Un callejón sin salida

El tema de la explotación de minerales se torna conflictivo en el mundo entero. Los efectos de la minería no han sido ni son halagadores, pues si bien se supone que la minería es la mejor fuente para obtener recursos que sirven para atender las necesidades fundamentales de los pueblos del tercer mundo, por lo que se sabe y hemos comprobado, son más bien la causa de una grave contaminación del agua, la tierra y el aire y por ende afectan a la salud de las personas. Es una situación que al momento aparece como un callejón sin salida.Por una parte, la industria a nivel de las grandes potencias requiere para su desarrollo de enormes cantidades de cobre, oro, plata, hierro, cadmio, niquel y otros elementos que deben ser obtenidos a como dé lugar, es decir, al costo que fuere: contaminación, enfermedades, deforestación y otros riesgos, porque todavía, que conozcamos, no existe una tecnología de punta que removiendo las entrañas de la tierra, no cause daño alguno, si bien no de inmediato, con el paso del tiempo.A veces, como hemos comprobado en el Ecuador, los efectos de la explotación minera no se detectan enseguida, o por lo menos no de forma evidente, o por último, no se llegan a conocer, pero no hay duda de que suceden. Con una larga tradición minera este país tiene un ejemplo palpable. Sucedió entre 1900 y 1950. En este lapso se produjo una explotación minera en Zaruma y Portovelo, sin precedentes. Se extraía a razón de 200 onzas de oro diarias, es decir, 73 mil onzas al año, que a un precio de 35 dólares la onza (en 1968) significaban para la compañía norteamericana SADCO, 127' 750 mil dólares, que hoy, a un precio aproximado de 1300 dólares la onza, por el tiempo ya indicado de 50 años, resultaría una friolera billonaria difícil de expresar. Pero es cuestión de tomar una calculadora.Lo grave es que prácticamente se llevaron todo, poco menos que el famoso "tesoro de Atahualpa", dejando a cambio enfermedades, pobreza, muertos "no se sabe por qué", contaminación (el río Amarillo es una muestra) y por lo menos unos 15 kilómetros de túneles, uno de los cuales hoy paradójicamente es una atracción turística. Los empresarios de la SADCO dijeron que abandonaban las minas "porque ya no eran productivas". ¿A dónde más? ¿Y cuánto pagaron al Estado ecuatoriano? ¿Quienes fueron de la noche a la mañana los nuevos ricos criollos? ¿Y en cuanto a otros metales explotados, como plata, cobre, cadmio, plomo, zinc? No existen registros.Hoy nos encontramos en una encrucijada. El país requiere de atención social para siquiera 9 millones de habitantes. Hay que extraer los minerales de la tierra para sustentar nuestra economía. No tenemos otra forma, de lo contrario vendrá la conmoción social. Se habla de los menores efectos posibles. ¿Y si las grandes transnacionales mineras nos vuelven a mentir?

 

. Los efectos de la minería no han sido ni son halagadores, pues si bien se supone que la minería es la mejor fuente para obtener recursos que sirven para atender las necesidades fundamentales de los pueblos del tercer mundo, por lo que se sabe y hemos comprobado, son más bien la causa de una grave contaminación del agua, la tierra y el aire y por ende afectan a la salud de las personas. Es una situación que al momento aparece como un callejón sin salida.Por una parte, la industria a nivel de las grandes potencias requiere para su desarrollo de enormes cantidades de cobre, oro, plata, hierro, cadmio, niquel y otros elementos que deben ser obtenidos a como dé lugar, es decir, al costo que fuere: contaminación, enfermedades, deforestación y otros riesgos, porque todavía, que conozcamos, no existe una tecnología de punta que removiendo las entrañas de la tierra, no cause daño alguno, si bien no de inmediato, con el paso del tiempo.A veces, como hemos comprobado en el Ecuador, los efectos de la explotación minera no se detectan enseguida, o por lo menos no de forma evidente, o por último, no se llegan a conocer, pero no hay duda de que suceden. Con una larga tradición minera este país tiene un ejemplo palpable. Sucedió entre 1900 y 1950. En este lapso se produjo una explotación minera en Zaruma y Portovelo, sin precedentes. Se extraía a razón de 200 onzas de oro diarias, es decir, 73 mil onzas al año, que a un precio de 35 dólares la onza (en 1968) significaban para la compañía norteamericana SADCO, 127' 750 mil dólares, que hoy, a un precio aproximado de 1300 dólares la onza, por el tiempo ya indicado de 50 años, resultaría una friolera billonaria difícil de expresar. Pero es cuestión de tomar una calculadora.Lo grave es que prácticamente se llevaron todo, poco menos que el famoso "tesoro de Atahualpa", dejando a cambio enfermedades, pobreza, muertos "no se sabe por qué", contaminación (el río Amarillo es una muestra) y por lo menos unos 15 kilómetros de túneles, uno de los cuales hoy paradójicamente es una atracción turística. Los empresarios de la SADCO dijeron que abandonaban las minas "porque ya no eran productivas". ¿A dónde más? ¿Y cuánto pagaron al Estado ecuatoriano? ¿Quienes fueron de la noche a la mañana los nuevos ricos criollos? ¿Y en cuanto a otros metales explotados, como plata, cobre, cadmio, plomo, zinc? No existen registros.Hoy nos encontramos en una encrucijada. El país requiere de atención social para siquiera 9 millones de habitantes. Hay que extraer los minerales de la tierra para sustentar nuestra economía. No tenemos otra forma, de lo contrario vendrá la conmoción social. Se habla de los menores efectos posibles. ¿Y si las grandes transnacionales mineras nos vuelven a mentir?

UNETE



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