. Resulta que todos mis amigos pensaban lo
mismo que yo. Y no lo pensábamos porque España estuviese próxima a África
–geográfica, cultural y políticamente-, ni porque creyéramos que el virus del
ébola quisiera visitar Magaluf y todo su puterío. Lo pensábamos porque sabíamos
lo chapuceros que somos en este país, y teníamos la convicción de que más tarde
o más temprano se produciría algún error en los protocolos de control, ya fuese
en los aeropuertos o en los centros sanitarios. Sin embargo, este no es un
pensamiento particular; por las redes sociales ya circulan fotografías donde se
dice “el gobierno activa el protocolo de seguridad máxima por el ébola” que
muestran a dos personas cubiertas con una bolsa del Carrefour. Esa es la idea
común que tenemos los españoles sobre nuestros máximos responsables en los
diferentes ámbitos.
Tras
este triste primer caso de ébola en Europa los culos de los dirigentes
occidentales se han contraído por el miedo a las consecuencias políticas y
económicas y han comenzado ya a dar prioridad a la búsqueda de una vacuna
contra el virus. Lógicamente, mientras se encontraba en África, esto no les interesaba
tanto, porque negros hay muchos y todos se parecen, y –además- si no mueren de
ébola morirán de malaria, de diarrea o simplemente de hambre. Por su parte, las
compañías farmacéuticas saben que, aunque descubriesen algo que pudiese
combatir el virus, África no es un buen lugar para hacer negocio. Pero Europa o
EEUU, sí. Tampoco es un buen negocio para el turismo. Como no podía ser de otro
modo, el primer afectado económico por este caso de ébola en nuestro país han sido
las aerolíneas y los hoteles, que tras conocerse la noticia cayeron en bolsa
fuertemente.
Desde
el punto de vista político, no queda más remedio que comparar este caso con lo
sucedido años atrás con la famosa gripe A. Aunque en aquella pandemia
fallecieron en España 17 personas, las circunstancias son muy parecidas. Por
aquel entonces, en al año 2009, la actual ministra de Sanidad, Ana Mato, dijo que "La política es la obligación de
intentar impedir que la enfermedad se propague y ellos no lo han hecho",
refiriéndose al PSOE. No contenta con eso, añadió que "A mí me parece gravísimo y si la ministra no da explicaciones
suficientes, debería
dimitir", exigía. Pero como siempre somos muy valientes para
criticar a los demás y no a nosotros mismos, en unas declaraciones posteriores
a la prensa sentenció “con la salud de los españoles no se juega, es un tema
fundamental para nosotros, y queremos que se tomen las medidas necesarias para
que se garantice la salud de todos los españoles”. No sabemos qué ha cambiado
del año 2009 al 2014, pero parece que –en contra de sus propios principios y de
sus propias palabras- la ministra Ana Mato no tiene ni la más mínima intención
de dimitir. Y es que el asiento en el Congreso es demasiado jugoso y demasiado calentito,
y las bocas de nuestros políticos, demasiado grandes.
Sea como fuere, tenemos otra pandemia a la vista.
No sabemos lo que puede pasar, lo que sí está claro es que con el nivel de
estupidez y mediocridad general de nuestros políticos, desde ahora estamos
todos en peligro.Pincha en ME GUSTA https://www.facebook.com/toni.garciaariasSígueme en Twitter https://twitter.com/tonigarias