intentos y ahora trabaja en un tercero. En opinión de su escribidor, nuevamente se quedará cerca. Claro, a menos que trabaje en sus debilidades y potencie sus fortalezas; pero luce difícil, es muy obstinado para hacer un examen de conciencia.


Hace días que Don Federico Arreola; quien lo conoce con detalle; y Elisa Alanís, argumentaron sobre la intolerancia que mostró al ser cuestionado por la revista Proceso. Reaccionó como todo hombre autoritario: sin juicio de valor alguno.

Pero no fue la primera vez, pues lo mismo sucedió con el periodista Julio Astillero hace algunas semanas, y con el resto de los comunicadores que le han efectuado cualquier señalamiento en algún momento de su carrera. Su comportamiento siempre ha sido el mismo: a favor o en contra, sin chance de matices.

El líder tabasqueño es un hombre con la habilidad para acomodarse según le convenga, así lo hizo con Televisa cuando esta lo apoyo fuertemente durante sus años de Jefe de Gobierno en el Distrito Federal, misma que después repudió en el transcurso de las elecciones de 2006.

Lo mismo hizo con Reforma, periódico al que utilizó en 2012 como verdad irrestricta de que su candidatura ya se encontraba a sólo cuatro puntos del candidato puntero. Empero, ayer domingo, cuando el mismo rotativo lo evidenció por no haberse deslindado de José Luis Abarca, Alcalde de Iguala que hoy se encuentra prófugo de la justicia, la casa editorial ya no le mereció ningún respeto, se dedicó a intentar evadir lo evidente.

Lo anterior no es delito, sino parte de la política; es habilidad importante para esta actividad pública donde aprovechar la circunstancia es fundamental. Sólo que Andrés Manuel López Obrador parece haber extraviado el toque, pues ya no sale avante, sino que se exhibe y enreda.

Ayer domingo, el periodista Federico Arreola criticó su estrategia de manejo de crisis, opinó que la reacción fue tardía y deficiente. Creo que, salvó la segunda mitad de su campaña en 2012, así ha venido reaccionando desde 2006: tarde y mal.

Hace días escribí que ningún político había dilapidado tanto capital político como López Obrador. Reflexionemos que sí hubiera actuado con civilidad y propuestas constructivas a partir de 2006, y dada la violenta gestión del Presidente Calderón, en 2012 se hubiera convertido en Jefe del Estado Mexicano, ni cómo concebir lo contrario. Pero bueno, el hubiera no existe. Y sus actitudes han sido autodestructivas.

Considero que la principal debilidad del líder de Morena es que no ha aprendido de sus errores, que no ha logrado interpretar lo que el país le ha expresado en las urnas. Aún en 2006 que estuvo tan cerca, fue su arrogancia previa la que le permitió crecer al candidato del PAN.

Hay momentos en donde Andrés Manuel López Obrador se muestra como un fiel heredero del testamento político de Luis Echeverría. Huelga decir que en pleno 2014, ello no resulta muy rentable. Sin duda hay mucha gente que cree en él, claro que sí, pero la mayoría de los mexicanos aún no le creen, y por eso no gana. Ese es el punto, el pendiente.

El otrora exitoso Jefe de Gobierno capitalino, luce cada día más atrasado y más fuera de época, su imagen ya no transmite ni vigor ni frescura. Ya no luce como el candidato fuerte y natural de 2006, sino como un hombre entrado en edad que se aferra al mismo discurso belicoso de hace una década. Y no digo que dicho discurso sea falso, es simplemente que ya no vende, que ya no convenció a la mayoría.

Para el licenciado López Obrador, su trayectoria es un activo, es valiosa, pero también insuficiente para llegar a la presidencia de México. Igual, su equipo ideológico tiene calidad moral y empaque intelectual, pero es muy cerrado y ajeno a nuevas ideas que puedan reinventar el potencial del tabasqueño.

En su cuarto de guerra, se han obstinado en las debilidades y olvidado de las fortalezas; han equivocado el diagnóstico y, cuando ello sucede, la víctima es la estrategia.

Sería muy bueno para México que Andrés Manuel López Obrador cambiará, que se permitiera la introspección y el diagnóstico, que dejara de trabajar para ser el hombre fuerte de Morena y comenzara a hacerlo para alcanzar la banda presidencial, pero la verdadera, no la del Zócalo.

En México necesitamos un líder como el que veíamos en 2005, pero actualizado a la época, en versión moderna, en versión 2014.

Amable lector, recuerde que aquí le proporcionamos una alternativa de análisis, pero extraer el valor agregado, le corresponde a usted.

Con gusto recibo sus comentarios en Twitter: @oscar_ahp



Etiquetas:   PRD   ·   Izquierda   ·   Sociedad Civil   ·   Izquierda Plural

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