.reeditor.com/columna/1234/12/cultura/sociedad/acercamientos/la/muerte">(Parte Uno)
Acercamientos a la muerte. Parte dos.
¿Cómo me enseño a
morir?... vosotros innumerables, vosotros que habéis muerto antes que yo,
ayudadme… gime el rey moribundo de Eugene Ionesco… decidme cómo lo habéis hecho para morir… enseñádmelo.
Que vuestro ejemplo me consuele, que
pueda apoyarme en vosotros… ¡Ayudadme a franquear la puerta que habéis
franqueado!... ¡Decidme cómo sucede todo![1]
La respuesta es no,
no hay quien me enseñe a morir, no hay ejemplo a seguir, no hay quien me guie,
no hay quien muera por nosotros o por mí, tampoco hay quien me espere al otro
lado “desgraciadamente el instante supremo no tolera precisamente compañeros de
viaje”[2],
es el paso solitario que solo yo doy. Podemos acompañar y ser acompañados pero
guardando esa mínima distancia, entre tu muerte y la mía.
Ni siquiera las
sofisticadas definiciones de muerte me sirven para entender y hablar de mi
propia muerte, “la muerte es por lo tanto, un proceso de destrucción de la vida
organizada”[3]además
que debería encontrar al ver en la muerte su cotidianidad y universalidad.
“Y la muerte no es
solo propia del hombre y de los seres vivos. Afecta a todo lo que contiene dimensión temporal:
las sociedades se desmoronan, los sistemas culturales y las etnias entran en
decadencia, los objetos se desgastan convirtiéndolos en residuos y ruinas, y
las estrellas perecen de dos maneras, transformándose en enanas blancas o por
explosión en supernovas”[4]
“Todos saben que se
está operando secretamente en ellos, el precioso movimiento de la materia el escurrirse del sólido al líquido, la
desaparición del líquido en gas y en
polvo, todo ese balanceo armonioso que hace que los bosques crezcan, que el
viento sople, que la tierra tiemble, que el planeta gire y que el sol caliente”[5]
Nada o casi nada porque
mi muerte es el final de todas las cosas, el final de mi historia, el fin de mi
mundo y mi universo, y solo tal vez la muerte cercana de mis parientes me
puedan enseñar un poco, mi experiencia es sobre el terreno, en lo que vivo mi
cotidianidad.
Entonces ¿podemos
tener la vivencia o la experiencia de la muerte? No, si suponemos que la muerte es el límite de
nuestra experiencia consciente.[6]
Félix Campirán
Salazar confronta en su trabajo la concebibilidad de la muerte, es decir si
podemos concebir o pensar nuestra propia muerte o no, concebir lo toma en el
sentido de conocer, entonces se pregunta ¿no
podemos entonces pensar o concebir algo de lo cual no tenemos ni podemos tener
experiencia? En su tesis defiende la posibilidad de si poder pensar nuestra o mi propia muerte.
Entonces porque
preocuparte por la muerte, si cuando tú estás ella no está y cuando ella esté,
tú ya no estarás nos dice Epicuro.(Parte Tres)
[1]
Vladimir Jankélévitch. La muerte. Valencia, España. Editorial
Pre-textos. 2002. 435p.
[2]
Vladimir Jankélévitch.
[3]
Louis-Vincent Thomas. El cadáver.
[4]
Louis-Vincent Thomas. La muerte una lectura cultural.
[5]
Louis-Vincent Thomas. El cadáver.
[6]
Ariel Félix Campirán Salazar. Dos cuestiones acerca de nuestra propia muerte.
México, UNAM, Dirección de publicaciones. 1984.