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Historia de un triunfador.


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11/10/2014


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Esta historia es de un sobrino escrita por su hermana........no he pedido permiso para publicarla pero te deja tanto que no pude evitar compartirla con Uds........te enseña serenidad y valor.




A mi hermano no le gusta hablar del asunto, no quiere escribir al respecto y además da la impresión de que lo que para muchos es motivo de asombro y admiración para el son cosas normales y sin importancia.

El mundo esta lleno de historias asombrosas que nos inspiran. Yo quiero contar, por primera vez, esta historia porque ha estado cerca de mí. La quiero contar porque la he vivido y porque soy orgulloso testigo de una experiencia de vida tan gratificante que su sólo reflejo ha influido en el accionar de mi propia vida en una forma, en la que el propio protagonista de la historia, imagina.

Miguel es mi hermano mayor por casi 11 años. Cuando yo tenía seis años el tenia 17. En esos días de nuestras vidas vivíamos en Lima Perú.

Todavía me acuerdo de aquella noche en que recibimos una llamada telefónica que provocó que mis padres salieran de casa a toda velocidad mientras nos dejaban a mis hermanos y a mí con una de mis tías.

Mi hermano Miguel había sufrido un accidente.

De ahí en adelante todo fue medio confuso para mí ya que nadie nos decía - a nosotros los hermanos pequeños - que era lo que estaba pasando.

Recuerdo que mis padres se fueron a Houston por meses dejándonos con la abuela y haciendo, cada vez que podían, viajes relámpagos para ver como estábamos. No había internet o emails, sólo cartas y llamadas telefónicas internacionales que salían carísimas.

Casi un año después, mi padre, inteligentemente, unió para nosotros un viaje a Disney World con una visita incluida a Houston para ver a mi hermano. Me acuerdo como si fuera ayer cuando entré por la puerta del departamento del Houston House donde vivía, a corta distancia del centro médico. Lo encontré sentado en una silla de ruedas, una silla que iba ser su compañera por el resto de su vida.

Aquella noche en 1979 mi hermano había sufrido un accidente que le partió la columna a la altura del cuello. ¿El resultado? Parálisis del cuello para abajo.

¿Qué es miedo? Me pregunto..... ¿Qué es realmente el miedo? ¿A que le tenemos miedo?

Yo no se que hubiera pasado con mi vida si a los 17 años me dijeran que ya no podría volver a caminar. Yo no se si hubiera podido soportar los días, semanas y meses postrado en una cama. El año de terapias, operaciones, dudas y temor. Yo no se que pasó por la mente de mi hermano. No se que lo hizo convertirse en lo que es ahora. No se si estuvo deprimido. No se si lloró o tuvo miedo. No lo se porque yo nunca lo he visto deprimido ó asustado. Lo que si sé es que, al ponerme en sus zapatos, yo hubiera tenido pánico, hubiera gritado, maldecido e insultado al mundo y a todos por mi desgracia.

Mi vida se hubiera convertido en un gigantesco, tormentoso y oscuro símbolo de interrogación.

Pero ahora veo a mi hermano y veo a un hombre pleno que irradia paz. Veo un profesional totalmente independiente con dos carreras, una maestría y un hermoso matrimonio de más de 25 años. Veo a un hombre feliz. Un hombre en balance y sobre todo a un hombre agradecido con Dios. ¿Por qué? ¿Cómo?

Miguel utiliza el humor como una herramienta de vida. El no tiene prisa, el no se queja - el sólo vive y, como se imaginarán, su vida esta llena de historias.

Quiero contarles una que, según mi punto de vista, refleja su actitud ante los problemas y la vida.

Miguel vivió por unos años en los dormitorios de la Universidad de Houston. Tiempos en los que los teléfonos celulares no existían.

Un domingo había quedado con unos amigos en ver un partido de fútbol de la NFL en casa de uno de ellos.

“Ese día había amanecido nublado y estaba lloviendo – cuenta -. Mi auto estaba aparcado en un pequeño estacionamiento frente a la puerta de salida del sótano de los dormitorios. Es un lugar sin techo, abierto y apartado del estacionamiento principal. Llevaba conmigo un paquete de seis botellas de cerveza que para tomármelas con los amigos mientras veíamos el partido.

Como siempre inicié el proceso de pasarme de la silla al auto y guardar la silla en el asiento trasero. En el momento de transferirme de mi silla al asiento del auto, la silla se resbalo en el piso mojado y perdí el balance cayéndome en el pavimento entre la silla y el auto, mientras perplejo veía como en cámara lenta mi silla se alejaba rodando lentamente.

Pues ahí estaba, sentado en el suelo en medio del estacionamiento, sin poderme subir ni a mi silla ni al auto. Al ver que no podía hacer nada empecé a gritar por ayuda: HELP, HELP, HELP. Después de 15 minutos gritando me di cuenta que no había ni un alma por ahí, nadie me iba a escuchar, el estacionamiento estaba vacío, era domingo y además estaba lloviendo.

Sabiendo que ya no llegaría al partido y suponiendo que tarde o temprano alguien pasaría por ahí decidí hacer un esfuerzo y alcanzar el cojín de mi silla y sentarme sobre el recostado en el auto, - para que incomodarse demasiado, ¿no? – y abrirme una cervecita ya que el paquete había caído cerca de mí y no podía permitir que se calentaran.

Como una hora y media después pude ver un paraguas moverse por donde estaba y comencé a llamar de nuevo. Un “buen samaritano” me encontró tirado en el piso del estacionamiento empapado, con unas “copitas de más”, muerto de risa y rodeado de seis botellas vacías de cerveza. Me perdí el partido pero nadie me quito la fiesta”.

¿Cuántas veces maldecimos, insultamos o nos quejamos cuando no tenemos lo que queremos al minuto?

No puedo evitarlo, cada vez que me pasa algo, me enfermo ó se me cae un negocio y sale de mi boca una queja. Inmediatamente me acuerdo de mi hermano y me muerdo los labios.

El ha sido para mí un gran ejemplo de perseverancia y de coraje. El me ha enseñado, tal vez sin quererlo, de cerca y mejor que cualquier libro de auto ayuda ó curso de motivación, que cada uno de nosotros somos responsables de cómo vivimos nuestra vida independientemente de lo que la vida nos ponga enfrente.

"No existen circunstancias externas, sólo actitudes ante las circunstancias".

El me enseñado que si tienes un plan y te mueves puedes llegar a construir imposibles. El me ha enseñado que una actitud correcta es imprescindible para ser feliz y que el reírnos de nosotros mismos y de nuestros problemas es probablemente la más útil de las terapias para combatir el dolor, la frustración, el rechazo y las dificultades.

Actualmente trato de utilizar lo aprendido y es por eso que cada vez que pienso en él y en sus historias no puedo evitar dibujar una sonrisa en mi cara para después reírme a carcajadas de la vida y mis problemas sin importarme realmente cuantas veces me caiga ó cuantas veces me frustre porque me cierren la puerta en la nariz ya sea en los negocios ó en la vida. ¿Qué más da? Mientras siga tocando alguien abrirá. ¿No crees? Qué nadie nos quite la fiesta, que nada nos impida disfrutar de este regalo que se llama vida.

Sólo me queda decir:

Gracias Miguel.



 



 



Etiquetas:   Valores   ·   Vida

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