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Antiguamente en Egipto, la base de la alimentación era el
pan, existiendo una notable diferencia entre el elaborado con harina de trigo
para la clase pudiente, y el amasado con harina de centeno para los menos
favorecidos. En el tiempo actual, existe una gran variedad de panes.
En España, la disminución de su consumo fue notable en los
últimos años, habiendo sido alimento fundamental para los españoles durante
siglos. Este descenso fue ocasionado por la diversidad actual de alimentos y
por la creencia de que el pan es un alimento que provoca aumento de peso.
¿Por qué llamarla creencia?
Por dos motivos: 1. Algunas personas no tienen acceso a
investigaciones científicas 2. Otras, creen en lo que le dicen y en lo que
escuchan. Por eso, muchas aceptan que ciertos alimentos puedan causarles daño o
beneficio, viviendo en constante tensión sobre lo que deben o no deben comer.
Quizás no conozcan esta cita: “Que tu alimento sea tu única
medicina”, de la Antigua Grecia, atribuida a Hipócrates, considerado el padre
de la medicina. Aquí la alimentación se relaciona directamente a la salud. Parte
de la teoría de Hipócrates estaba basada en el poder curativo de la naturaleza
y en que el mantenimiento de la salud dependía exclusivamente de la dieta. Tradicionalmente,
persiste la idea que una alimentación sana y equilibrada favorece la longevidad
y que el ejercicio produce una mayor sensación de bienestar general.
Gustos, costumbres, estilos de vida, así como la disposición
mental y otros condicionantes hacen que cada persona reaccione de forma
diferente a determinados alimentos y pautas de nutrición. Pero aún siguiendo
dietas y pautas adecuadas, a veces no se ven resultados.
¿Has pensado en la influencia que tiene el pensamiento en la
alimentación? ¿En qué piensas mientras comes?
Cuando se ingieren
pensamientos positivos, de amor, ternura, fe o esperanza, esto resulta beneficioso
para la salud, pues nutrirse de amor lleva a uno a sentir paz y serenidad.
Durante muchos años viví atada a la creencia que el
chocolate era perjudicial para la salud y cada vez que lo comía pensaba que me produciría
daño al hígado. Me sentí ligada a este mito por varios años. Cuando reconocí
que era sólo mi temor asociado a esa creencia popular, pude vislumbrar una
solución espiritual: rechacé que algún alimento tuviera poder para desarmonizar
mi organismo; mantuve en mi conciencia que mi identidad es espiritual y que soy
una idea de la Mente. De esta forma comencé a sentirme liberada, el temor al
chocolate desapareció y pude disfrutarlo con naturalidad.
El temor es un factor que influye negativamente en la salud y
resulta siempre en contra de un buen pensamiento. Esto me recuerda la visión
espiritual de Mary Baker Eddy, pionera de un sistema de curación espiritual en
el siglo XIX, al expresar en su libro Rudimentos
de la Ciencia Divina, que debiéramos dejar de preocuparnos por la química
de los alimentos porque es el poder divino el que cura. Esto me llevó a no estar
pendiente de la composición de cada alimento, y a depositar más la confianza en
el cuidado del Amor para mi salud y bienestar.
Al elevarse espiritualmente, el cambio se efectúa en la propia
consciencia. Ese método espiritual se denomina curación. Tener
esa comprensión resulta de gran practicidad para todo aquel que desea que su
alimento sea saludable.
¿Pero, puede el alimento estar ligado a una emoción?
A partir del momento en que se consuela o felicita a un niño
dándole una galleta o una golosina, la comida es vista por él como una
expresión de amor, cariño o recompensa.
La alimentación en exceso o en falta, está íntimamente ligada
a las emociones. El vacío afectivo, abandono, culpa, miedo, angustia o tristeza
son algunos de los sentimientos que pueden influenciar negativamente en la
alimentación y uno recurre a la comida como un mecanismo de compensación o de
total rechazo.
Pero cuando nos sentimos bien con nosotros mismos, cuando
nuestros nutrientes están compuestos de alegría, bondad y perdón, el alimento
afectivo equilibra al alimento físico y se purifican nuestros hábitos.
Si cada uno re-aprende a comer, basándose en su propia
sabiduría interior, puede alcanzar un mayor nivel de satisfacción. Estos
nutrientes naturales enriquecen nuestro interior y si los utilizas podrás
liberarte de falsas nociones sobre el alimento, de la misma manera que ocurrió
conmigo.
¡Alimentarse saludablemente es una posibilidad presente para
todos!
María Damiani escribe
acerca de la salud y el bienestar desde una perspectiva espiritual y es Comité
de Publicación de la Ciencia Cristiana en España. Email: spain@compub.org Twitter:
@compubespana