. Seis meses después, curiosamente, sus amigotes de las tarjetas black alegan ignorancia, y dicen que no sabían que estaban cometiendo un fraude
o un delito utilizando dichas tarjetas, lo que demuestra que esta gentuza es definitivamente
estúpida o que realmente nos toma por estúpidos a los demás. Apuesto por lo
segundo.
Mientras
cientos de empresas cierran a diario, mientras miles de españoles hacen cola
desde la seis de la mañana ante las oficinas del paro, mientras cientos de
personas rebuscan en la basura cada noche, mientras todo eso sucede, los
consejeros de Bankia y de Caja Madrid –dos entidades a las que hubo que
rescatar- se gastaban el dinero de sus entidades bancarias –es decir; de sus
clientes- en hoteles, clubs deportivos, restaurantes, viajes, artículos
electrónicos, perfumes, trajes, vestidos o teléfonos móviles. Algunos de los
implicados –rozando el colmo de la desvergüenza- se han quejado de la violación del derecho a la intimidad que ha supuesto
la publicación de las informaciones detalladas sobre sus gastos con las famosas
tarjetas, como si ellos pudiesen hablar de derechos o de honestidad. Sin
embargo, esta práctica de las tarjetas black
no es una excepción de estas dos entidades. Pronto comenzarán a salir más casos
en otros bancos y cajas de nuestra querida España, tan podrida de gusanos.
Pero, claro, al final no pasará gran cosa: como el poder es el poder, los 86
consejeros bajo sospecha por el uso de las “visas opacas” tienen la posibilidad
de sufragar los gastos de abogados con una póliza de responsabilidad civil
suscrita por –qué raro- Caja Madrid. Una veintena de ellos, imputados en la
pieza principal del sumario, ya han contratado prestigiosos y carísimos
bufetes.
Personajes
como Blesa o como Rato representan el ejemplo de lo más despreciable de la
humanidad; seres enmascarados en un aire de honestidad que son capaces de
hundir bancos o arruinar a personas con tal de lucrarse. El beneplácito con el
que cuentan este tipo de personajes por parte de políticos y de un ministerio
de Hacienda que está en Babia –para lo que le conviene- es sencillamente
espeluznante. Esto hace que lo grave de las tarjetas black no sean las juergas que se han pegado esta panda de degenerados.
Eso no es más que algo puntual, lo descubierto, lo que hemos podido pillar. Lo grave
es todo lo que se oculta tras esto, que no es ni más ni menos que la creación
de un modelo político y económico basado en privilegios para unos pocos. Hoy en
día, con la ingente cantidad de casos de corrupción política, financiera y
empresarial, uno comienza a tener la sospecha –casi certeza- de que todo el
sistema sobre el que se basan nuestros poderes legislativo, ejecutivo y
judicial en España no es más que un mero entramado para el enriquecimiento
personal de una casta ladrona y voraz. Su delito, por tanto, no debería ser tan
solo este aprovechamiento económico; su delito debería ser el desmantelamiento
democrático. Sígueme en Twitter: https://twitter.com/tonigarias
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