Números rojos

Violencia de género; corrupción; política y políticos infiltrados por el narcotráfico; negligencia; desigualdad, desesperanza y dolor… Todo esto es lo que está oculto en las cifras que, en poco más de una década, han caracterizado a un Estado Mexicano debilitado, insuficiente e indiferente…  

 

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3, es el número de días que se adelantó el veredicto que dejara en libertad a Sergio Rafael Barraza Bocanegra, asesino confeso de la jovencita Rubí Marisol Frayre Escobedo.

52, los años cumplidos al morir la madre de Rubí Marisol Frayre Escobedo, Marisela Escobedo Ortiz, asesinada frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, mientras realizaba una manifestación pacífica que demandaba justicia al Gobernador de esa entidad.

300, es el número aproximado de personas que en Allende, Coahuila, fueron desaparecidas un 18 de marzo de 2011 por el grupo delictivo conocido como Los Zetas, ante la complaciente y silente mirada de las autoridades municipales.

1969 fue el año en que Eusebio Reyes y Sara Salazar llegaron con su familia a Valle de Juárez, de donde tuvieron que salir en el 2011, después de que 6 miembros de la familia fueran brutalmente asesinados y recibir múltiples amenazas de muerte.

8000 es el número oficial de personas desaparecidas en México, cifra oscura que ha sido rechazada por la sociedad civil organizada.

24500 es el número, también oficial, que la Comisión Nacional de Derechos Humanos ha reportado, en 2014, de personas desaparecidas en nuestro país; mientras que a mediados de 2013, la cifra oficial de este organismo era de 27423 personas desaparecidas.

46, es el número de estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, que se encuentran desaparecidos desde el 26 de septiembre pasado.

Desconocido, es el número de niñas, niños y adolescentes, que han quedado en situación de orfandad, víctimas, sus madres y padres, de una guerra declarada y posteriormente negada contra el narcotráfico; igualmente desconocido es el número de niñas, niños y adolescentes, que fueron ‘adoptados’ por quienes ejecutaron a sus familiares más cercanos…

¿Cuántos números más serán necesarios para que la indiferencia reinante en tantas oficinas de gobierno sea sustituida por acciones oportunas y eficaces que reconstruyan no sólo el tan mencionado tejido social, sino la historia misma de miles y miles de personas? ¿Cuántos nombres, cuántas lágrimas, cuántas marchas, cuánto descontento social es necesario para que dejemos de mirar la brutal desgracia que reina y gobierna en las calles y hogares de tantos lugares de la república mexicana?

No sólo hemos perdido a madres, hermanos, hijas e hijos, estudiantes, padres y amistades, también, como sociedad, estamos perdiendo la esperanza… Después de eso, ¿qué más se puede perder?

 

UNETE



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