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Hacia un programa Pasciano


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27/09/2014


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En la comedia “La rana”  Esquilo y Euripides se enfrentan por demostrar quién es el mejor poeta del inframundo, el único digno de sentarse a la mesa de Hades, más allá de la sátira y del ingenio que caracteriza a Aristofenes, el enfrentamiento por demás es simbólico pues confronta dos voces que todavía se contraponen en nuestros tiempos.


Esquilo pregunta:

-¿Qué es lo que se admira de un poeta?

Euripides contesta:

-Los sabios consejos que hacen mejor a los ciudadanos.

Pero Esquilo reacciona ante la respuesta porque ¿Que bien pudo hacer un poeta que derrumbo la grandeza  y la ética de los dioses, cuestionando y criticando los valores fundamentales de la cultura helénica?

La pregunta es tan contemporánea como la tragedia misma ¿Qué bien pudo hacer un poeta que derrumbo la impostura, lo mismo del nacionalismo oficial que al infantilismo revolucionario de la izquierda, cuestionando y criticando la estructura jerárquica, la fe ciega en el progreso y la ausencia de valores democrático en México?

Al igual que Euripides, Octavio Paz busco  aconsejar con su poesía a la sociedad mexicana, creyó en la crítica como uno de los valores irrenunciables de la modernidad pues solo su ejercicio lograría una sociedad más democrática, más firme, más auténtica, sin embrago estaba consiente que la crítica dejaba vulnerable todos aquellos valores en los que la sociedad cree  firmemente y que cimienta nuestro mundo, pues en la modernidad todos lo sólido se desvanecen en el aire.

La respuesta de Paz no es el helenismo, sino la poesía, Paz reconoce la importancia de generar nuevos mitos, símbolos, narrativas que nos expliquen y nos den identidad, reconocerlos sí como productos de la imaginación colectiva pero también como condición previa a la existencia de toda sociedad, de todo reencuentro con el otro.

¿Pero en qué se diferencia la mítica de Paz con la del prototipo de Esquilo? El Esquilo de Aristofenes creía que un buen poeta debía cultivar el vicio y no sacarlo a la luz ni ponerlo en escena, tal como la izquierda mexicana ocultaba los crímenes del socialismo real para no hacerle el juego a la derecha.

Paz como Euripides buscan problematizar la realidad no ideologizarla, ambos se internan en el carácter de sus personajes, buscan desentrañar el significado de sus actos e inscripciones a partir de la complejidad de su psicología, es cierto viven un tiempo psíquico donde es imposible no observar la tragedia e ironía de los hechos que se repiten, pero a diferencia de Esquilo y de los ideólogos del progreso, Paz y Euripides han dejado de creer en la inevitabilidad del destinos, en la racionalidad objetiva de la historia, en el arco y la lira, nuestro Premio Nobel habla de Euripides, afirma que es el primero de los poetas griegos que se atreve abiertamente a cuestionar la justicia de los dioses, a preguntarse de la santidad y legalidad comisca y al hacerlo abandona el campo del ser y se traslada a la crítica moral.

De la misma forma coincidamos o no con el pictorisismo de Paz, sus textos inauguran una nueva subjetividad para los mexicanos, no somos los mismos desde que Paz nos pronunció, aprendimos a edificar nuestros fantasmas, nuestros traumas y aunque la discursividad no ha sido suficiente como terapia puede ser la base de un verdadero programa de acción.

En varios de sus textos Paz es enfático en la necesidad de que México busque una forma particular de modernización acorde a su historia particular, una modernidad que no existe pero que habríamos de inventarla con todo nuestro ingenio a partir de lo que decía Paz, de las formas de vivir y morir, producir y gastar, trabajar y gozar que ha creado nuestro Premio Nobel, sus palabras son apremiantes a nuestros tiempos.

El discurso de la modernización como en épocas pasadas se ha vuelto dominante, reformas, innovación, crecimiento, progreso, transformación, movimiento sin embargo pocos se preguntan ¿Modernización hacia dónde? ¿Modernización para quién?

Es cierto que aún existen grandes carencias en nuestro país y problemas que se agravan, inseguridad, desempleo, desigualdad, injusticias, discriminación pero al atender lo urgente no podemos desatender lo importante, sin duda México requiere un mayor crecimiento económico pero ¿a que costos y a beneficio de quiénes?

Octavio Paz concebía la necesidad de que el desarrollo estuviera anclado al mejoramiento social de la mayoría, sobre todo de los trabajadores, como bien analiza en corriente alterna la democratización sindical es la llave para el mejoramiento salarial de los trabajadores y a su vez asegura una demanda efectiva para reactivar el consumo y la economía nacional, ideario que Paz busco materializar como fundador del Partido Mexicano de los Trabajadores junto a Heberto Castillo, junto a Carlos Fuentes, junto a Luis Villoro.

La ruta tomada  ha sido distinta, se apuesta a que la depreciación de los salarios harán más competitivos los productos mexicanos al reducir los costos de producción, en lugar de una mano de obra calificada cuyo capital humano y tecnológico dicte mayor valor agregado a nuestras exportaciones.

La crítica a la modernidad de Paz se centra también en la forma en que el crecimiento económico se ha convertido en un fin por sí mismo, no importa si el trabajo dignifica o no al trabajador, si enajena su  creatividad, si las horas de una jornada laboral nulifican el derecho al ocio, lo importante es generar más empleos y facilitar la contratación.

Estos temas urgentes, que ya han sido asumidos por la corriente social democracia europea y pocas veces  discutidos por nuestros legisladores deberán ser la base de una nueva reforma laboral donde también se de paso a una democracia sindical, basada en la transparencia y rendición de cuentas obligatoria  no opcional como es hasta ahora y la garantía de elecciones libres y equitativas en la representación sindical.

La influencia que el budismo ejerció en Paz, fue decisiva para que el poeta tomara conciencia sobre la manera en que hemos subjetivado completamente a la naturaleza sin advertir que al hacerlo también convertíamos al hombre al servicio de las fuerzas de producción, pues una sociedad poseída por el frenesí de producir más para consumir más tiende a convertir las ideas, los sentimientos, el arte, el amor, la amistad y las personas mismas en objetos de consumo, frente al avance depreratorio de nuestro medio ambiente y agotamiento de nuestros recursos naturales la idea de un progreso ilimitado y abierto hacía el infinito es obsoleta.





Etiquetas:   Ciudadanía   ·   Comunicación   ·   Periodismo   ·   Cultura   ·   Sociedad Civil

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