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Estábamos tratando de encontrar el fondo, la raíz del problema de México –claro, más de dos mexicanos juntos siempre buscan la causa
de todos los males− cuando las
voces fueron culpando al gobierno, a la sociedad civil, a los trabajadores, a
los sindicatos, a los patrones, a cada uno de los grupos organizados de la
sociedad y por último, no faltó el que culpara al destino. Ahí, entre todas
voces, fuimos encontrando que si el niño está de cerillo en la tienda enorme,
es porque su padre no tiene un buen empleo. Que sí el maestro no puede con lo
que se le encarga, es porque no existe control en lo que el patrón pide. Que el
político roba para garantizar su futuro. Y así, hasta que empezamos a hablar
del tema que con usted he comentado y que más me apasiona: la seguridad social.
¿Cuánto vale la seguridad social? ¿Cuál
es el precio justo que se debe pagar por ella? ¿Por qué el patrón no quiere
cumplir y por qué el empleado la busca con denuedo? ¿Qué es y para qué sirve la
seguridad social? Fueron algunas de las preguntas en la mesa. Y empecé a
contestarlas, tal como lo he platicado con usted.
Son cosas muy distintas el valor y el
precio de la seguridad social. Para el obrero que pierde íntegra su capacidad
de ganancia, para el padre de familia que muere y deja una esposa e hijos,
saber que tiene como respaldo a una institución que lo va a proteger, es una
seguridad personal que no tiene precio, así sea que la pensión resulte raquítica
o que los servicios no sean tan buenos como uno quisiera. Esos ya son problemas
nimios que se pueden resolver.
Lo cierto es que tener la seguridad de
que la familia estará protegida por una institución, le brinda al empleado la
tranquilidad de poder hacer la vida y de buscar cómo hacer más.
Lo malo es que todo cuesta y esa
seguridad, esa protección no habían de ser la excepción. Un empleado que
ingresa a laborar y cotiza, digamos, veinte años, de pronto pierde su capacidad
de ganancia, que es el bien jurídico a tutelar y entonces, requiere el seguro
que está contratado para resarcir esa pérdida: el seguro social o más bien, la
seguridad social en alguno de sus exponentes.
Y claro, como en todo juego económico,
quien más paga más recibe. Y así, si el empleado estuvo inscrito con altos
salarios, su pensión será con esa largueza. Por el contrario, si el patrón lo
inscribió con el mínimo, la pensión será en proporción, es decir, respetando el
porcentaje que del salario le corresponde y cuando apenas es el mínimo, queda
muy lejos de representar un salario decente, como pide la Organización
Internacional del Trabajo, mejor conocida como O.I.T.
Pero no solo el obrero que está en la
escala más baja de los salarios es el que recibe la peor pensión. Eso también
le sucede al obrero que, habiendo percibido un buen salario, mucho más allá del
salario mínimo, labora para un patrón que no quiso pagar más de seguro social y
por lo tanto, lo inscribe con el mínimo, a sabiendas que el día que quede
incapacitado por riesgo profesional o que alcance el derecho a una pensión, lo
hará con una ínfima parte de lo que debería corresponderle. Es un descarado
fraude a la seguridad social pero en México, el seguro social, las autoridades
del trabajo, los patrones y los sindicatos, lo conocen a la perfección y lo
admiten sin reticencia.
Por otra parte, si usted es un patrón,
que tiene a tres, cinco o más trabajadores y trata de ser honesto y cumplir como
debe de ser, va a reportarle al seguro social los salarios reales de sus
trabajadores. Ahí van a aparecer varios problemas: 1.- No son deducibles de
impuestos, especialmente I.V.A.; 2.- Se ubica en una tasa muy alta; 3.- El
costo por trabajador es altísimo.
Soluciones: buscar una outsourcing que
absorba el costo de los empleados, −claro, ese
ente los inscribe sin piedad en el tabulador más bajo− o pagar seguridad social al menor costo y por
tanto, a precios no reales.
El
problema que ha quedado resuelto desde el punto de vista económico, sin embargo
tiene aún varios problemas. Legalmente cualquier abogado puede acreditar el
salario real y entonces, habrá problemas para el patrón. Ahí está una falla. El
empleado que se sabe dependiente de una outsourcing sabe que lo están
explotando y no le es leal ni a la cosa esa ni a la empresa en la que presta
sus servicios. Empero, la Corte ya ha resuelto el sentido de que el patrón que
recibe los servicios del obrero será el que pague las responsabilidades, no el
que lo tiene contratado. Eso al parecer no lo han visto ni algunos patrones ni
muchos contadores y abogados que siguen recomendando contratar outsourcing. Por
mí, desde el punto de vista que me representan clientes a los que les ganamos
siempre, está bien, pero en plano general, desde la óptica del México que
buscamos, eso está mal.
Pero
además, desde el punto de vista ético, moral, de valores, que no forzosamente
han de ser religiosos, pero que en todo caso estos aplican a la perfección,
siguiendo al Papa León XIII con su encíclica Rerum Novarum, la situación en
México está mal. En efecto, buscar la forma de pagar poco o de no pagar la
seguridad social es ajeno a un recto proceder y por lo tanto, contrario a la
moral, a la decencia, a las buenas costumbres, a la ética y a los valores.
Pero
es demasiado caro lo que se paga al Instituto Mexicano del Seguro Social y muy
poco lo que de él se recibe, en términos absolutos. Entonces, ¿qué se debe
hacer? ¿Cómo podemos bajar el costo de la seguridad social de tal manera que
sea accesible pero que brinde la real protección que se busca?
Esa
es nuestra propuesta. Esa es la opción que desde hace tiempo venimos haciendo
valer y que ahora está en sus manos.
La
seguridad social es tan importante y de tan gran valor para la sociedad toda,
que descansar su costo en solo un sector, por importante que sea éste, es un
error. Y así ha sido desde siempre: la seguridad social la cubre el sector
productivo: empleadores y empleados, amén del gobierno, pero cubre a un muy
amplio sector de la sociedad.
En
números, tenemos que el más reciente reporte del IMSS indica que ya son 18
millones de asegurados y que cubre a casi sesenta millones de mexicanos. Paga
la tercera parte de los que reciben beneficios. Así, nunca le va a alcanzar al
IMSS.
Pero
además, tenemos que somos casi 120 millones de mexicanos, es decir, de alguna
manera la mitad no está protegida con el seguro que representa la seguridad
social. Ese es otro de nuestros grandes problemas.
La
propuesta que presentamos es que cada mexicano sea titular por sí y ante sí de
su propio sistema de seguridad social, que existan una cuenta por cada persona,
de manera que todos y cada uno seamos beneficiarios de la seguridad social, es
decir, del derecho a servicio médico y pensión, por el solo hecho de ser
mexicanos. Para ello, el gobierno será responsable de entregar a cada uno una
tarjeta “Cliente Frecuente” que cuando se realice una operación de compra, que
esté gravada con I.V.A., el equivalente a tres puntos del I.V.A. sea para el
titular de la tarjeta y lo demás, para el gobierno. Así, tendremos 120 millones
de inspectores fiscales revisando que las operaciones queden registradas y
también, que van a buscar siempre las empresas que ofrezcan la seguridad y la
garantía de estar dados de alta ante la Secretaría de Hacienda.
Por
cada punto de I.V.A. que se obtenga en favor de las personas, serán
aproximadamente cien mil millones de pesos que estarán en favor de brindar
seguridad social. Es dinero suficiente para otorgar las pensiones que faltan y
más aún, para garantizar las de aquellos que ya tienen los requisitos pero
carecen de fondos.
Lo
invito a que analice la propuesta de seguridad social que pongo en sus manos y
si le es posible, a que la comparta. Algún día llegará a quien tenga la voz
suficiente para hacerla valer en nuestro México y entonces, podremos cambiar el
derrotero que se ve en lontananza.
Me gustaría conocer su opinión.
Vale la pena.
José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante jmgomezporchini@gmail.com/ http://mexicodebesaliradelante.blogspot.com