Comentarios sobre el "Cantar del Mío Cid"

Una insigne epopeya como la del Cid bien merecería una mayor atención, un cuidadoso estudio sobre alguno de los aspectos del poema; si bien, yo me conformo con resaltar lo más trascendental, en tan breve artículo, de esta inmortal obra.

 

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Del “Cantar” cabe afirmar no sólo que fue una obra escrita o pensada por un autor leído que no desconocía la época del Cid. Si se desecha, por otro lado, el carácter erróneo o inventado de algunas de las afirmaciones que contiene sobre todo en cuanto a la vida de don Rodrigo, al nombre real de sus hijas y a los hechos que relata, el “Poema del Cid” puede considerarse una obra fundamental en la literatura española.

El manuscrito en el que se encontró conserva un texto escrito en el siglo XIV, y al final del libro y como colofón, aparece un tal “Per Abbat” que lo “escribió”, y al cual algunos críticos le han atribuido la autoría del texto, cosa aún hoy en día dudosa. Se duda también de cuándo fue creado dicho poema, pues el hecho de que se haya transmitido en un manuscrito del XIV no aclara nada al respecto. Por su parte, su protagonista, don Rodrigo Díaz de Vivar vivió en el siglo XI, durante el reinado de Alfonso VI, gozando de su inclusión en la clase social de los infanzones. Su patria era Vivar, en Burgos. Y en este opúsculo se relata un fragmento de su vida, de la vida de un héroe que existió realmente, pese a que muchos de los hechos que se narran acerca de él sean ficticios.

Es posible también que dicho “Cantar” se relacione con los juglares y la literatura oral, sobre todo por las repeticiones, los vocativos, así como otros rasgos que no definiré aquí y que sería bueno estudiar. Mas en cuanto a esta oralidad me surgen diversas dudas que todavía no he conseguido aclarar: ¿Era tal vez el “Cantar” un esbozo o texto para ser recitado después ante el público, o al contrario, era una recopilación que alguien había oído y que había pasado a lo escrito? Las alusiones al oyente o a un auditorio, pidiendo limosna para vino y otras similares, nos delatan su carácter oral, como ya se ha referido, aunque… ¿era común que los juglares improvisasen sin redactar antes el texto o tal vez su autor lo escribió para ser recitado? En todo caso, ¿incluirá también las peticiones de limosna, de vino, etc.? ¿Fue “Per Abbat” su autor? ¿Cómo llegó el texto de un “poeta callejero” a las manos de quien lo pudiera conservar, como era el caso de los monasterios? ¿Puede considerarse a “Per Abbat” como su transcriptor o su autor? ¿Cuándo fue creado el “Poema”, y cuándo pasado a lo escrito? ¿Es el manuscrito del siglo XIV contemporáneo a su “escritura”? Ninguna de estas preguntas, y otras muchas que me he hecho, he logrado contestar; si bien quedan en el aire sus grandes misterios.

Un poema como éste, vernáculo, similar al “Poema de Fernán González”, representa para la literatura medieval española un hito importante, pese a que se desconozcan muchas evidencias sobre su entidad y el ambiente que rodeó a su creación. En verdad, y como aficionada a la literatura española, me digo que merece la pena ojear sus páginas con entusiasmo, como quien descubre por primera vez el legado moral de un “caballero” mesurado que defendió por encima de todo el valor e incluso su propia honra.

UNETE



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